Jordi Llobregat: "Los productos culturales accesibles a los ciudadanos nunca sobran"

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El escritor Jordi Llobregat "No hay luz bajo la nieve" (Destino)

 

 

 

Texto: REDACCIÓN

 

Tras el éxito de El secreto de Vesalio, el escritor Jordi Llobregat regresa con No hay luz bajo la nieve, una novela ambientada en los Pirineos, en medio de una gélida y desierta montaña, y protagonizada por la inspectora Álex Sierra que, con la colaboración del policia francés Jean Cassel, el misterio que rodea el hallazgo del cuerpo de un hombre desnudo y maniatado entre la nieve. 

 

¿Cómo se enfrentó a esta nueva novela después del éxito de El secreto de Vesalio, que fue traducida a 19 idiomas?

Ha supuesto una presión importante, sin duda. No quería defraudar a nadie, lo cual es un imposible. He intentado escribir con las menos ligaduras posibles, sin embargo, no quería frustrar las expectativas de los lectores que me escribían solicitándome la nueva novela, elogiando con más generosidad de la que merecía lo hecho anteriormente y esperando, como es normal, algo mejor. En una ocasión, Rosa Montero me dijo que nunca sería tan libre como con mi primera novela, y es cierto.

Leyéndole, parece haber querido distanciarse de aquella historia, ante todo geográficamente. Pasamos de la Barcelona de 1888 a los Pirineos.

De algún modo, se han unido deseo y necesidad. Desde hace años quería escribir una historia que transcurriera en un entorno montañoso con todo lo que significa de escenario agreste, mágico y misterioso y, por otro lado, era una forma muy eficaz para tomar distancia de El Secreto de Vesalio y asegurarme de acometer un proyecto nuevo.

¿Cuán determinante es el escenario -en este caso una montaña “mágica, cruel y bella”- a la hora de pensar una historia negra?

La montaña es un lugar que todos asociamos a la belleza, al aire puro y el agua cristalina, a la calma…, y es así, ciertamente, pero también es imprevisible, misteriosa y, sobre todo, peligrosa, muy peligrosa. Es la femme fatale perfecta.

Más allá del misterio propio de toda novela negra, ¿podríamos decir que ha construido la trama a partir de lo que no se dice, a partir de silencios que no se llegan a hacer audibles del todo?

La escritura y posterior lectura de una novela es la aceptación de unas reglas de juego entre el lector y el escritor. Cuando escribo intento llevar hasta el límite esa relación. Mi objetivo es que, con las menos palabras posibles, se forme en la mente del lector una imagen concreta y que le provoque unas sensaciones determinadas. Lo que no se dice entra en la parte más sutil, en la que el lector se vuelve por completo cómplice de la narración.

La novela tiene siete partes como siete son las grades del purgatorio dantesco y como siete son los pecados capitales. ¿De dónde nace la idea?

Las estructuras de las novelas son siempre muy importantes para mí. El desarrollo de la trama y su relación con los pecados capitales me permitió establecer una distribución de capítulos ajustada al contenido y al ritmo que deseaba imprimir. De algún modo, los personajes suben por esas gradas hasta la resolución final. Lo que desconocemos es si conseguirán ser absueltos de sus pecados.

¿Qué influencia a ejercido sobre usted la lectura de Dante, que abre, con una cita de la Vida Nueva, la novela?

Leer a Dante es siempre una gran idea. Las lecturas de los clásicos me suelen aportar sosiego y, al mismo tiempo, sorpresa, siempre queda algo por descubrir. Su relación con el amor me provoca mucho interés. Mi sensación (y es sólo mía) es que Dante escribió la Divina Comedia con una media sonrisa socarrona.

En No hay luz bajo la nieve encontramos elementos de distintos géneros literarios, como es el diario o la novela histórica. ¿Hay una voluntad de ir más allá de los límites cerrados del género negro?

Totalmente. No comprendo que un escritor se limite a sí mismo a la hora de narrar una historia. Para mí, los géneros son tan solo una referencia. Mis influencias culturales pertenecen a los más diversos ámbitos: género negro, histórica, terror, fantasía, ensayo…, y disciplinas artísticas: fotografía, cine, pintura, cómic, música… A la hora de construir una historia uso todo aquello que necesito y que entiendo que debe de estar.

En esta novela, a diferencia de la anterior, no solo se pone en la piel de una mujer, Álex Serra, la subinspectora, sino que pone voz a una niña Raquel. ¿Ha supuesto un reto en tanto que escritor construir estas dos identidades y estas dos voces?

Cuando escribo, me gusta marcarme desafíos: una estructura especial, una escena complicada o un personaje difícil. Me atrae todo aquello que no domino y que me permite aprender. En mi caso, funciona como estímulo. La construcción de cualquier personaje, de un buen personaje, es un reto por sí mismo. Si, además, posee singularidades que me son menos conocidas, resultan un desafío mayor. Como me ocurre con Álex o Raquel, al no ser yo una mujer o haber dejado de ser un niño hace tiempo, aunque me aferre a ello.

