Raquel Martos: "El techo de cristal no está únicamente en la brecha salarial, también está en el brillo social."

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La periodista, guionista y escritora Raquel Martos publica "Los sabores perdidos" (Ediciones B)

 

 

 

Texto: ANNA MARIA IGLESIA

Foto: CARLOS ROSILLO

 

La periodista, guionista y escritora Raquel Martos publica su tercera novela, "Los sabores perdidos" (Ediciones B), una historia de personajes que reconstruyen su vida a través de la cocina, reunidos en torno a los fogones en un curso de cocina emocional. Los personajes se expresan a través de las recetas que eleaboran, recetas que llevan la firma de la chef Gabriela Tassile y que son un anexo de la novela. 

 

Antes que nada, ¿qué relación tiene Raquel Martos con la cocina?

La cocina está íntimamente ligada a mi familia, es el cordón umbilical que me conecta con mi infancia. Crecí en una casa en la que siempre había un caldo en el fuego, un sofrito en la sartén y pan del día. Me encanta cocinar, comer, compartir mesa con gente querida. La cocina es un ingrediente tan esencial en mi vida que, en mis anteriores novelas, la cocina también está presente como elemento cuidador, terapéutico, seductor, de unión.

¿Cómo surgió la idea de construir una novela en torno a la cocina?

A Gabriela Tassile y a mí nos unen el amor por la comida y las emociones. Ella las utiliza en la cocina y yo en la escritura. Grabriela había leído mis anteriores novelas y yo había contado con su catering para momentos muy especiales, ella tenía la ilusión de publicar un recetario propio y que yo escribiera acerca de la carga emocional que tienen los platos que comemos. Caminando por esa idea llegué a los sabores perdidos como metáfora para construir una novela de ficción, porque ellos representan todo que vamos perdiendo u olvidando a lo largo de la vida, por distintos motivos. Porque simbolizan esa necesidad que a veces tenemos de detenernos, para dejar de engullir el tiempo y volver a un sabor, a un olor, a una vieja fotografía, para recordar quiénes éramos, quiénes somos, para reencontrarnos. Esa búsqueda vital de lo importante que a veces se diluye entre la prisa, el ruido y el móvil, es lo que encierra la cocina de Mayte, la cocina de los sabores perdidos.

Como se deduce del propio título, ¿se podría decir que la cocina tiene que ver con los recuerdos?

Es el poder evocador de la magdalena de Proust. El hipocampo almacena sabores, olores, sonidos… la música y la comida tienen la capacidad de hacernos viajar a otros momentos de nuestra vida. Pruebas aquel bocadillo de la merienda de tu infancia y vuelves a tener siete años.

En la novela la cocina funciona casi como metáfora: las recetas se convierten en reflejo de los personajes.

Porque cada receta es una excusa, es la punta del hilo del que tirar para conocer quién está detrás de cada sabor. Quiénes son, cómo son, qué les sucedió a los ocho que habitan la cocina de Mayte. En este curso de cocina no solo hierve el contenido de los pucheros, también lo hacen las emociones y los conflictos de Arturo, Mikele, Amina, Loreto, Elvira, Rafa, Luz y la propia Mayte.

La novela incluye las recetas de Gabriela Tassile. ¿La inclusión de las recetas era una forma de hacer partícipe al lector, hacerlo interactuar?

El lector puede elegir si se queda únicamente en la lectura de las recetas, lo cual ya es un disfrute, porque Gabriela cuenta detalles, curiosidades y describe el proceso de tal manera que al leerlas casi puedes olerlas. Pero, además, como dices, el lector puede animarse a elaborarlas y probar en su casa las croquetas de Elvira, la berza de Dolores, o el tajine de la abuela de Amina y sentir lo que ellos sienten en la novela. Muchos ya lo han hecho, envían sus fotos a las redes sociales para deleite y orgullo de la maestra Tassile.

Los personajes participan en un taller de cocina emocional, una de las últimas tendencias de la cocina. ¿Es la gastronomía uno de los sectores donde más se está innovando?

Pero, paradójicamente, esta innovación es en realidad la vuelta al pasado. Recordar a través de los sabores, olores, es algo ancestral, siempre ha estado presente, solo que nos hemos sumergido en una marea de velocidad absurda y de pronto, cuando sentimos que nos asfixiamos, tratamos de luchar por recuperarlo a veces de forma artificial. Y hasta compramos ollas de cocción lenta para tratar de cocinar como nuestras abuelas, pero con una vida diametralmente distinta a la de ellas…

Periodista en prensa escrita y radio, ¿qué te ofrece la literatura, la ficción, que no te da el periodismo?

La libertad absoluta, no me obliga a estar pegada a la actualidad, todo es susceptible de ser ficcionado. Es la calma, el disfrute de crear un universo distinto que me acoge y me hace sentir emociones. La posibilidad de inventarme muchas vidas y vivirlas todas. Escribiendo lloro, río, reflexiono. Decía Bioy Casares: “escribir es agregar un cuarto a la casa de la vida”, nada puede definir mejor lo que siento por la escritura.

