Antonio Soler: Un día para olvidar que nunca olvidaremos

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“Sur” nos sitúa en una Málaga que podría ser cualquier ciudad y un ramillete de personajes que tal vez esta mañana nos cruzamos en la puerta de casa o en el bar. Soler tiene la mano caliente.

 

 

 

Texto: JOSÉ MANUEL GÓMEZ

 

Antonio Soler es una persona tranquila, humilde. Nada llama la atención en su atuendo ni en sus maneras. Viste de forma discreta, habla sosegadamente, con un dulce acento andaluz. Sonríe a menudo. Y, sin embargo, cuando empieza a hablar de su obra se transforma: describe a sus personajes, el proceso creativo o los puntos de vista que ha adoptado con auténtica pasión. Se ha pasado casi dos años trabajando en su nueva novela, con su Málaga natal, una vez más, como protagonista. Y ahora ha llegado el momento de contarla y está dispuesto. Hablar con él es como tomar un café con un amigo. Entrar en su novela no es acercarse a un templo sagrado ni a un lugar de veneración. Dedicado a cultivar amistades, Antonio Soler parece que busca en los lectores cómplices o amigos. Con su trayectoria, bien podría sentirse en un puesto de privilegio de las letras españolas, y no lo parece así. Parece, en lo más machadiano del término, un hombre "bueno". Amanece en Málaga un sofocante día de principios de agosto de 2016. Un músico callejero encuentra a un moribundo en un descampado y da aviso en una gasolinera cercana. Aparece la policía, los periodistas, la esposa del moribundo, que es doctora, sus amigos, los amigos de los amigos, los que se cruzan en el camino. Y así, desde que amanece hasta que anochece, el lector ve desfilar ante sus ojos un enjambre de más de cincuenta personajes y de historias que tienen algo de hipnótico porque sabemos de dónde vienen pero no del todo hacia dónde van. El resultado es una obra coral en la que los protagonistas viven extraviados, en muchos casos con una enorme carga de infelicidad.

Un solo día. Una sola ciudad. Y un autor que, medio en broma medio en veras, saca a pasear de nuevo al diablo cojuelo para ir levantando los techos de las casas y ver qué sucede dentro, qué pasa en la vida de sus vecinos, a los que observa plácidamente desde su balcón.

En un alarde que mezcla innumerables técnicas narrativas —en ocasiones parece un ejercicio de estilo— con una enorme galería de personajes y tramas argumentales entrecruzadas, Antonio Soler ha construido una obra maestra a medio camino entre el juego y la erudición literaria. La tensión narrativa, el manejo de los momentos climáticos, que suben a medida que el viento terral eleva la temperatura, y anticlimáticos, el trazo a veces esencial, a veces barroco, de los personajes nos acercan a una propuesta arriesgada y original, inserta en la tradición del Ulises, de Bajo el volcán, de Manhattan Transfer o de Berlin Alexanderplatz.

La mirada del autor es sorprendente. Finge ser un observador anónimo de la realidad, de las vidas que pasan por delante de sus ojos y, sin embargo, adora o aborrece a unos personajes u otros. El “dramatis personae” que incluye al final de la novela incorpora una somera descripción de cada personaje en muchos casos antológica. De Belita, mujer trastornada que entrega su dinero y sus joyas a un cura, dice “Fríe los huevos que ha de comer su marido con varias horas de antelación”. Y de Consuelo, también llamada la Giganta, a la que espía Ismael comenta: “Desde su casa, Ismael consigue a veces verle el sobaco mientras la Giganta tiende la ropa”. Y de Dioni afirma: “Homosexual inconfeso. Cuando estaba vivo su sonrisa tenía cierto aire de melancolía”. Podría parecer el punto de vista de un vecino anónimo. Y en realidad nos está mostrando una visión del mundo comprometida, muy poco costumbrista, muy poco convencional.

Sur ha sido merecedora por unanimidad del I Premio de Narrativa Alcobendas Juan Goytisolo con un jurado de campanillas integrado, entre otros, por Mercedes Monmany, Juan Cruz, Luis Mateo Díez y José María Pozuelo Yvancos.

La cita de Octavio Paz con la que se abre la obra concluye: "la ciudad, realidad inmensa y diaria que se resume en dos palabras: los otros". ¿Sur es una novela sobre “los otros” malagueños?

