Diego Moldes: “El antijudaísmo no viste ningún color ni ideología concreta”

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Diego Moldes publica el ensayo Cuando Einstein encontró a Kafka. Contribuciones de los judíos al mundo moderno (Galaxia Gutenberg)

 

 

Texto: DAVID VALIENTE JIMÉNEZ

 

Diego Moldes, autor de un total de once libros entre ensayos, novela y poesía, ha publicado con la Editorial Galaxia Gutenberg Cuando Einstein encontró a Kafka, una obra compuesta por dos partes: un ensayo y una guía de personajes conocidos, con ascendencia judía o que practican la religión judía, que han aportado su granito de arena al arsenal inventivo humano. La entrevista se produjo una tarde de viernes por teléfono. Me confesó que su interés por la historia moderna del pueblo judío nace por su conexión y amor por el cine- es historiador de cine-, dos películas en especial, la Lista de Schindler (Steven Spielberg) y el pianista (Roman Polanski), lo impulsaron a realizar una labor de documentación exhaustiva: “me llamó la atención que los judíos siendo una minoría atenuante, tuvieran una presencia tan descomunal en el mundo del cine”. Veinte años de lecturas, viajes y entrevistas han dado frutos: un libro de casi setecientas páginas, que en un primer momento el autor junto a sus amigos Jesús Ulled Nadal y José Antonio Redondo, los tres fundadores de la asociación cultural Fania, dedicada a la divulgación estrictamente de la cultura judía, “no tiene pretensiones ni políticas ni religiosas”, trataron de convertirlo en una empresa más ambiciosa, nada menos que una colección de libros sobre la cultura judía y sus integrantes. De esta manera se desarrolló la conversación:

Su libro, especialmente la segunda parte, nos cita constantemente nombres de judíos que han contribuido a los diferentes campos del saber tanto humanísticos como científicos, ¿sería descabellado decir que nuestra cultura más que una base cristina, cuenta con una base judía?

No diría que tiene base judía, más bien la Civilización Occidental se sustenta en dos columnas: la grecolatina o grecorromana, que no es otra cosa que la incorporación de la filosofía griega al Imperio Romano, y la cultura judeocristiana, un término que data del siglo XIX y que introduce nuevos conceptos, que antes no se tenían por aberrantes, como la pedofilia, a la estructura cultural anterior. El nombre de judeocristianismo se debe a que, en los primeros siglos del cristianismo, antes del Edicto de Tesalónica, no había una gran distinción entre judíos y cristianos; es más, la segunda actuaba como una secta de la primera, hablando en un lenguaje actual. En la modernidad los judíos han tenido un papel muy relevante, no voy a decir que mayor al del cristianismo porque hay 1.500 millones de cristianos y tan solo catorce millones judíos. Sin embargo, las cifras nos dicen que estamos ante una anomalía histórica ya que nunca se ha documentado que una minoría multiétnica haya producido tanto para la humanidad. Parto de la tesis de que la emancipación de los judíos, que se produce con Napoleón, cambió la historia de la humanidad y no solo la del pueblo judío.

Es muy común oír o leer, incluso en los medios de comunicación, el sintagma nominal “raza judía”, ¿podría explicarnos por qué no existe tal raza judía?

Como dijo Isaac Asimov solo existe la raza humana y así se demostró científicamente en 1947. Este error se origina en el siglo XIX, con estudios que nos hicieron creer que los Homo sapiens, al igual que los animales, podían albergar razas distintas. Los seres humanos conformamos grupos étnicos, que cuentan con características comunes a nivel social, cultural, histórico, incluso genético. Por desgracia, Las razas no existen, pero por desgracia el racismo sí y se sustenta todavía en las superadas, por la ciencia, teorías del siglo XIX.

¿Por qué empleamos mal el término antisemita?

En realidad, no se emplea mal ya que diccionarios como la RAE recogen en sus acepción que el antisemitismo es el odio a los judíos. El problema es de especificación porque el término se ha mantenido estático desde su origen. Semita es todo aquel que habla una lengua de origen semítico, bien puede ser una lengua muerta como el arameo, una lengua con millones de hablantes como es el árabe, o una lengua también de origen semítico hablada por un reducido grupo de personas, como ocurre con el maltés. Por lo tanto, y aunque lo entendemos como odio al judío, el antisemitismo también podría ser odio al árabe o al maltés. Por este motivo, los intelectuales franceses, sobre todo a partir de los años 70, emplearon el término judeofobia que es más específico.

Portada. cuando einstein encontro a kafkaEn su libro nos habla de que hay grupos neonazis y neofascistas que atacan al judaísmo, dotándolo de ese carácter confabulador, subrepticio contra la sociedad, tan arraigado en el imaginario colectivo. Pero también nos encontramos a grupos de extrema izquierda, que quizá no lleguen al nivel de los anteriores, pero también inventan fabulaciones entorno a la religión judía por la defensa de la causa Palestina. ¿La imagen del judaísmo se está viendo dañada por culpa del conflicto palestino-israelí?

