“El maltrato no son solo puñetazos y patadas”

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texto JOSÉ MANUEL GÓMEZ LUQUE  foto ASÍS G. AYERBE

Edurne Portela pasa de la violencia etarra a la violencia machista en “Formas de estar lejos” (Galaxia Gutenberg).

Alicia ha dejado Euskadi para iniciar su carrera profesional en una universidad de un pequeño pueblo del sur de Estados Unidos. Allí conoce a Matty, se enamoran e inician una vida en común. Lo que desde fuera parece una trayectoria de éxito oculta una relación que pronto se convierte en tóxica. Formas de estar lejos (Galaxia Gutenberg) se mueve entre el desarraigo, la violencia y la incomunicación como ejes temáticos.

Especialista en estudiar la violencia de distintos tipos y, desde hace poco, en hacer novelas muy bien rematadas, Edurne Portela ha irrumpido con fuerza en el panorama literario español. Más allá de premios, Mejor la ausencia se lee y se comenta en clubes de lectura y pasa de mano en mano con esas recomendaciones de “léete esto, que te va a gustar”. Tras más de cinco ediciones de esa ópera prima, llega ahora Formas de estar lejos, una segunda obra que no defraudará a sus entusiastas lectores.

¿Cómo se toma la decisión de dejar la aparentemente tranquila carrera de profesora universitaria en Estados Unidos para lanzarse de lleno a la literatura?

Se toma liándote la manta a la cabeza y dando, con manta incluida, un triple salto mortal. He tenido la inmensa suerte de caer de pie. Me podría haber roto la crisma.

¿Mucha presión para escribir Formas de estar lejos después del éxito de la primera novela?

Sí, aunque la presión no sé si estaba durante el proceso de la escritura propiamente. Es decir, cuando me metía en la novela me olvidaba de Mejor la ausencia y las cosas que hice en ella y que parecieron gustar a los lectores. Pero cuando salía de la novela y pensaba lo que estaba haciendo sí tenía miedo de no estar a la altura. También cuando la terminé y mientras la leían mi primer lector, que es mi compañero, y mi editor. Temía que me dijeran que había perdido fuerza o que no llegaba al nivel de la anterior. Pero la reacción fue la contraria y eso me tranquilizó. El siguiente momento de presión y de miedo ha sido ahora, con la publicación: ¿decepcionaré a esos lectores y lectoras a los que tanto gustó Mejor la ausencia? ¿Me tratará bien la crítica? ¿Se entusiasmarán los libreros como lo hicieron con mi obra anterior? La historia está llena de autores de una sola novela y me daba miedo convertirme en una, ser un one hit wonder.

Ambas novelas comparten un marcado carácter autobiográfico, ¿verdad?

En las dos novelas sitúo a los personajes en contextos que yo conozco muy bien. En Mejor la ausencia era la Euskadi que yo viví desde mi infancia a la adolescencia. Me nutro de recuerdos para recrear el ambiente social, los olores del Nervión industrial de esos años, la música que ponía banda sonora a la crisis socioeconómica brutal y a la violencia política. Toda esa memoria invade el proceso de escritura y después se transforma en las ficciones que ocurren en la novela. En el caso de Formas de estar lejos es un proceso similar, pero tiene que ver con una experiencia vital posterior, los años que pasé en Estados Unidos. Alicia, la protagonista, pasa menos tiempo que yo allí, pero coincide su vida con mis primeros trece años en ese país. También añado a la novela experiencias propias de la migración y de mi trabajo en las dos universidades en las que estuve. Pero los personajes son ficticios: Alicia no soy yo y Matty es un personaje totalmente inventado. Siempre aportamos experiencias propias a lo que escribimos, la escritura sale de tu intimidad, tus afectos, tus memorias, y luego se elaboran en esas ficciones imaginativas, en peripecias inventadas, situaciones que de repente se te ocurren sin saber muy bien por qué ni de dónde vienen, pero ese sustrato del que surgen lo tienes dentro, a veces agazapado e inaccesible de otra forma que no sea la construcción imaginativa de historias.

Sobre la violencia contra las mujeres, es muy posible que el protagonista no se vea a sí mismo como maltratador. Y, sin embargo, lo es.

Tenemos una imagen del maltratador muy estereotipada, que tiene que ver con ciertos prejuicios de clase. El maltratador como ese tipo que sale en las películas de serie B, de mirada torva, sucio, con las uñas negras, borracho y que se pasa el día dando tortas a su mujer o a su novia. En realidad, el maltrato puede ser más sutil y desde luego está mucho más extendido. Se puede dar en cualquier clase social y lo pueden ejercer hombres de "buena familia", carrera universitaria y excelentes empleos. El maltrato, además, no es solo la violencia de los puñetazos y las patadas. Controlar económica, social, sexualmente a una mujer, hacer todo lo posible para hacerla sentir vulnerable, aislarla de familiares y amigos, atacar su inteligencia, despreciar su trabajo o sus habilidades, amenazarla con una posible violencia, todo esto constituye maltrato psicológico. El personaje de Matty se mueve en este terreno.

Formas de estar lejos comienza con una escena poderosa: "He cerrado la puerta de la calle con llave y echado los dos cerrojos. He comprobado la puerta corredera de la cocina y colocado el listón de madera en el raíl para trancarla. También he cerrado por dentro la habitación. No he dejado de repetir este ritual ni una noche. Me encierro como lo hacía entonces, cuando él vivía aquí, cuando dormía en la habitación al otro lado de la escalera de caracol y creía oír sus pasos por la noche acercándose a mi puerta. [...] Abro la botella de Pinot Noir —el vino es más barato que la calefacción y también calienta— y una bolsa de patatas fritas: mi cena. Un lorazepam, o dos: mi postre". ¿Estos son los efectos de la llamada por algunos violencia de género "de baja intensidad"?

