Viajar para no ver

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texto ANTONIO ITURBE  foto GABI MARTÍNEZ

Gabi Martínez fue en busca de “Animales invisibles” (Capitán Swing / Nórdica) y se reencontró con el silencio.

Este es un libro de viajes geográficos y mentales. Gabi Martínez, pescador de sueños a pulmón libre, nos invita a un viaje donde recorremos el planeta. Entre Uganda y Sudán perseguimos con él al escurridizo pájaro denominado picozapato, adentrándonos en una de las regiones más conflictivas que existen. En Australia nos contagia la rabia por el genocidio de la gran barrera de coral, el animal más pacífico de la Tierra. Se va hasta el Hindú Kush tras las huellas de Jordi Magraner, perseguidor de yetis y quimeras. En Nueva Zelanda va a ver qué queda de esa ave extraordinaria que fue el Moa. En Corea persigue tigres blancos, y tapires huidizos en lo más profundo de Venezuela. Un viaje donde lo importante no es llegar al animal, sino medir la profundidad de la huella de su leyenda.

Te dispones a descubrir animales invisibles o muy raros de ver en lugares remotos con unas zapatillas de deporte, un macuto y una libreta. Indagas en animales que tienen alrededor un mito. ¿Vas en busca del animal o de la leyenda?

Busco realidad: personas, territorio, naturaleza... con el hilo narrativo que proporciona la búsqueda de un animal. Se trata de hablar de nuestras vidas y entornos actuales observando cómo estamos conectados a la naturaleza. Siguiendo, en ocasiones, pistas tan reales como unas huellas, pelos, alas o excrementos, y escuchando siempre las historias que cuentan las personas que han visto o imaginado a esos animales. Animales invisibles habla de un mundo que parece que hemos relegado a los márgenes y que sin embargo nos determina decisivamente. 

Existen dos retos en un proyecto de cultura e indagación: la dificultad de llevarlo a cabo sobre el terreno junto a su redacción, y conseguir el dinero para ponerlo en marcha. Las empresas e instituciones catalanas y españolas están muy implicadas con la cultura. ¿Cuántos miles de euros recaudaste del mecenazgo?

No ha habido mecenazgo.

Algunos de los viajes fueron medio sufragados por los reportajes o artículos que distintos medios de comunicación publicaron o emitieron sobre los animales.

Dos rastreos, el de la Gran Barrera de Coral y el del yeti, los realicé mientras trabajaba en libros. Luego, he aprovechado invitaciones a dar charlas en algunos países para prolongar la estancia e ir en busca de un animal. El resto lo he financiado con ahorros y, sí, el soporte de algunos medios de comunicación, que han ido publicando el material que traía de las expediciones. Altaïr, Qué Leer, La Vanguardia y la Cadena Ser han sido importantes para seguir adelante. Una agencia de turismo me echó una mano para dormir tres noches en Nueva Zelanda... en fin, el proyecto ha crecido con un pellizco aquí, otro allá y, sobre todo, mucha paciencia. Dieciséis años de paciencia. 

Y, echando la vista atrás a toda esa peregrinación por empresas e instituciones, todo ese esfuerzo y desgaste, ¿ha valido la pena?

Ya lo creo. Este libro es una alegría que comparto con el arqueólogo y naturalista Jordi Serrallonga, que forma parte de un proyecto que en realidad lleva mucho tiempo en marcha y que ahora arranca de manera, digamos, visible. Es un libro que también habla precisamente del valor de la paciencia y las convicciones para construir una vida, en este caso a partir de los viajes y la literatura. Una demostración de que la vida en los márgenes puede ser espléndida, rica y fundamental. 

En África escuchas el mutismo de la naturaleza y te dices “lo salvaje era aquello”. ¿El silencio es salvaje?

Lo salvaje nos acerca al silencio, y eso implica otra forma de pensar. En el prólogo apunto un poco a esta idea diciendo que si aceptamos que lo visible forma parte del ruido y lo invisible se relaciona con el silencio, podríamos convenir que nunca ha habido más ruido que ahora. Vemos cosas distintas sin parar, muchas nos llegan por vías artificiales y a espasmos, desligadas unas de otras o desmintiéndose mutuamente, pero son cosas que en cualquier caso están ahí y, para millones de personas, eso significa que existen. Si quieres demostrar que algo existe, grábalo. Muéstralo. Ver es la nueva frontera entre lo que existe y lo que no. La apuesta de este libro es viajar para probablemente no ver y, sin embargo, no dejar de observar, de aprender. La propuesta es moverse en amplios márgenes de silencio que resultan estimulantes, y quién sabe si así podamos aproximarnos un poco a compartir las intuiciones del tigre o del moa. Recuperar un cierto instinto animal que hasta no hace tanto los humanos tenían mucho más desarrollado. 

Te acompaña en el viaje pocas cosas, pero siempre una libreta. ¿Qué hay en ellas? ¿Cómo son físicamente, Moleskine, arbitrarias?¿Haces dibujos, monigotes, apuntas pensamientos personales, divagas o anotas cosas precisas?

