Marta López Luaces: "Le guste o no a la extrema derecha, el inmigrante trae riqueza; es absurdo estar en contra de la inmigración"

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La escritora Marta López Luaces publica "El placer de matar a una madre" (Ediciones B), una novela que nos presenta a Isabel, una mujer que es internada de por vida en un hospotal psiquiático tras confesar un matricidio.

 

 

 

 

Texto: DAVID VALIENTE JIMÉNEZ

Foto: MERCEDES ROFFÉ

 

¿De dónde nace ese interés por los manicomios?

Durante una clase que impartía surgió la discusión de cómo se controla a la sociedad en una dictadura. Los medios coercitivos como el ejército y la policía presionaban a la población, pero, ¿cómo es posible que en 30 años de dictadura nadie se sublevara? Dos alumnas mías, una de origen chileno y otra de origen chino, comentaron que en sus respectivos países los manicomios eran utilizados para librarse de las personas molestas. Luego me encontré un libro del gran periodista Ángel Lara, Mi viaje alrededor de la locura, que es una recopilación de artículos que él hizo sobre los manicomios entre los años 1973 y 1975. En el libro describe el espanto de los hospitales psiquiátricos. Muchos de los edificios no eran ni hospitales, sino mansiones abandonadas. A partir de esta lectura comienzo a investigar otras fuentes, y me encontré con un gran psiquiatra español, Enrique González Duro, que realizó mucha investigación sobre la psiquiatría, especialmente sobre las relaciones que ésta tenía con el Régimen de Franco y la Iglesia.

¿Puede hablarnos de algún caso real que le haya impactado?

Hay un caso con el que se me rompió el corazón. Es el de una niña con Síndrome de Down, de unos 12 ó 13 años. En su pueblo, los muchachos la acosaban sexualmente. Se pidió ayuda al alcalde, quien quiso ayudarla, pero no podía controlar a los muchachos y las leyes de entonces no protegían a la niña, por lo tanto se optó por meterla en un hospital psiquiátrico. En la novela intento mostrar como todas aquellas personas que molestaban o directamente no se sabía qué hacer con ellas eran internadas en manicomios.

¿Cree usted que los manicomios son el reflejo de la decadencia de España?

Durante el franquismo eran el reflejo de una sociedad con grandes limitaciones de libertad y de recursos. Es cierto que muchas personas eran molestas, pero con otras no se tenían los suficientes medios, pues se desconocía que hacer con ellas, así que simplemente se les aislaba de la sociedad.

Y ahora, ¿la situación ha cambiado?

Muchísimo. En una democracia hay mayor empatía hacia el otro. Hoy tenemos mucha empatía hacia las personas discapacitadas, sentimos que tenemos que poner los recursos para desarrollar su potencial y su talento, incluso participan de forma activa en la sociedad. Esto tiene mucho que ver con mis intereses: no me preocupan tanto las grandes libertades, sino las libertades cotidianas, que se ven enormemente limitadas bajo una dictadura. En una dictadura los discapacitados son molestos.

En su novela describe cómo se torturaba a las internas: duchas de agua fría con mangueras, aislamientos en cuchitriles oscuros, angostos y plagados de ratas y cucarachas, ¿eran habituales esas prácticas?

No lo eran en los 70, pero sí se llevaron a cabo décadas precedentes. Fueron bastante habituales en la década de los 50 y en principios de los 60, pero en los años 70 eran muy raras. Tengamos en cuenta de que la España de los setenta ya era un país más abierto hacia Europa con respecto a décadas anteriores y esto permitió que entraran nuevas tendencias de la psiquiatría. Eso sí, se abusaba del uso de pastillas por la falta de personal. Ángel Lara cuenta que en un psiquiátrico llegó a haber un psiquiatra por cada quinientos pacientes.

El doctor Suarez, uno de sus personajes, es un doctor formado en Inglaterra, abierto de mente, y que trata de traer a España las nuevas tendencias de la psiquiatría, ¿cree que España ha sabido aprovechar el talento o por el contrario lo ha condenado al ostracismo?

Bajo la dictadura de Franco, las personas con mayores talentos se tenían que ir de España. El doctor Suarez, por un lado, muestra el cambio que la gente joven necesitaba, y por otro lado, la necesidad de renovar las instituciones. La democracia necesita de las personas con una nueva sensibilidad. Las dictaduras se rigen por lógicas muy distintas a las que rigen una democracia. Por ejemplo, la relación de un alumno y un profesor durante la dictadura era de puro sometimiento por parte del uno y de puro control por parte del otro. Al profesor no se le podía cuestionar, y si lo hacías hasta te podían dar un tortazo. Ahora el maestro dialoga con el alumno. El alumno puede cuestionar al profesor. El poder se debe dividir y compartir, eso es la democracia. Cuando compartes el poder con otro, tienes mayor empatía por él porque debates. En la dictadura nadie cuestiona nada, todo el mundo calla, creándose una distancia entre el dictador y su pueblo, así como dentro de todo ámbito de la sociedad entre el que tiene poder y el que no lo tiene.

Hay dos personajes en su novela que me recuerdan a caciques, ¿cree que el caciquismo ha sido uno de los graves problemas en España?

El problema es la acumulación del poder en una persona, ¡eso es el caciquismo. Si una persona acumula el poder, no tiene que escucharte, ignora tus necesidades.

