Ledicia Costas: "Fue terrible cómo se trató en numerosos medios a la víctima de la Manada"

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La escritora gallega Ledicia Costas, reconocida autora de literatura juvenil, presenta Infamia (Destino), una novela negra ambientada en la aldea de Merlo en torno a la misteriosa desaparición de las hermanas Giraud. La profesora de derecho y abogada Emma Cruz se interesará por este caso, acontecido años atrás y al que le rodea un completo silencio. Nadie quiere hablar de lo acontecido.

 

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

 

De la literatura infantil y juvenil al thriller. ¿Le ha sido difícil el cambio de registro y de público lector o ha sido una transición natural?

En realidad, el cambio viene derivado de una necesidad. Mi producción literaria en el campo infantil y juvenil en los últimos años ha sido realmente intensa. Necesitaba expresarme en un registro distinto. Abordé el proceso de creación de Infamia como un reto.

Se inspiró en el caso de Marta del Castillo a la hora de escribir esta novela, si bien la muerte de las hermanas Giraud puede recordar también el caso de Alcasser, así como otros feminicidios recientes, como el de Diana Quer. ¿Cómo le han influenciado todos estos casos a la hora de escribir?

Me han influido de manera radical. Este libro es un grito de rabia. Una reacción a toda esa violencia. Desde el año 2009, han sido asesinadas más de 1000 mujeres en España, a manos de sus parejas o exparejas. Para mí, como escritora, es imposible pasar por alto semejante barbaridad.

El carácter mediático de todos estos casos, ¿revela un creciente interés en la crónica negra y en el thriller como género, pero también una mayor conciencia social ante este tipo de violencia?

Creo que en la actualidad hay una mayor conciencia social porque, por fortuna, la sociedad evoluciona. Pero lamentablemente, el carácter mediático de estos casos se debe en demasiadas ocasiones al morbo y a la posibilidad de aumentar audiencias. No hay más que ver lo que sucedió con el espectáculo que se orquestó con el crimen de Alcasser. Para mí también fue terrible observar cómo se trató en numerosos medios a la víctima de la Manada, siendo cuestionada una y otra vez. El foco estaba en ella, en lugar de colocarse sobre los agresores.

El caso de Marta del castillo plantea un tema que, en parte, aparece también en su novela: el no hallazgo del cuerpo. Esto no solo provoca un gran dolor en los padres, sino que dificulta el proceso.

Me resulta difícil de digerir que diez años después del asesinato de Marta del Castillo no hayan revelado dónde está el cadáver. Las consecuencias de ese pacto de silencio, que también tiene un importante papel en Infamia, son devastadoras. Me pone la carne de gallina pensar en los motivos que tienen los implicados para no desvelar dónde está el cadáver. He pensado mucho en eso. Por esa razón decidí escribir la historia de un supuesto doble asesinato, pero sin cadáveres.

Por lo que se refiere al silencio usted ambienta la novela en un pueblo gallego, en el que nadie quiere hablar de la muerte de las jóvenes. ¿Podemos llegar a hablar de un silencio cómplice?

Por supuesto. Es el pacto de silencio al que he hecho referencia antes. Aquello de lo que no se habla, no existe. Muchas mujeres han callado durante años por vergüenza, por el miedo a ser señaladas y el temor a las consecuencias. En ocasiones, alentadas por las propias familias. Ese silencio esconde en realidad un problema social muy profundo.

¿El silencio es también una forma de negación?

Absolutamente. El silencio como forma de negación y como un método para que esa espiral de abusos, agresiones y violaciones siga intacta. El silencio es un método de control muy efectivo. Con respecto a los casos de pederastia en el seno de la iglesia, ha funcionado durante décadas. Creo que la literatura es un magnífico instrumento para poner el foco en hechos como estos. Es una forma de contribuir a romper ese silencio.

Usted escribe en gallego, ¿cree que todavía hoy existe, por parte de la industria editorial española, una ignorancia o un desinterés hacia la literatura escrita en las otras lenguas peninsulares?

Hay un gran desconocimiento por parte de los editores españoles de los sistemas literarios que conviven en España. En el caso del gallego, que es el que mejor conozco, puedo afirmar que existen autores y autoras de larguísima trayectoria, con docenas de obras publicadas, que son unos completos desconocidos fuera de Galicia. Esto es una anomalía. Algo está funcionando mal. Creo que las traducciones de los libros escritos en idiomas cooficiales al castellano tendrían que fluir con total naturalidad, cosa que no sucede.

Usted se traduce a sí misma. ¿Qué ha supuesto? ¿De qué manera el cambio de idioma altera o modifica el ambiente en el que se desarrolla la novela, un ambiente de habla gallega?

He puesto toda mi atención en eso. Traducir es una labor compleja. Pero de las cosas más bonitas que pueden pasarle a una novela, es poder ser leída en otros idiomas, llegar a otros públicos. Precisamente esa es la magia de la traducción: lograr que una historia viaje muchos kilómetros, sin perder ni una sola gota de su esencia.