A través de Raquel, reconstruye la historia de los miles de judíos que cruzaron el Pirineo huyendo de los nazis. ¿Cómo escribir sobre un hecho histórico, como es el nazismo y la huida desesperada de los judíos, sobre el que hay tanta literatura sin caer en la repetición? ¿El hecho de que sea una niña quien narre esta historia era una manera de buscar una nueva forma de narrar este episodio histórico?

Es cierto que, al abordar esa parte de la novela, me hice esa pregunta. Decidí avanzar intentando trazar mi propio camino y esperando construir una historia lo más singular e interesante posible para que le mereciera la pena al lector. El uso de una voz infantil y en primera persona me permitía transmitir los hechos desde una visión inocente, limpia. Cómo ven y afrontan los niños la guerra y sus consecuencias, de algún modo, pone en relieve la estupidez y el sinsentido de los adultos.

Uno de los temas del libro es la presencia del pasado en el presente: ¿una línea de continuidad une estos dos tiempos que, por mucho que queramos, siempre están entrelazados?

El pasado siempre está ahí, tanto a nivel individual como colectivo. Ignorarlo solo puede llevar al desastre. La historia está llena de ejemplos. Aunque a mi me interesa mucho más el plano individual. Todos recordamos algún suceso de nuestra vida que, si pudiéramos volver atrás, cambiaríamos. En general, se trata de pequeñas cosas pero, en algunos casos, aquella decisión en aquel preciso momento y, sobre todo, sus consecuencias, nos marcaron la vida profundamente y somos lo que somos ahora, por aquello que sucedió. Como le ocurre a la protagonista, Álex Serra.

Usted es director de Valencia Negra. ¿Cómo ve el boom del género negro? ¿Es positivo para la salud del género o se corre el riesgo que, como todo boom, se desinfle?

Lo cierto es esta es una pregunta recurrente los últimos años. Algunos, también lo denominan “moda”. En todos los casos, siempre me piden una reflexión sobre un futuro negativo, como si no hubiera otra opción. Es sorprendente. Parece que se esté deseando que ocurra algo parecido, como si en lugar de libros estuviéramos hablando de especulación inmobiliaria. Sin embargo, nada indica que vayamos al desastre, muy al contrario. Que haya una mayor oferta de libros, que aparezcan cada año autores nuevos e interesantes, que se sumen al género grandes figuras, que se reconozcan con premios como el Goncourt o el Príncipe de Asturias, que cada vez haya más lectores y que se consoliden, que sea un género que acoge una diversidad cada vez mayor de formatos… ¿Todo esto parece augurar malas noticias?

Asimismo, ¿qué piensa cuando se comenta que tras el boom de la novela negra hay mucha novela mediocre y meramente comercial?

La realidad es que detrás de todas las novelas que se publican cada año, independientemente del género, siempre hay mejores y peores…, no es exclusivo de la novela negra. En ocasiones triunfan comercialmente novelas llamadas mediocres y, en otros casos, novelas consideradas de alta calidad literaria. Nadie sabe muy bien cómo ocurre. Pero ¿quién dice que es bueno o malo? ¿Los críticos? ¿Los bloggers? ¿Los escritores? ¿Las editoriales? ¿Los lectores?... Las opiniones al respecto, dependen de criterios casi siempre interesados. Creo que lo importante de verdad es que la gente pueda acceder a los libros con la mayor facilidad posible (más bibliotecas, más librerías, precios más asequibles…), y que consigamos más y mejores lectores. Aunque ahora nadie lo recuerda, Harry Potter fue criticado en su momento y denostado. Sin embargo, esos libros han generado millones de lectores. En la mayoría de las ocasiones, se empieza a leer novelas de calidad criticable y, poco a poco, el lector evoluciona y adquiere otras lecturas. Nadie empezó leyendo a James Joyce. Lo importante es que cualquier libro abre una puerta y, a partir de ahí, ese lector puede crecer y descubrir otras cosas.

Y si hablamos del boom del género, hay que hablar del boom de los festivales negros. ¿No se nos está yendo algo de las manos?

Como dijo hace tiempo Lorenzo Silva, a nadie le preocupa que haya un bar en cada esquina. Nadie sugiere que sobran. Sin embargo, que se celebre una fiesta cultural, en una localidad, una vez al año, donde se promueven autores y se programan actividades relacionadas con la lectura parece que sea negativo. Puede argumentarse que algunos festivales pueden hacerlo mucho mejor, en gestión, en promoción, en las actividades que ofrece, y es posible que alguno de esos festivales desaparezca con el tiempo, pero mientras hayan existido han hecho mucho bien. La realidad es que tenemos mucho margen de mejora y crecimiento. Cuando me hablan de boom me río y levanto la vista hacia nuestro país vecino, Francia, referente cultural para muchos. Celebra anualmente casi el triple de festivales de género negro que nosotros. Lo único que se nos está yendo de las manos es la vida. Los productos culturales accesibles a los ciudadanos nunca sobran.