Natán Sharanski distingue cuatro tipos de judeofobia, según el origen temporal y social; el tercer tipo, corresponde a la extrema izquierda que por ser antiisraelí toma algunos tintes judeófobos. Esto no significa que por definición todos los antiisraelíes o antisionistas mantengan esta condición, pero también es cierto que negando la existencia del estado de Israel crean ese doble rasero inconscientemente que afecta a la cultura judía. ¿Hasta qué punto la imagen del judaísmo queda dañada? No sabría decírtelo. De todas maneras, tendría que generalizar y hacer eso lo considero un error. Lo cierto es que Israel es una democracia que tiene como religión oficial del estado al judaísmo, pero que acoge en su seno a diferentes religiones y culturas, no es un estado monolítico donde impera la ley judía. Lo verdaderamente sorprendente es que, aún siendo una democracia, los ataques sean con tanta saña y todo por una falta de conocimiento, más que demostrado, al echarle todas las culpas de la inestabilidad en Oriente Medio. Para subsanar esta falta de documentación histórica, recomiendo la fabulosa obra del historiador Simon Sebag Montefiore: Jerusalén, la biografía. Los lectores que se acerquen a este magnífico libro descubrirán que el territorio que comprende Israel y Palestina ha estado en disputa prácticamente desde el siglo IX a.c y que no ha habido un solo siglo y ni un solo pueblo de los alrededores que no haya luchado por ella.

Le hago la misma pregunta que Mercedes Monmany hizo a Amos Oz para una entrevista en Letras Libres (que usted recoge en el libro), ¿dónde reside hoy el antijudaísmo: en la derecha o en la izquierda?

El antijudaísmo no viste ningún color ni ideología concreta; está en las sociedades en diferente proporción. Es un hecho: el antijudaísmo existe desde que lo hace el judaísmo y tiene relación, bajo mi punto de vista, con el odio hacia el otro, ya que la identidad se construye desde la diferencia y muchas veces se trata de destruir al diferente, o como mínimo despreciarlo, para autodefinirse. El odio abyecto continúa vivo porque los judíos componen un grupo móvil, cosmopolita, políglota y con una historia como pueblo a sus espaldas antiquísima. Los judíos son un pueblo que ha sido capaz de superar todas las barreras impuestas, es decir, ha persistido y se ha mantenido firme a los envites de las sociedades.

Usted comenta en el libro que la globalización lejos de mejorar la situación del judío, la ha empeorado descaradamente. Pero si nosotros leemos a grandes novelistas que vivieron el ascenso del nazismo y que escribieron o ambientaron sus novelas en el periodo de Entreguerras, podemos observar como no hay ni punto de comparación. La analogía más cercana hoy sería la repulsa hacia el islam. Entonces, ¿por qué si hay una mayor alza del antijudaísmo no tenemos esa sensación?

Se debe a una percepción aritmética. En el mundo hay unos 14.000.000 de judíos, de los cuales 40.000 se encuentran en España, mientras que la comunidad musulmana se cifra en 1.500 millones aproximadamente. Evidentemente, por las cifras el número de conflictos será mayor con la comunidad musulmana que con la judía. Sin embargo, porcentualmente, es mayor el número de agresiones antijudías. Sin ir más lejos, la semana pasada en el estado de New York, que cuenta con unos 20.000.000 de habitantes, en tan solo siete días, hubo nueve delitos antisemitas, algunos de ellos con muerte. He visto a judíos en Madrid ponerse una gorra de béisbol para cubrirse la kipá porque si no, sufrían agresiones en el metro. No quiero crear alarmismos con casos aislados, pero nos deberíamos de preguntar por qué en las sinagogas de España y de toda Europa encontramos agentes de policía y militares armados con ametralladoras, cosa que en las iglesias no. Esto nos demuestra que el prejuicio contra los judíos todavía está vigente, si bien este prejuicio no lo encontramos en la mayoría de la población. Tampoco nos olvidemos que el antisemitismo es más difícil de corregir que el racismo hacia los negros y los chinos, por poner un ejemplo, debido a la sutileza que reviste. Es muy fácil identificar a un negro o a un chino: tienen una serie de rasgos que los identifican, pero no ocurre lo mismo con judío. Al judío solo lo puedes identificar si él se muestra como tal.

¿La población judía vuelve a sentirse insegura?