Son libretas pequeñas, que caben en una mano, con anillas en la parte alta del rectángulo. Tengo letra muy pequeña, así que las amortizo a fondo. A veces dibujo, pero soy malo con el trazo, así que sobre todo apunto detalles, datos objetivos, pensamientos al vuelo, diálogos espontáneos y fantasías o relatos que escuche o que se me vayan ocurriendo.

¿Y el Picozapato… existe?

Sí, sí. Es un pájaro grande y pesado que vive en los pantanos y marjales del Congo, el norte de Uganda y el sur de Sudán. Los árabes lo llaman Abou markhoub, "pico babucha", por ese pico que recuerda al del pelícano. Dicen que es el pájaro que vuela más lento del mundo y tiene fama de solitario, esquivo y violento, sobre todo porque la madre empolla dos huevos y, cuando crecen, un hermano mata al otro, lo que le ha valido el sobrenombre de "Caín de los Pájaros". Pero es la estrella de alguna reserva ugandesa... aunque casi nadie lo haya llegado a ver. 

Ese animal inesperado que es la barrera de coral te hace reflexionar sobre el hecho de que “animales y paisaje forman un solo cuerpo”. ¿Después de dar muchas vueltas por el planeta, crees en una teoría del todo?

No tengo dudas sobre eso. La Gran Barrera de Coral evidencia cómo cada organismo y acción repercute en lo demás. En su caso, la cooperación da lugar a una estructura deslumbrante, de más de dos mil kilómetros de longitud, que concentra una biodiversidad incomparable. Y todo parte de pólipos microscópicos. Es el reflejo de cómo la acción de un pequeño ser sumada a la de otro y otro acaba definiendo un paisaje, que a su vez actúa sobre los demás, y así sucesivamente. Cada ser, cada movimiento, cuenta para perfilar la vida. La tuya y la del universo. Y, a la vez, todo, todos somos insignificantes. Esa es la maravilla. 

Da la impresión de que la degradación de la Barrera de Coral te rasga por dentro…

Como les rasga a los chicos que están impulsando Change for Climate (en España, Juventud por el Clima). Greta Thunberg, la chica de 16 años que se ha convertido en portavoz del movimiento, tiene el síndrome de Asperger. Dice que no habla excepto en ocasiones que considera de verdad importantes... y se ha convertido en la voz de millones de chavales que no se explican cómo no estamos reaccionando ya a la destrucción sostenida del medio ambiente que se está llevando a cabo en el planeta. Viajé a la Gran Barrera cuando mi hijo tenía 2 años, después de leer que si la temperatura del planeta aumentaba dos grados, casi todo el coral sucumbiría, tomando el color blanco, que es el color de su muerte. Pensé en el pequeño a mi lado. Yo quería que él viera una Gran Barrera en colores, y me obsesioné hasta reunir lo necesario para viajar allí y escribir un libro sobre esa espacio natural, intentando defenderlo, a mi manera. Hace unos años era un escritor mucho más recluido y reticente a decir según qué. Ahora me estoy implicando en ciertas causas con un activismo no solo literario, quizá porque creo que nos hemos situado en un límite que exige, ya sin titubeos, actuar.

Hablas de Jordi Magraner, a quien retrataste en “Solo para gigantes” en su búsqueda aparente del yeti en el Hindu Kush, aunque al principio tuviste alguna duda... “Ya había bastantes libros sobre soñadores y obsesos similares”. ¿Y acaso tú no lo eres?

Desde luego. Las obsesiones me han llevado a hacer cosas que de otro modo ni habría intentado. Son grandes dinamizadoras, aunque también acarreen algún problema. Hablo en plural pero no sé si mis obsesiones son muchas o en realidad solo una que dispara las demás, como afluentes. En cualquier caso, estoy convencido de que la literatura es mi obsesión, y por ella pasan las temporadas de pasión amorosa, viajera, de miedo a morir... Por fortuna para mis músculos, hubo un momento en el que por lo que sea observé que esa obsesión literaria se nutría mejor viajando, saliendo a la calle... viviendo, supongo. Así que es una obsesión con un contrapunto saludable. 

Y te vas al Hindu Kush tras las huellas del yeti, o del buscador del yeti, o del sueño del yeti… ¿Y qué encuentras?

La búsqueda del yeti determina el proyecto de animales invisibles. Cuando escuché esa historia por primera vez, no sabía si valdría la pena escribirla. ¿Un hombre que se va a buscar al yeti y muere degollado después de vivir quince años en Pakistán? ¿Estaba cuerdo? ¿Tendría sentido explicar una historia tan exótica, extraña? ¿Qué podía aportar a un lector y a cualquiera interesado por los conflictos morales cotidianos? Y resulta que encontré una historia global que, además, permitió perfilar un proyecto vital. Esa historia tan rara me demostró que, tras la pista de un ser de leyenda, podías hablar sobre sueños cumplidos y truncados; por qué una gente vota en Francia a la ultraderecha y otros se hacen talibanes en Pakistán; qué te enseña la naturaleza o cómo alguien con una idea a priori extravagante se convierte en salvador de miles de refugiados al ser la persona que mejor conoce las montañas del Hindu Kush... porque está buscando al yeti. Esa historia detonó la idea: seguir a un animal puede ayudar a explicarle no solo a él, sino al mundo que lo rodea. Y ahí fui. 

