Carlos del Amor, compañero de la soledad

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Carlos del Amor (Murcia, 1974), periodista de RTVE. * Ha debutado en la novela con El año sin verano, donde cuenta cómo, durante un agosto en la capital, un periodista de informativos catódicos se mete en un piso que lleva mucho tiempo vacío y se enreda en una historia de amor sorprendente. * “He pasado veranos en Madrid y tiene algo de mágico ese silencio, esa bajada de intensidad. La soledad es muchas veces una excelente compañía”. * “En cuanto salimos de nuestro espacio de confort todo es desconocido. El vecino es un ser extraño del que no sabemos si está sufriendo o está viviendo un momento feliz. Preguntamos poco, nos interesa poco”. * “Creo en la magia de lo cotidiano y me parece una fuente inagotable de literatura”. *  “Es imposible gustar a todo el mundo, si intentas gustar a todos corres el riesgo de volverte loco y de terminar por no gustar a nadie. Yo cuento las cosas como me gustaría que me las contaran”. * “Un buen libro, una buena película, un buen cuadro permanecerán en el tiempo mucho más que una nevada en pleno invierno que ocupa tantos minutos en un informativo. Además, la cultura nos hace crecer, y nos hacer pensar, y nos permite hacernos preguntas. La cultura es educación y la educación es vital para construir una sociedad mejor”. 

 

 

texto ANTONIO ITURBE / foto ASÍS AYERBE

Carlos del Amor tiene una ceja que sube y baja. La vemos ascender y descender desde la pantalla de los telediarios de TVE con esa manera suya de convertir la información cultural en asombro. Abre una nueva pantalla literaria en su primera novela, El año sin verano. Un periodista de informativos de televisión se queda a trabajar en Madrid en un agosto de calma chicha. La curiosidad propia del oficio lo llevará a meterse en un piso que lleva mucho tiempo vacío y, como un okupa silencioso, leer y estirar los hilos de una historia de amor sorprendente y una muerte poco clara, hasta llegar al ovillo.

 

Dice que se trata del “verano en que murió mi padre y supe que iba a ser padre…”. Nos cuentan que la vida es un camino hacia adelante como si fuera una línea recta, pero… ¿no tiene más de curva? 

En un círculo se vuelve siempre al mismo sitio, imagínate una vida regresando siempre a los mismos lugares y a las mismas experiencias. Creo más bien en ir hacia delante sin olvidar el lugar del que venimos… Los círculos son cerrados y corres el riesgo de quedarte atrapado en ellos. 

Describe esos veranos urbanos en que Madrid se hace más silencioso… ¿literatura o experiencia propia?

Mezcla. He pasado veranos en Madrid y tiene algo de mágico ese silencio, esa bajada de intensidad, comprobar cómo se descongestionan las arterias y se puede respirar un poco mejor. La soledad es muchas veces una excelente compañía.


Nos habla de las historias que suceden al lado, a un tabique de distancia, sin enterarnos. ¿Estamos menos informados sobre el mundo real de lo que creemos? 

Estamos informados de nuestro mundo, que es un micromundo, pero en cuanto salimos de nuestro espacio de confort todo es desconocido. El vecino es un ser extraño del que no sabemos si está sufriendo o está viviendo un momento feliz. Preguntamos poco, nos interesa poco, intercambiamos un hola en el ascensor y con eso salvamos la situación. Nos pasamos la vida salvando situaciones, quizá deberíamos empezar a vivirlas. Nos rozamos pero no nos tocamos.


Cuando habla de las cosas de Simón y Ana, uno tiene la sensación de  asistir a un relato que tiene algo o mucho de fábula. ¿Es un efecto buscado? 

Nada es buscado, sale de forma natural. El pasado de Simón y Ana, y su encuentro delante del cuadro de Rigaud, tienen mucho de fábula, pero fue así como se conocieron, o como mi cabeza quiso que se conocieran.


Hay cosas que me recuerdan al mundo sorprendente-provincial de Luis Mateo Díez… 

Lo entrevisté hace años y, además de estupendo escritor, es un gran tipo. A todos nos gustaría crear nuestro Celama, a todos nos gustaría también tener un territorio inventado en el que poder refugiarnos. En la novela, Simón y Ana vienen de lugares inventados que no salen en los mapas, de sitios donde hay algo de realismo mágico, niños con amigos imaginarios, vecinos que ayudan en un nacimiento.

 

¿Realismo mágico es un término literario desfasado?

Hay realidades que tienen mucha magia.


En un momento dado se habla de “la magia de lo cotidiano”. ¿Realmente tiene magia lo común y corriente? ¿No corremos el riesgo de regocijarnos en una cierta blandenguería cursi? 

No estoy de acuerdo, ¿por qué lo cotidiano no puede tener magia? Yo veo a mi hijo de un año todos los días y cuando hace cualquier cosa me parece mágico, y es cotidiano. Cuando escucho una canción que me encanta me parece un momento mágico, cuando voy al cine y disfruto con una película me parece mágico (Boyhood, la película de Linklater, es un elogio mágico a la cotidianidad), algo tan cotidiano como estar delante de un cuadro puede ser mágico. Una buena conversación es mágica, leer un buen libro. Creo en la magia de lo cotidiano y me parece una fuente inagotable de literatura. 


Se habla del amor, pero también se habla mucho de la muerte de manera directa. ¿La cara y la cruz de la vida? 

Sí, el amor a lo que sea, a quien sea, es lo que hace que nos movamos, que sigamos, que todo cuadre, pero de repente eso que amas o eso que quieres deja de estar y la vida te abofetea.


Dice que “en la tele, cada palabra cuenta”. Para lograr hacer ese tipo de información cultural personal en medio de los informativos tradicionales, ¿ha tenido que vencer muchas reticencias? 
No, siempre me han dejado hacer las cosas como pienso que debería hacerlas. Es cierto que hay gente que te puede mirar raro, que discrepa del enfoque, pero es imposible gustar a todo el mundo, si intentas gustar a todos corres el riesgo de volverte loco y de terminar por no gustar a nadie. Yo cuento las cosas como me gustaría que me las contaran, porque creo que si todos contáramos las historias de la misma manera no haría falta que fuésemos a las coberturas, bastaría con copiar y pegar un teletipo. 


La información cultural siempre va en la parte de atrás de los informativos, de alguna manera los programadores  nos están diciendo que es irrelevante frente a Internacional, Sucesos o Nacional… ¿Es la información cultural realmente importante?

De la más importante, es la menos efímera. Un buen libro, una buena película, un buen cuadro permanecerán en el tiempo mucho más que una nevada en pleno invierno que ocupa tantos minutos en un informativo. Además, la cultura nos hace crecer, y nos hacer pensar, y nos permite hacernos preguntas. La cultura es educación y la educación es vital para construir una sociedad mejor. 


¿Qué se puede hacer para que la información cultural resulte más relevante mediáticamente?

Que los que deciden apuesten por ella, que nos quitemos el sambenito de que baja la audiencia, que los que hacemos información cultural la hagamos lo más atractiva posible para que el espectador la demande.