En el momento de crear los personajes de Los sabores perdidos y crear sus historias y vidas, ¿es en el día a día, en historias reales, allí donde encuentra la inspiración Raquel Martos?

En el día a día, en el pasado, en el presente, en mis vivencias, en la gente que me rodea, en los desconocidos… Entablo fácilmente conversación en cualquier lugar, no hay nada que me interese más que condición humana, las vidas personales, tan distintas, tan variadas, son mi pasión, me encanta escuchar. Cuando escribo, inconscientemente, construyo los personajes con retales de otros y con los que habitan en mi imaginación. Y con las historias sigo el mismo proceso.

Guiones, columnas y artículos y novelas, ¿cómo conviven en ti los distintos géneros y cómo interactúan entre ellos?

Los guiones y las columnas forman parte de mi vida profesional, aunque también pongo pasión en ellos, no sé funcionar de otra manera, la radio, por ejemplo, es mi amor eterno. Y las novelas son algo así como un lujo emocional y creativo, un regalo de incalculable valor que me ha hecho la vida. En común a todos ellos, las emociones y el sentido del humor. Me gusta trasladar lo que yo siento al escribir: conmover, revolver, hacer reír, llorar, reflexionar…

En tu novela, personajes femeninos y masculinos se entremezclan, comparten la pasión por la cocina. Sin embargo, si bien la cocina a nivel familiar ha estado siempre asociada a las mujeres, en la llamada cocina de autor predominen los hombres. Ellos tienen el reconocimiento.

Porque el techo de cristal no está únicamente en la brecha salarial, también está en el brillo social. Todavía en las cabezas de muchos y muchas, las mujeres somos excelentes números dos, unas fantásticas vicepresidentas de gobiernos, de compañías, de equipos de trabajo. Esas grandes mujeres que están detrás de un gran hombre. Pero cambiará, esta novela está escrita por una mujer y una chef incluye sus recetas, en otro tiempo tendríamos que haber utilizado pseudónimos las dos… Sería la novela de Ramón Martos con las recetas del chef Gabriele Fusilli.

En una entrevista para Contexto, decías: “En periodismo, que a es clave para cambiar la política y la sociedad de un país… ¿Cómo van a dejar que las mujeres lleguen a esos puestos de dirección? Ni los medios considerados como feministas lo hacen.” ¿Podríamos decir lo mismo en otros sectores de la sociedad, empezando por la cocina o, hablando de libros, por la literatura?

Todavía queda camino por recorrer en la literatura, pero los lectores también tenemos responsabilidad. El prejuicio a la hora de elegir un libro escrito por una mujer es del lector, marcado por la educación, por supuesto, pero cada uno tiene que combatirlo. Y es sencillo basta con abrirlo, sumergirse en la lectura y una vez leído, aprobarlo o rechazarlo, como cualquier libro escrito por cualquier hombre.. Me molesta bastante ese cartelito de “literatura para ellas” o que me pregunten en alguna entrevista si escribo para mujeres, mis amigos autores, hombres, me aseguran que nunca les preguntan si escriben para hombres… ¿Nosotras podemos leer los Tres mosqueteros y ellos no pueden leer Mujercitas? ¿Les salen ronchas o algo así?

El periodismo, comentabas, es clave para cambiar la sociedad, ¿y la literatura? ¿Crees en el valor transformador de la ficción?

Honestamente, creo que la ficción en la literatura, en el cine, la creación en general ha de vivir en libertad. Me parece peligroso que la búsqueda del valor transformador pueda limitar en algún momento su esencia. El criterio del lector, su educación su capacidad para discernir es el que tiene que poner los límites. Yo quiero que mis sobrinos puedan leerlo todo y rechazar lo que no quieran, preferiblemente después de haberlo leído. Quiero que estén formados e informados, que sepan lo suficiente para sacar sus propias conclusiones.

En esa entrevista comentabas que creemos saber mucho de feminismo, pero no. En la construcción de referentes, ¿qué importancia tiene los personajes femeninos que se construyen en la ficción, las mujeres que se narran en las novelas? Y, consecuentemente, ¿qué importancia tiene, para los lectores, para las escritoras y para la sociedad, poner el foco en las escritoras, en todas aquellas que el relato oficial ha olvidado?

Para poner el foco en las escritoras que ha olvidado el relato oficial recomiendo un par de libros, “Las sin sombrero”(Espasa) que pone en su lugar a las pensadoras y artistas de la generación del 27, que no nos mostraron cuando estudiábamos ese tramo de la historia y un ensayo que acaba de publicar Noelia Adánez, “Vivir el tiempo” (Bella Terra), una aproximación personal a las novelas de autoras del medio siglo, de cómo escribieron para vivir el tiempo que el régimen franquista había bloqueado, como dijo Martín Gaite. Pero en la ficción caben todos los tipos de mujer, no todos los personajes que construyo son personas a las que me gustaría parecerme, referentes, modelos a admirar o a imitar. Las mujeres en la ficción son mujeres diferentes, mujeres brillantes, mujeres mediocres, mujeres generosas o egoístas, mujeres imperfectas, como en la vida.