Iban Zaldúa: “No hemos podido consensuar un relato en torno al conflicto vasco y no creo que sea esta generación quien lo consiga”

Hits: 694

Iban Zaldúa reúne sus cuentos en torno al conflico vasco en Como si todo hubiera pasado (Galaxia Gutenberg)

 

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

Nacido en San Sebastián en 1966, Iban Zaldúa es uno de los autores de peso en euskera. Profesor de Historia y narrador, el cuento es el género en el que Zaldúa no solo se siente más cómodo y a través del cual ha ido narrando, a lo largo de más de dos décadas el conflicto vasco. Empezó a escribir sobre “La cosa” -con esta palabra se referían sus amigos y él al conflicto- cuando abandonó la militancia. Con sus relatos, muchos de ellos reunidos en Como si todo hubiera pasado (Galaxia Gutenberg), Zaldúa no busca construir un relato único, sin fisuras y globalizante, sino rastrear las distintas expresiones y manifestaciones del conflicto, dar voz a los distintos protagonistas y describir, desde una mirada atenta a la cotidianidad, los diferentes relatos que lo construyen.

Podríamos decir que el título, Como si todo hubiera pasado, tiene una doble lectura: alude, por un lado, al carácter ficcional de los relatos y, por el otro, a la no conclusión del conflicto o, por lo menos, a la perduración de su memoria.

Sí, tiene es doble sentido que comentas. Por una parte, tiene que ver con la ficción y con la presencia de la ciencia ficción en algunos relatos. Por otra parte, como tú dices, el conflicto no ha terminado realmente, así que no ha pasado del todo. Asimismo, el título alude críticamente a ese deseo de pasar rápidamente de página, a ese olvido interesado, esos olvidos interesados, que a mí me preocupan mucho. Para el libro, quería un título que unificara todos los relatos y esto no es fácil; si optas por el título de uno de los relatos, lo que haces es dejar a los otros huérfanos. Así que llegué a una especie de compromiso, partiendo del título de uno de los relatos, Como si nada hubiera pasado, que refleja en gran medida mi opinión acerca de cómo estamos leyendo hoy el conflicto, pero modificándolo para que consiga abarcar a todos los otros textos.

En este volumen de relatos recorremos tu obra narrativa, pero también casi dos décadas de conflicto.

Sí, a través de los relatos se recorren los último 20 o 25 años del conflicto. Los primeros son de finales de los 90 y hay algunos de ellos echan la mirada mucho más atrás, buscan una mirada panhistórica, si es que es posible definirla así. Además, a la hora de ordenar los relatos, lo que he hecho es superponer las capas cronológicas, porque me interesaba observar el desarrollo de mi escritura y cómo ha ido cambiando a lo largo de los años mi manera de ver el conflicto. En este sentido, Como si todo hubiera pasado es un libro de cuentos y no una mera compilación, en el sentido de que hay una unidad.

De hecho, en la introducción, Edurne Portela recomienda respetar el orden.

Sí, Edurne hace una propuesta de lectura y me parece bien. Como autor, he sugerido un determinado orden conscientemente, pero en los libros de cuentos, mucho más que en las novelas, la soberanía del lector es sagrada. Y si el lector quiere leer a saltos o en otro orden, no pasa nada, no creo que la lectura sufra.

Una cosa que muestras a través de tus relatos, algunos con elementos fantásticos, es que no hay un único código del conflicto vasco.

No hay un único código para hablar de nada. Cuando se socializa el relato de un conflicto y una postura se convierte en la mayoritaria en la sociedad, entonces sí podemos hablar de un único relato más o menos monolítico, un relato que se impone y anula los relatos. Sin embargo, la literatura, que no creo que sea el campo de batalla donde se deba disputar la hegemonía de un relato, debe ser el espacio de la diversidad, del matiz y de el de los diferentes puntos de vista. En este sentido, el libro de cuentos puede ser una buena atalaya desde donde plantear determinados interrogantes, una atalaya mucho mejor de lo que puede ser la novela, que suele ser mucho más totalizadora y totalitaria. El hecho de que todos estos relatos no hayan sido escritos de una tacada, sino a lo largo de muchos años hace que el libro de mucho más juego y, sobre todo, muestra la gran diversidad de posturas que definían el conflicto.

A través de una multiplicad de personajes y de voces narrativas, podemos decir que das voz a todos los protagonistas del conflicto.