¿Y dónde podemos encontrar hoy el caciquismo?

En la ultraderecha. Vox quiere recuperar la idea acumular el poder. Quieren evitar negociar diferentes cuestiones ahora vitales. Donde mejor lo apreciamos es en la cuestión migratoria. Cometen un gran error, pues necesitamos de los inmigrantes para mantener el sistema de pensiones. Los países más ricos, como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, son países inmigrantes. Le guste o no a la extrema derecha, el inmigrante trae riqueza; es absurdo estar en contra de la inmigración. Además, muchos de los inmigrantes huyen de países en guerra, y nosotros como ciudadanos de una democracia debemos sentir empatía por ellos.

¿Qué nos puede decir de la relación entre la iglesia y los manicomios?

Les recomiendo que se lean la obra de Enrique González Duro, Los psiquiatras de Franco, donde hace un recorrido histórico desde el primer jesuita (pionero de la psicología en España) que intenta enlazar las creencias religiosas con el psicoanálisis. Bajo el régimen de Franco, psiquiatría e iglesia, siempre estuvieron unidos, de hecho los psiquiatras, por lo general, eran muy católicos. Y los disidentes, eran silenciados y optaban por irse al exilio. Varios se marcharon a Estados Unidos. Ángel Lara entrevista a uno de ellos, Luis Rojas-Marcos. Su pensamiento era todo lo contrario a lo que se practicaba en España en los años 50- 60; era partidario de hacer vivir a los internos de los psiquiátricos lo más integrados posibles. En Estados Unidos llegó a ser una de los psiquiatras de mayor renombre.

En los primeros capítulos de su libro, la protagonista está bajo el efecto de las pastillas que le producen una enajenación mental y le impiden, incluso, moverse, ¿qué es aquello que enajena a la sociedad hoy en día?

La publicidad. Pero no solo nos enajena, sino que manipula el lenguaje, nos lo roba y lo comercializa. Todas las ideologías han sido vaciadas por la publicidad. Por ejemplo, ¿qué significa izquierda y derecha? La publicidad nos roba nuestros conceptos políticos y económicos. Desde los años 80, pero especialmente hoy, ha sido la forma más sutil de separarnos de nuestros problemas como sociedad.

Entonces, ¿no tenemos un respeto por la palabra?

Nunca lo hemos tenido. Creemos que sí, pero no. Las fuerzas comerciales, antes incluso de la publicidad, manipulaban el lenguaje para la comercialización. Nos roban el lenguaje, por eso muchos términos han perdido su significado, la publicidad los vació, convirtiéndolos en un objeto que pasa de moda.

Leémos en su libro: “si no se nombra, no existe”

Como mujer lo sé muy bien, y creo que todas las minorías también lo saben. Jacques Lacan dice: “las mujeres no existen”. A lo largo de la historia la mujer se nombra a través del hombre. Freud decía que las mujeres son niñas. Primero tenemos que ser nombradas como adultas para ser adultas. La ley ni siquiera aceptaba nuestra madurez, por eso las mujeres casadas heredaban a través de los maridos o tenían el pasaporte junto al marido. Las minorías luchan por ser nombradas.

Isabel, la protagonista de su libro, es una mujer formada, leída, con un fuerte pensamiento crítico. ¿Qué me puede decir de la relación de la intelectualidad y la mujer?

Las mujeres, hoy, participamos más activamente en la vida intelectual, todavía hay trabajo por delante, pero ni comparación con la situación anterior. Isabel pertenece a una familia de clase media-baja de un pueblecito. Una familia con recursos limitados que debían elegir a cuál de sus hijos mandar a la universidad. Por supuesto, era el hermano el afortunado, aunque no quisiera estudiar, se le mandó a la universidad. También, en el grupo de lecturas ella debía solo escuchar los debates, pero no participar. Hoy en día, por suerte, eso ha cambiado mucho.

¿Usted cree que el sistema educativo español actual refuerza la necesidad del saber?

Cuando yo crecí te puedo asegurar que no. El sistema educativo se basaba en la memoria. La memoria no es saber. El saber es pensar con lógica y crítica; por supuesto tienes que tener algunos referentes, pero ¿de qué sirve la fecha en la que nació un escritor, si no has leído ninguno de sus libros, y no has analizado ninguno de sus textos? En realidad no sabes nada del autor. Lo primero que debe tener un humanista y un científico es imaginación para imaginar lo que puede ser. La imaginación nos permite dar un gran salto en nuestro conocimiento, superar nuestros propios límites intelectuales.

¿Cree que la sociedad española ha cambiado desde los años de la transición hasta nuestros días?

Sí, pero necesita cambiar más. Pero por suerte este es otro país, aunque haya fuerzas que quieran volver atrás. Yo nací en una provincia muy pequeña y conservadora como A Coruña, durante la dictadura de Franco. Ahora es una ciudad muy diferente, que ha mejorado económicamente, y también sus gentes.

En a novela, aborda de pasada el tema del suicidio asistido, ¿cree que la sociedad española está preparada para ello?

La sociedad está preparada, los políticos no. En una encuesta que hizo El País, era mayor el porcentaje a favor, que los que estaban en contra. A veces la sociedad está más adelantada que los políticos, y es esta la que tiene que empujar a los gobernantes.