Un tiempo después vas a buscar el tigre blanco coreano. Antes paras en la capital del país: “Seúl exigía una tensión mayor a otras megalópolis”. ¿Por qué?

Diría que Seúl sintetiza la cultura occidental y oriental como ninguna otra ciudad del mundo. La influencia china, la ocupación japonesa y la alianza con Estados Unidos, sumadas a la falta de una filosofía nacional propia, determinan el carácter de un país que ha fundido los conceptos de familia y empresa de un modo tan productivo como peligroso. Seúl reúne las grandes tensiones del mundo actual hasta el punto de haber disparado el alcoholismo y el número de suicidios. Es una ciudad de vanguardia sometida a un estrés enorme pero que, a la vez, propone hallazgos y miradas incomparables sobre el mundo de hoy. Ahí está Han Kang con La vegetariana, o el filosófo Byung-Chul Han.

¿El tigre coreano es una metáfora de la rebeldía?

El tigre coreano refleja la hipocresía y el oportunismo de las personas. Cómo, después de contribuir a matarlo, los coreanos rescataron su figura para reivindicar la fiereza de ese animal mítico en su imaginario como símbolo contra los invasores japoneses. Pura imagen, porque mientras se cultivaba el recuerdo del animal, al tigre real lo siguieron matando con tal de cobrar por sus pieles, garras... hasta la extinción en Corea del Sur. Pero siempre aparecen individuos excepcionales, como ese veterinario que trata de impulsar su búsqueda en coalición con científicos de Corea del Norte para reflejar en esa colaboración que la reunificación de las dos Coreas es posible... a través de un tigre. 

La búsqueda de la danta o tapir en Venezuela es en sí misma una peripecia donde la cuestión política se filtra de manera inevitable: es un emblema nacional y a la vez lo están aniquilando. ¿Qué fue lo mejor y lo peor de ese viaje?

Poniéndonos románticos, ese viaje consuma un sueño. De una forma que no había soñado, porque es incluso mejor. La danta consiguió reunir a personas que, aun estando en las antípodas ideológicas, comprendieron que defender a un animal era lo mejor para todos, y de pronto se pusieron a colaborar. Este capítulo, que es el que cierra el libro, justifica de sobras todos estos años de espera. 

Después de tanto buscar… ¿qué has encontrado en este periplo?

Un proyecto para siempre. El disfrute de enfocar cada viaje con las dudas, expectación y esperanza que pueda tener un explorador o un detective que se aventura a la búsqueda de algo que intuye que está ahí. La complicidad de alguna gente que, de manera más o menos escéptica, ha compartido la idea de que esto valía la pena. Apuntalar la convicción de que debemos defender la naturaleza con toda la dedicación que podamos. Conocer a personas impresionantes. Y un gran amigo.

Últimamente habías cambiado los grandes viajes por una sencilla trashumancia por Extremadura… ¿Cuál es ahora tu camino?

En realidad he pasado varios meses ayudando a pastores extremeños, la trashumancia fue una consecuencia de aquellos días. El pastoreo es un resultado de toda la exploración sobre animales. Es llevar a la práctica en mi propio territorio la defensa de esa vida más natural que antes comentaba. La intención es trabajar nuevos libros que presenten las posibilidades físicas y creativas de los animales invisibles mientras, por otro lado, continúo escribiendo libros más... urbanos. Me gustan mucho las trayectorias de autores como Miguel Delibes, Jonathan Franzen, un fan de la ornitología, o Peter Mathiessen, que por un lado escribió sobre el leopardo de las nieves y, por otro, fascinantes novelas sobre conflictos humanos. 

Sopesando la lucha por la supervivencia económica, la respuesta del público y las editoriales al esfuerzo… Si volvieras a empezar, si volvieras a tener dieciocho años otra vez… ¿volverías a ser este Gabi Martínez empeñado en vivir de lo invisible?

Pensar en cómo pago el alquiler aún me ocupa más tiempo del que querría, pero soy considerablemente feliz. Gruñón a la vez que optimista. Quiero y me siento querido. Entiendo que dedicarse a naturaleza, a los animales y personas a los que no suelen iluminar los focos no es lo más rentable del mundo pero, por suerte, hay lectores interesados en estas historias más allá de nuestras fronteras, tengo libros que están viajando, y de momento sobrevivo escribiendo sobre lo que quiero escribir. No se puede pedir más. Bueno, un poco de dinero sí.