Bueno, no sé si he tocado todos los palos. No he intentado dar una visión total del asunto, porque era algo imposible. El libro es una visión a posteriori de todo lo que ha sucedido. Sin embargo, lo que comentas es en parte cierto y lo es por una mera cuestión de acumulación. Solo ahora, echando la vista atrás, veo que hay una serie de relatos que configuran un cuadro lo suficientemente amplio para retratar lo que nos ha pasado en Euskadi en los últimos veinte años.

Detrás de los relatos, no hay una voluntad comprender, pero sí entender

No hay, efectivamente, una voluntad de justificación. Lo que hay es el deseo -y la literatura permite cumplirlo- de llegar a un cierto grado de entendimiento y de empatía. La literatura te permite ponerte en el lugar que puede ocupar el otro. En los relatos de los conflictos, al menos en mi opinión, deben aparecer las víctimas, pero también los verdugos, sean del lado que sea. En este sentido, volviendo a lo que comentaba antes, sí que hay una voluntad de abarcar lo más posible, pero desde la conciencia que siempre quedan puntos ciegos.

En la presentación de tu libro en Barcelona, diste a los asistentes un texto titulado: Siete motivos sobre por qué escribir sobre el conflicto vasco. Sin entrar en detalle en cada uno de los motivos, ¿por qué escribir sobre “la cosa”?

Cuando empecé a escribir siendo adolescente, no se me pasaba por la cabeza que el conflicto vasco fuera un tema literario. ¿El motivo? Quizás porque estábamos en medio del conflicto. Por entonces, yo militaba y el conflicto era un tema cotidiano, del que se hablaba mucho. Luego, cuando se cronificó, se dejó de hablar, pero en los ochenta, a pesar de que fueron años muy duros y de que desayunábamos cada mañana con un coche bomba o con una noticia sobre un asesinato o sobre torturas, se creía que el conflicto no duraría demasiado, que se terminaría, pues, tarde o temprano, habría una negociación. En aquella época, para mí, que estaba tan implicado políticamente y, como te decía, militaba, la literatura era una forma de huida de todo aquello. Quería escribir sobre temas muy distintos y construir tramas en países muy distintos a mi realidad. Me empecé a plantear que era necesario escribir sobre el tema cuando me alejé de la militancia, que, al menos para mí, afecta a la hora de escribir. Puede que a los grandes escritores no, pero a los normales, el hecho de militar puede afectar al producto literario.

¿Puede dar lugar a un texto panfletario?

Sí, exacto. A mí me da miedo. No digo que no se pueda hacer buena literatura panfletaria, pero para hacerla hay que ser muy bueno y la mayoría de escritores no jugamos en esa liga. Por otra parte, empecé a escribir sobre el tema cuando empecé al ver que el conflicto no tenía una resolución temprana, al ver que no termina. El haber dejado la militancia y el ser consciente de que el conflicto tenía una duración mucho mayor de lo que podría haber esperado a finales de los ochenta, me hizo cambiar el punto de vista que había podido tener siendo más joven. Y, por último, creo que empecé a escribir sobre el tema y creo que se debe escribir sobre ello, porque, como escritor vasco, no te queda más remedio, porque es algo que afecta a tu vida y a la de los que te rodean. Pese a quien pese, caiga quien caiga, un escritor vasco tiene que escribir sobre el conflicto. No hay más.

Falsa y erróneamente, con la publicación de Patria, se ha fomentado la idea de que la literatura acerca del conflicto vasco era mínima.

Sí, totalmente. Sí, ha fomentado que la literatura acerca del conflicto, pero no solo en vasco, sino también en castellano, era marginal. Por lo que se refiere a la literatura en vasca, la asunción de esta idea se explica, en parte, por una cuestión lingüística: el euskera no es como el catalán o el gallego, dos lenguas a las que un lector castellano puede acceder con cierta facilidad. Para acceder a una obra en euskera, el lector castellano tiene que esperar sí o sí a la traducción. Por otra parte, muchas de las traducciones, dejando de lado a Atxaga, aparecieron en editoriales muy pequeñas del País Vascos. Los autores que han tenido más repercusión a nivel español escribiendo en Euskera como son Unai Elorriaga y Kirmen Uribe, que, cuando ganaron el Premio Nacional de narrativa, no habían tratado el tema del conflicto vasco en sus novelas. Ahora la cosa ha cambiado, pero todos estos factores ha favorecido que se diera la impresión, sobre todo fuera del País Vasco, que no se había escrito hasta ahora sobre el conflicto, cuando no es en absoluto así. A todo esto, creo que también es importante señalar otro factor: el relato escrito por los autores en euskera se aleja del relato oficial, que ha sido el más asumido. Su relato literario no coincide con el relato oficial y esto ha provocado que la recepción de estas obras no haya sido ni tan amplia ni tan benévola.