Inseguros no es la palabra, sino incomprendidos porque sienten que un sector de la población no entiende su cultura. Su situación no es comparable a la de los años 20 y 30, cuando el antisemitismo era un hecho frontal amparado incluso por las instituciones públicas. Vivimos en democracias laicas donde impera la libertad de pensamiento y religiosa. A pesar de esto, hay grupúsculos realizan ataques contra los judíos y especialmente contra los judíos israelíes por el conflicto árabe-israelí. Ante esto, mi intención con el libro es mostrar al público español que los judíos han contribuido para bien en las sociedades. Negarlo es de idiotas, pero también lo es negar que muchas veces las contribuciones judías se malinterpretan intencionadamente. Por ejemplo, los judíos están detrás de la invención de Internet, pero ellos no son responsables de cómo sea empleada la herramienta, escapa por completo a sus competencias. Aun así, más de uno habla de una conspiración mundial judía.

En la primera parte del libro, usted nos da un dato revelador. Según la ADL (la Liga Antidifamación) 2/3 partes de un grupo de personas encuestadas no habían oído hablar del Holocausto nazi, ¿Cree que, si hubiera un mayor conocimiento del Holocausto a nivel mundial, los crímenes de lesa humanidad y los genocidios actuales tendrían más visualización social?

Sin ninguna duda. Sobre el Holocausto nazi se han vertido ríos de tinta, se han gastado metros y metros de cinta de video y se enseña en las escuelas, pero todavía es una asignatura pendiente, ya que hay una parte de la población que tiene una idea equivocada o un desconocimiento de lo ocurrido, incluso hay negacionistas del Holocausto. El Holocausto nos dejó una enseñanza muy bien expresada por el sociólogo Zygmunt Bauman en su obra Modernidad y Holocausto y no es otra que el Holocausto nazi es consecuencia de la modernidad y no de una aberración histórica producto de la barbarie humana; fue un asesinato industrial de un grupo humano con unas características determinadas. Como el avance tecnológico no se detiene, cabe la posibilidad de que otro acontecimiento demencial como el Holocausto se vuelva a producir. Por eso Bauman propone que los niños desde la más tierna infancia sean educados en que un hecho de esas dimensiones se puede repetir.

Hay mucha literatura sobre el genocidio nazi, por el contrario de genocidios como el ruandés, el turco a los armenios o el británico a los maoríes no hay tanta. ¿A qué se debe?

La explicación es muy sencilla. El contexto en el que se produce el genocidio nazi, dentro de la segunda guerra mundial que es consecuencia de la primera y que entre las dos guerras suman un total de víctimas superior al número de víctimas producido por las guerras a lo largo de la historia de la humanidad. Si a esto le añadimos el carácter industrial, inhumano, sin precedentes en la historia, entendemos por qué el genocidio judío dispone de tan variada y amplia bibliografía. También las cualidades ilustradas del pueblo judío permitieron una mayor divulgación, ya que los supervivientes escribieron relatos sobre sus años en los campos de concentración y para un investigador no es lo mismo documentarse en una fuente escrita que en una oral; la oralidad, antes de difuminarse, toma muchos caminos. Pero hay una peculiaridad que para mí marca más la diferencia: el Holocausto nos hizo ver que una situación de tal nivel de barbarie y deshumanización se podía volver a repetir, si no había una norma moral que condicionara a los estados.

¿Cómo puede ser que un porcentaje pequeño de la población española siga siendo antijudía sin ni siquiera conocer a gente judía?

En España se produce un desconocimiento generalizado de la cultura judía por la expulsión de los judíos en 1492. La Inquisición no desaparece de España hasta el 1834, por lo tanto durante tres siglos no hay contactos con comunidades judías; suficiente tiempo para construir un mito irreal del judío basado en proyecciones antisemíticas.

¿La expulsión de los judíos de la Península Ibérica atrasó la construcción del estado moderno?

Así es. Los judíos, gracias su nivel de alfabetización, accedieron a puestos de cuentas públicas, además su poliglotismo les convirtió en un puente imprescindible entre cristianos y musulmanes. Con su expulsión, estos huecos quedan completamente vacíos, no había gente competente que los cubriera.

A lo largo de la historia el antijudaísmo ha recibido más rechazo en países cristianos, ¿Cuál es el punto de inflexión que hacen a las posiciones cristianas y judías irreconciliables?

Entramos en la gran paradoja: el cristianismo es una religión sustentada en la figura histórica de un judío; en realidad el cristianismo nace como una secta del judaísmo que con el tiempo necesita distanciarse para autoproclamarse como la verdadera fe. Para ello, la iglesia romana del siglo IV d.c inventa que fue el judío el asesino de Jesús, cuando en realidad fue Roma quien mató a Cristo con sus propios métodos. Todos estos siglos, la iglesia ha tratado de mostrar que es la verdadera fe; son los cristianos quienes crean el concepto de antiguo y nuevo testamento, algo completamente artificioso porque la Biblia en realidad es una recopilación de textos. La Iglesia Católica, a partir de la Declaración Nostra Aetate, de 1965, corrige siglos de antijudaísmo y, desde entonces, desde hace más de medio siglo, tiene en general muy buenas relaciones con el judaísmo."