La novela comienza con esta imagen de Alicia asustada, encerrada en su casa, encerrada en su habitación y con miedo a salir. Es la primera escena que se me ocurrió y de ahí nació toda la novela, que tiene que ver con un tema que llevo pensando varios años: cómo podemos llegar a convertirnos en víctimas de un maltrato cuyas heridas no puedes mostrar porque son invisibles. Es decir, cómo se llega al miedo, a la extrema vulnerabilidad, a no reconocerse, incluso avergonzarse de una misma después de una relación de pareja que desde fuera parecía perfecta. Y tal vez sí, tal vez esa escena es una representación de esos efectos. Lo que no sé si "baja intensidad" es un término correcto. Porque la intensidad de sus consecuencias, como demuestra Alicia, es brutal.

¿Encuentra diferencias entre los movimientos reivindicativos del feminismo en Estados Unidos y España?

Como el feminismo es más una forma de interpretar la realidad que un movimiento, es difícil establecer diferencias. Igual una de las diferencias fundamentales es que en Estados Unidos hace años que la cuestión racial está muy presente en el feminismo afroamericano e hispano como respuesta al feminismo de las mujeres blancas, que fueron protagonistas de las anteriores olas. El feminismo de estas otras "minorías" tiene unas reivindicaciones muy específicas que tienen que ver con el racismo todavía imperante en la sociedad estadounidense. Creo que en España no somos tan conscientes como allí de la necesidad de atender a las formas en las que se discrimina a las mujeres “racializadas” en España y, como teoría de igualdad, el feminismo debería atender a este problema fundamental. Esto sería solo un ejemplo. Para ver más diferencias y parecidos recomiendo el libro Feminismo para el 99%, donde se habla desde una perspectiva global de la situación actual del feminismo y se proponen caminos a seguir.

Un breve capítulo, titulado "Medias de rejilla", cuenta mucho más de la violencia de género que algunos tratados.

Me gusta escribir escenas cotidianas desde las que un pequeño objeto, como estas medias de rejilla, puede dar pie a otras cosas. Lo que parece insignificante y a veces pasa inadvertido, en realidad puede esconder mucho. Pero dejaremos que los/las lectores/as descubran qué esconde este capítulo, ¿verdad?

El encuentro de la protagonista con un antiguo amigo excarcelado tras cumplir condena por terrorismo es muy elocuente. ¿No hay diálogo posible en la fracturada sociedad vasca?

Sí, sí creo que hay diálogo, lo que pasa es que hay gente que está preparada para ello y gente que no. Gorka, el chico que sale de la cárcel, sí está preparado. Tiene ganas de compartir con Alicia. Es ella la que no lo está. Pero Alicia, en ese momento, no está preparada para muchas cosas. Esta escena habla de las dificultades de la comunicación, más que de la sociedad vasca. Creo que se están dando grandes pasos en este sentido, que cada vez se habla más del tema y que las instituciones vascas están intentado crear espacios de debate público, algo que antes no existía. Cuando en Euskadi hablo de mis libros anteriores cada vez hay más gente que pregunta, que cuenta su historia, que agradece poder hablar de ello en público, personas que han sufrido todo tipo de experiencias, no solo víctimas de ETA.

¿Hay muchas formas de estar lejos?

Sí, muchas. Está la más obvia, la distancia geográfica que implica, irremediablemente, la distancia física. En el caso de Alicia, además, que emigra a los Estados Unidos cuando está naciendo Internet, eso implica unas dificultades enormes en la fluidez de la comunicación con sus seres queridos. Pero hay otras formas de estar lejos. Una pareja puede estar viviendo bajo el mismo techo y estar muy lejos el uno del otro. Incluso una puede alejarse de sí misma, perderse.

¿Las novelas de hoy tienen que servir de referencia para hablar, para interrogarse sobre el aquí y el ahora?

Creo que no debemos exigir que las novelas sirvan para nada. Las novelas sirven para que se lean. Pero a mí personalmente sí me interesan las novelas que me cuestionan, que me hacen reflexionar sobre la realidad, que me dan herramientas para mirarla desde nuevos ángulos o con otro conocimiento (tanto intelectual como afectivo). A veces son novelas de mis coetáneos, pero no tienen por qué ser novelas contemporáneas. Muchos clásicos me siguen interpelando.

En la actualidad escribe como columnista en El País. ¿Le resulta sencillo el tránsito de la ficción a la opinión?

Me gusta decir que yo no escribo opinión, que mi columna es un espacio de reflexión desde el cual invito a pensar. No sé si lo consigo, pero esa es la intención. Por eso la titulé "Ahora que lo pienso". Me gusta mucho hacerlo, aunque me cuesta y me causa muchas inseguridades. En este sentido no diría que es sencillo, pero si lo fuera creo que no aprendería nada escribiéndolas. Ahora aprendo a pensar, a concretar mis ideas y a reducirlas a ese pequeño espacio con la suficiente claridad y profundidad para que cada columna merezca la pena. No sé si lo consigo, repito, pero esto es lo que me impulsa, cada semana, a pasar un par de días agónicos dedicada a esas casi seiscientas palabras.