En cuanto a la no coincidencia entre los relatos, el relato oficial sigue manteniendo fuera las torturas policiales, sobre las que tú sí que has escrito.

Sí, sin duda. Y la cosa no ha cambiado mucho. ¿Qué está pasando con las leyes que están aprobando los Parlamentos Vasco y Navarro sobre los abusos policiales? Pues que están siendo revocadas sistemáticamente por el sistema judicial español y están siendo contestadas por manifestaciones organizadas por los distintos cuerpos policiales. Sin embargo, según el estudio realizado por el Gobierno Vasco en las tres provincias de la Comunidad Autónoma Vasca, se puede hablar de unos 4100 casos de tortura. No podemos hablar de algo marginal, de algo que haya ocurrido solo de manera anecdótica, porque no fue así. Teniendo obviamente muy claro que ha sido ETA quien ha puesto más muertos encima de la mesa y quién ha hecho que el conflicto durara tantas décadas, a la hora de afrontar lo que ha sido el conflicto vasco, no podemos obviar los abusos policiales. Es necesario hablar de todo, sin situar, claro está, ambas partes en el mismo nivel.

Una violencia no justifica la otra.

Exacto. Y no la justifica, sobre todo, si quieres ser un estado de derecho como dios manda.

En este sentido, ¿la literatura puede servir para concienciar, para dar a conocer lo que queda en los márgenes del relato oficial?

No lo tengo siempre tan claro. Tengo días. Eso sí, lo que puedo decir es que me parece bien que la literatura tenga una función siempre y cuando ese impulso utilitario no se imponga al compromiso literario. Como te decía antes, creo que la intencionalidad política a la hora de abordar una obra, sea del género que sea, puede contaminar el texto literario, puede marcarlo negativamente. Creo que el compromiso cívico y el compromiso político del escritor debe expresarse de otra manera que no sea exclusivamente a través de una literatura con una clara intencionalidad, debe expresarse por otros canales: las manifestaciones a las que acudes, las asociaciones de las que formas parte, los manifiestos que firmas, el trabajo que haces en la calle… En la literatura se va a reflejar este compromiso, porque eres tú quien escribes, pero hay que aspirar a otro tipo de matizaciones, hay que ir más allá del utilitarismo social o político. 

En el relato "Transición" un padre se enfrenta al problema de cómo explicar...

Sí, porque el cómo explicar es uno de los problemas que tenemos actualmente. Tenemos un pasado que nos resulta tan incómodo que lo más fácil es no explicarlo demasiado. Hace algunos días, me comentaba un amigo que su hija de quince años le hacía preguntas sobre el conflicto y tanto él como yo nos dimos cuenta de que hemos pasado de una época, los años ochenta, en los que se hablaba mucho de política y de lo que estaba pasando a otra época, que ha durado más de una década, durante la cual hemos evitado hablar de política en las casas. Este amigo me comentaba que quiere explicarle cómo fueron las cosas a su hija que, teniendo solo quince años, ha crecido en un País Vasco en el que ETA, de facto, ha dejado de existir y, por tanto, el conflicto que se vivió durante décadas a ella le queda tan lejano como la segunda guerra carlista. Todavía no hemos podido consensuar un relato en torno al conflicto vasco y no creo que sea esta generación quien lo consiga. Puede que nuestros nietos, como lo están haciendo ahora los nietos de quienes vivieron la Guerra Civil, sean los que comiencen a pedir cuentas sobre el asunto. Por esto creo que es importante escribir ahora y reivindicar todo aquello que se ha escrito hasta ahora.

En ese relato, además, se planeta la dificultad de explicar qué fue la Transición, cuyo relato, hoy más que nunca, está por consensuar.

Sí y, además, de una manera algo desafortunada, algunas de las cosas que pasaron en el País Vasco fueron las primeras en cuestionar la Transición y cómo se hizo. Si la Transición es consenso, precisamente donde no había consenso era en torno al conflicto vasco. Es un tema que me interesa mucho, no tanto como historiador, sino como persona que lo ha vivido. Como profesor, eso sí, me encuentro con dificultad a la hora de explicarles a los alumnos qué fue y qué significó la Transición, porque ellos lo ven algo tan lejano como la civilización de Mesopotamia.