No, sería una reducción localista y costumbrista, algo que no me interesa en absoluto. La propia cita de Paz dice que no podemos salir de la ciudad “sin caer en otra idéntica aunque sea distinta”. De modo que los otros son un universo inmenso, inacabable. Un universo que comienza al otro lado de tu piel y se extiende hasta el otro extremo del planeta. La literatura es uno de los mejores puentes para conocer a los otros, o al menos para hacer un taladro en la pared y mirar cómo viven los demás, al otro lado.

La ciudad de Málaga, verdadera protagonista, aparece retratada con minuciosidad en sus calles, parques, descampados, ¿por qué no se menciona su nombre? ¿También forma parte de Málaga esa escapada a Madrid en el AVE de dos personajes?

No se nombra para incidir en lo que antes hablábamos, la equivalencia de tantas ciudades. En ese sentido puede parecer que en la novela hay un juego entre lo abstracto y lo concreto, una ciudad que no se nombra y unas calles determinadas. Los personajes viven en ese ámbito, todos vivimos así. Nadie se despierta por la mañana y se dice a sí mismo Vivo en Málaga, Vivo en Madrid o Vivo en Bratislava. Se despierta, se asoma a la ciudad, sale a ella y deambula por espacios que tienen nombres, un laberinto codificado. Un hormiguero. Las hormigas se orientan por medio de feromonas nosotros por nombres. El AVE a Madrid es un túnel que nos deposita en otra parte del hormiguero, en otra colonia, otra ciudad. O, si se quiere decir así, en medio de otros “otros”.

Las hormigas argentinas ocupan un lugar destacado como elemento simbólico. Una especie invasiva que está en constante movimiento…

Al margen de las influencias literarias que esta novela pueda tener, también hay otras como la de Edward O. Wilson, uno de los padres de la sociobiología. Un gran conocedor de las hormigas, y del ser humano. La sociobiología estudia los aspectos biológicos del comportamiento social en los seres humanos. Se dice que vivimos en la era de un individualismo exacerbado y puede ser verdad, pero lo cierto es que hasta las personas más individualistas viven dentro de ese gran organismo multicelular que es la sociedad. Viven y tocan su instrumento dentro de esta gran orquesta, desafinada, anárquica, pero orquesta. He querido reflejar eso en Sur. Individuos, solistas, que por mucho que crean lo contrario, se mueven por una esquina u otra del pentagrama común.

¿El título hace mención a un sur geográfico, simbólico, emocional?

Es un sur real. El otro lado de la luna del sur idílico y por tanto irreal. He querido decir, “Esto también es el sur”. Un mundo lleno de contrastes y de diferentes intensidades. Es verdad que el sur es una emoción, pero jamás puede ser una emoción plana, una postal con las figuras detenidas y retocadas.

Desde que empieza a amanecer hasta que anochece con más de cincuenta personajes entrecruzan sus vidas sin que la novela decaiga en ningún momento. ¿Cómo ha sido la fase de composición con la gran variedad de registros lingüísticos, de situaciones, de contextos?

Una gran variedad de instrumentos, sí, a eso me refería antes. El método seguido fue el de planear los ejes de la novela, las líneas maestras que iban a constituir los ocho o diez personajes principales y a partir de ahí entrar en la escritura, poner en marcha la maquinaria narrativa sabiendo que habría de estar atento siempre no solo a esos personajes centrales sino al resto de la orquesta, a personajes secundarios y terciarios a los que tendría que ir dando entrada y cuyas apariciones, además de ofrecer una visión poliédrica de la narración, servirían para dinamizarla. Las coordenadas que me impuse son: tiempo, espacio y lenguaje.

Da la impresión de que se ha divertido mucho escribiéndola.

Sí, me he divertido mucho escribiendo la novela. Iba contento al trabajo. Y sobre todo con algunos personajes. Otros he tenido que sacar recursos técnicos para ahormarme y entrar en mundos concretos. Por ejemplo, para entrar en la visión de Dioni, uno de los máximos protagonistas de la obra, he tenido que hacer un esfuerzo similar al que hacen los actores para captar su sensibilidad. Muchos otros personajes y anécdotas fueron surgiendo sobre la marcha, al escribir. Por ejemplo, Eduardo y Rai, los músicos callejeros, me parecieron una especie de Quijote y Sancho transitando la ciudad. O la Penca, que era un personaje imprevisto, pero enseguida vi su posibilidad dramática y su crecimiento. Normalmente antes de empezar a escribir una novela tengo muy claro y perfilado el guión, pero, claro, en esta novela perfilar mucho el guión era casi como escribirla porque si te pones… Empecé con muchos puntos en el aire. ¡También es verdad que llegó un momento en el que ya tenía ganas que se hiciera de noche!

