Marie-Hélèn Lafon: "no hay nada más universal que el polvo de estrellas"

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Después de "Los países", la escritora francesa Marie-Hélène Lafon publica "Nuestras vidas" en la editorial Minúscula

 

 

 

 

 

texto: ANNA MARÍA IGLESIA

 

Fuimos muchas las que descubrimos a Marie-Hélène Lafon con Los países, una breve novela en torno a una joven, Claire, que abandona su vida en una granja de la provincia de Cantal para ir a estudiar a París. Ahora, la editorial Minúscula publica Nuestras vidas. En esta nueva nouvelle, traducida una vez más por Lluis Maria Todó, Lafon cuenta las vidas reales e imaginarias de pocos a través de la mirada de Jeanne, una mujer que llegó desde las provincias a París hace muchos años. La acción se desarrolla en un supermercado, ahí Jeanne se encuentra con Gordana, la cajera, y con un hombre, cliente habitual. A través de estos tres personajes, Lafon aborda el tema de la soledad, recurrente en sus obras, y, observando los pequeños detalles de una cotidianidad nada banal, se adentra en la vida de sus personajes, en los que, al final, terminamos por reflejarnos todos.

¿En cierta manera, Jeanne es Claire de mayor, es la mujer que llegó a París de joven y ahí ha permanecido a vivir?

Puedes verlo así por completo y, por tanto, establecer una filiación entre Claire y Jeanne, entre un libro a otro, incluso si yo como escritora no lo hubiera pensado necesariamente así. Hay bastantes elementos implícitos en mis libros para que los lectores desplieguen su imaginación en los silencios y márgenes de los textos.

¿Hasta qué punto la historia de Jeanne es la de una decepción con la gran ciudad y la de Claire es la de una ilusión?

Mi respuesta a la pregunta anterior también podría aplicarse a esta. Además, podríamos invertir, mezclar o unir las dos palabras, decepción e ilusión, en la doble estela narrativa trazad por Claire y Jeanne. Nunca trabajo sobre aspectos o cuestiones psicológicas. Lo que me interesa es mostrar personajes, mujeres y hombres luchando con cosas, situaciones, personas, paisajes y sucesos. Claire y Jeanne, como todos mis otros personajes, hacen lo que pueden en el mundo tal y como es.

Nuestras vidas es una novela sobre la soledad. ¿Es la soledad una característica connatural a las ciudades y, en este caso, París?

La soledad es un material narrativo que recorre todos mis libros, ya estén ambientados en el mundo rural, que es lo más frecuente, o en el mundo urbano. La soledad urbana, que surge en la proximidad de las ciudades, no tiene nada que envidiar a la del mundo rural, incluso si sus formas son diferentes. Sin embargo, en ambos casos, tanto en las ciudades, en este caso París, como en el campo, la soledad no es una enfermedad y, mucho menos, una maldición. Es una forma de estar en el mundo, de desplegarse allí, y puede ser, es digno, alegre, vertiginoso ...

En esta soledad, el supermercado se convierte en un punto de encuentro para los tres personajes.

Lugares como los supermercados, las tiendas, las cafeterías, las bibliotecas y muchos otros son obviamente vitales e inevitablemente surgen en las ciudades. En mis novelas, no estoy inventando nada, miro el mundo, me atraviesa y reproduzco este proceso por escrito.

En Los países, narra la historia de Claire, una joven que deja el departamento de Cantal para ir a estudiar a París. ¿Su historia fue y es la historia de muchas jóvenes de provincias?

El itinerario de Claire es obviamente el de varias generaciones, y también es mío. Es sociológico, histórico, económico ... Precisamente por esto, nunca he tenido la tentación de escribirlo diciendo "yo" ... Y lo mismo se puede decir de Jeanne, su itinerario es el de muchas mujeres.

Jeanne inventa historias para Gordana y para Horacio. ¿Inventar o fantasear son formas de sentirse menos solos?

Inventar es una forma de habitar el mundo, de poblarlo muy probablemente también, de mudarse allí. Una forma de establecer o mantener contacto también a veces. Este es precisamente el caso de Jeanne Santoire, que comienza inventando historias en torno a su abuela ciega ...

A través de sus tres personajes, usted retrata el París de hoy, sus habitantes. ¿Le interesa más lo micro que lo macro? ¿Es en lo micro donde se encuentra lo universal?

Si cuando hablas de "micro" te refieres a lo real inagotable, a sus mil meandros, giros y vueltas, sí, tienes razón: es ahí donde está lo que me interesa. Y, por esto, lo que hago es entrar en lo micro, pero no para desgastarlo, sino que voy a dejar que sea él el que me desgaste a mí. Creo que no hay nada más universal que el polvo de estrellas.

Flaubert es autor del cuento Un corazón sencillo, donde, a través de Felicidad y de la casa burguesa en la que trabaja, describe la vida de provincias en el siglo XIX. ¿Es éste su modelo?

Obviamente Flaubert es el jefe. For ever. Esto mismo es lo que digo en un texto que lleva por título Flaubert para siempre y que la editorial Minúscula publicará el próximo otoño. Flaubert es muy intimidante y, al mismo tiempo, muy estimulante. Es un alimento esencial, néctar puro y, a la vez, es un veneno fulminante. En este sentido, tiene algo de inaccesible, siempre, pero, especialmente Un corazón simple, que es la suma de todos estos elementos.

París es una ciudad que ha sido muchas veces narrada, ¿no pasa así con el ámbito rural, con su Cantal natal?

París está, efectivamente, muy presente en la literatura, mientras que el Cantal, el Macizo Central y el mundo rural en general, están mucho menos encarnados. No son lugares que haya sido, a lo largo de la historia literaria, particularmente narrados y mapeados. Sin embargo, hay que decir que las cosas comenzaron a cambiar mucho de la mano de escritores nacidos después de 1945 y activos desde principios de los 80, como Pierre Michon y Pierre Bergounioux. Yo formo parte de esta estela, de este linaje.