Patria fue de definida como la novela del fin de ETA.

Si, pero lo que es la tensión y el conflicto en torno a lo que es la identidad vasca y al lugar del País Vasco en España y en el mundo no se ha terminado. Se ha acabado, por fortuna, la parte más violenta del conflicto, pero el conflicto sigue. Por otra parte, actualmente vivimos el conflicto del relato, nos enfrentamos a cómo manejar los distintos conflictos que concurren en la competencia. Yo reconozco la ambición de Patria, es un novelón que intenta hacer un relato muy definitivo, muy totalizante, del conflicto. Lo que sucede es que a mí, literariamente hablando, no me convence; me parece que es un tipo de literatura que está muy dirigida a gente que no lee. Además, es una literatura que apuntala el relato oficial. A mí la literatura que me interesa es la que me mueve de mi sitio, no la que me confirma todas mis creencias. Es cierto que Patria tiene algunos elementos que pueden moverte de tu lugar de acomodo, pero, en líneas generales, apuntala un cierto tipo de relato oficial.

No por nada fue definida por algunos como la novela definitiva sobre el conflicto vasco.

Lo peligroso de esta definición es que, como comentábamos antes, lleva a olvidar todo aquello que se ha escrito precedentemente y, además, propone un cierre a nivel literario. Algunos podrían llegar a decir que, como tenemos la novela Patria, ya no necesitamos ninguna otra aproximación literaria al tema. Y este cierre no solo es peligroso a nivel literario, es decir, no solo es nocivo porque se da a entender que ya no se puede escribir nada más, sino también a nivel histórico, en cuanto el relato de Patria puede llegar a sustituir el relato social o cívico en torno al conflicto. No me parece que una obra de ficción tenga que cumplir esta función, no creo que una novela tenga que definir el relato compartido de los hechos. Si algunos sectores dan a esta novela este valor de “relato definitivo” lo hacen porque saben que, a nivel social, no hay un consenso y, de esta manera, convierten la literatura en el campo de batalla de la legitimación del relato. Para mí, la literatura siempre tiene que ser el espacio de la diversidad, no la del relato único.

El problema es cuando, además, se construye un relato a partir de un desiderátum y no a partir de la realidad de los hechos: se busca una clausura cuando lo ha hay,

Efectivamente, porque el conflicto no se ha resuelto. En este sentido, Vargas Llosa tachó el final de Patria de tramposo. Pero vuelvo a lo de antes: no es bueno que la intencionalidad política prime sobre el valor de la obra. El cómic He visto ballenas de Javier de Isusi, por ponerte otro ejemplo además de Patria, es un libro interesante que habla del conflicto vasco desde diferentes perspectivas, pero su impulso utilitario, ese deseo de ser útil para la reconciliación hace que el texto termine por dejarme bastante frío. Me quito el sombrero frente al discurso político que contiene, pero es contraproducente literariamente hablando. Por el contrario, Las oscuras manos del olvido, que recibió grandes aplausos por la Asociación de víctima de Covite, con la que no me identifico para nada y de la que estoy muy lejos a nivel ideológico, es un texto que funciona bien a nivel literario. Aunque no esté de acuerdo con su opción ideológica, me parece que literariamente es mejor que He visto ballenas, cómic con el que me siento más identificado, pero en el que veo una falta de mordiente literario.

Hay una nueva generación de novelistas, entre los que podemos destacar Uxue Apaolaza y Aixa de la Cruz, que se están narrando desde la ficción el conflicto vasco.

Creo que los que somos mayores vamos a aprender mucho de estos nuevos narradores. Como ha dicho en alguna ocasión Edurne Portela, este momento es muy interesante a nivel literario, porque estamos escribiendo al mismo tiempo los que vieron el surgimiento de ETA -la generación de Atxaga-, los que hemos convivido con ETA desde que nacimos y los que han vivido la decadencia de ETA o su final. Hay que leer a estos jóvenes escritores, porque con sus obras van a dar una visión nueva del tema. En este sentido, creo que hay que leer a tus contemporáneos y a los más jóvenes que tú; puede que te gusten más unas cosas que otras, pero creo que en esta literatura hay un aporte y pueden salir cosas buenas…. Y también cosas malas, pero lo que no hay que hacer es dar el tema por cerrado y leer solamente a los autores de nuestra edad.