Hay muchos personajes que darían para hacer una novela solo con ellos.

Es cierto, tenía material para varias novelas, pero creo que la riqueza fundamental de Sur se encuentra en la combinación de todos esos personajes. Sus historias se potencian al estar unas al lado de las otras, con sus diferentes registros expresivos, sus diferentes lenguajes y las distintas técnicas narrativas que he empleado para contar sus historias. Con unos me he sentido más cómodo que con otros —Eduardo, Guille o la Penca, por ejemplo—, pero como digo, sin la réplica narrativa de los otros esos personajes habrían perdido algo de carne, de vida.

¿Cuál es el punto de vista narrativo que ha adoptado?

Hay una combinación de puntos de vista considerable. El problema es que el lector no se diera cuenta de los saltos. En algunos casos está muy marcado, como cuando aparece el Diario del Atleta, pero en muchas ocasiones el narrador en tercera persona cobra el lenguaje del personaje y retoma el habla, el código y el punto de vista del personaje. Es cambiante en toda la novela, aunque hay una mayoría de narración, se va deslizando y el cambio es continuo.

Ulises, Luis Mateo Díez, que aparece en la nómina de personajes como él mismo, Ventajas de viajar en tren (de Antonio Orejudo), Manhattan Transfer… Todo un mundo de referencial.

Sí, en la novela hay muchas referencias literarias, unas más o menos encubiertas y otras muy evidentes como las que usted cita o, por ejemplo, Romanticismo, de Manuel Longares. En ese sentido, y en bastantes otros, Sur tiene mucho de juego. Ojalá, más allá de un recuerdo u homenaje, hubiera mucho de estos autores en la novela, la valentía de Joyce, el dominio y la plasticidad del lenguaje de Luis Mateo Díez y Longares o la agilidad de espadachín literario de Antonio Orejudo. Y sí, salvando las distancias, Sur se puede relacionar con Manhattan Transfer y con otras novelas como Berlín Alexanderplatz, La noria o La colmena, en cuanto a que aspira retratar la vida coral de una ciudad a través de una larga serie de personajes. Un levantamiento de tejados al estilo de El diablo cojuelo actualizado por medio de whatsapps, teléfonos móviles y publicidad.

En su novela, el sexo aparece a menudo como algo sórdido, a veces como un castigo, a veces como una expiación. Y los personajes femeninos a menudo están cosificados.

El deseo es un motor fundamental en esta novela, del mismo modo que lo es en la realidad. Un deseo que como en la realidad, infinidad de veces no es confesado. La clandestinidad lo convierte en algo secreto y en muchas ocasiones en algo oscuro. También la sexualidad está contemplada en la novela desde distintos ángulos, desde experiencias blancas, podríamos decir, hasta la pornografía. La visión que personajes como Ismael y su hermano Jorge, el Nene Olmedo y algunos otros tienen de la mujer es eminentemente machista, burda. Desafortunadamente la realidad está llena de individuos así. Yo los describo. Pero no todos los personajes masculinos de la novela tienen esa visión del mundo femenino ni todos los personajes femeninos están contemplados desde la óptica de ellos. La doctora Galán, personaje central de la novela, por ejemplo, no participa en absoluto de esa cosificación.

Tras la biografía del Noi del Sucre en la convulsa Barcelona de la década de 1920 (Apóstoles y asesinos, 2016), una novela de corte clásico, ¿cómo encaja Sur en su trayectoria narrativa?

Realmente, el elemento extraño sería Apóstoles y asesinos. Trabajar con personajes reales como en ese caso, ciñéndome estrictamente a una realidad histórica, fue para mí un hermoso desafío. Lo emprendí porque el Noi del Sucre y muchos de los personajes que lo rodeaban pertenecían a lo que podríamos llamar mi universo estético. Es un libro del que me siento muy satisfecho. La disciplina de atenerme a un guión previo, el de la Historia, no poder inventar pero sin abandonar mis armas de narrador, fue todo un reto, un aprendizaje técnico.

Uno de los personajes de Sur piensa: “Un día para olvidar que nunca olvidaremos”. ¿Podría ser un buen resumen de la novela?

Una novela de estas características es difícil de resumir, pero sí, desde luego ese posiblemente sería el mejor resumen. Y yo dejaría una puerta abierta: hoy ha sido así y maña será otro día.