“El terrorismo de ETA es un hecho traumático y sangriento que una parte de la sociedad española no quiere recordar”

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Con Gaizka Fernández, coordinador del libro "Pardines" y asesor de la serie "La línea invisible" de Movistar,  recordamos el primer asesinato de la banda terrorista que tuvo lugar un 7 de junio de hace 52 años

  

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Texto: David Valiente Jiménez.

 

La tarde del 7 de junio de 1968, el joven guardia civil José Antonio Pardines Arcay detuvo un Seat 850 coupe de color blanco con matrícula falsa, en una desviación de la carretera Madrid-Irún. Pardines realizaba un control rutinario con su compañero Félix de Diego Martínez, cuando vio el coche ocupado por los dos etarras Txabi Echebarrieta e Iñaki Sarasketa. Algo en los dos ocupantes del vehículo despertó el rasgo humano, inopinado, llamado intuición. Tomó su moto (su pasión por las motos le llevó a pedir su traslado a la unidad de tráfico) y los siguió hasta un pequeño entrante de la carretera donde los ocupantes pudieron detener el Seat 850. En esos momentos, el joven Pardines, de apenas 25 años, no podía intuir que esa sería la última vez que bajaría de su moto para pedir la documentación a algún infractor.

Echebarrieta y Sarasketa, miembros de la banda terrorista ETA, estaban cometiendo un acto delictivo (robo de coche y traslado de explosivos) aunque no tan ominoso como el que iban a cometer en los siguientes minutos. Pardines se acercó al coche y saludó a los ocupantes del vehículo. Les pidió la documentación y fue a comprobar el número del coche al maletero, donde se encontraba el motor. La situación dentro del vehículo cada vez era más tensa: una mezcla de nerviosismo y drogas afectaban al conductor del coche, Txabi Echebarrieta. El mismo Sarasketa relató en La Revista de El Mundo las condiciones psíquicas en las que se encontraba Echebarrieta la tarde de autos y como de sus labios salieron las siguientes palabras: “si lo descubre le mato”.

Los dos jóvenes bajaron del coche, mientras Pardines inspeccionaba el número del motor. Concentrado como estaba en identificar el vehículo no se dio cuenta de que Txabi sacaba un arma. En el momento que Pardines dijo que los números no coincidían, se oyó el cañón de la Astra, modelo 600-43, portada por Echebarrieta. Un segundo después, el Guardia Civil José Antonio Pardines Arcay de 25 años, yacía muerto por “un par de disparos” que “le desgarraron la membrana del corazón y el ventrículo derecho del mismo. El otro par le atravesaron la base del pulmón izquierdo y el diafragma y le laceraron el hígado" Las heridas le habían “originado la muerte de manera instantánea”, nos relata Gaizka Fernández Soldevillas, coordinador junto con Florencia Domínguez Iribarren, del libro Pardines. Cuando ETA empezó a matar (Tecnos).

Muchas son las incógnitas alrededor de la muerte de Pardines, entre las que se encuentra quién disparó cuatro de los cinco tiros que terminaron con la vida del guardia civil. Según Sarasketa, el único testigo que pudo ofrecer su testimonio, ya que Echebarrieta murió horas después en una refriega policial, los cinco disparos salieron del cañón de Echebarrieta, aunque en el escenario del crimen se encontraron casquillos de bala de una Astra Falcón de 7,65 milímetros, pistola que el mismo Sarasketa portaba. Estos y otros misterios son revisados en el libro Pardines. Cuando ETA empezó a matar, una obra fundamental para conocer el periodo de vida de una de las bandas terroristas más longevas y sanguinarias de nuestra historia reciente, además de ser una obra de culto y respeto a las víctimas del terrorismo etarra que, por desgracia, nuestra sociedad no siempre las tiene tan en la mente como debería, o al menos, así me lo dio a entender Gaizka Fernández en la charla telefónica que tuvimos a mediados de mayo.

En la introducción del libro, Florentino Domingo habla de la necesidad de impedir que las víctimas del terrorismo de ETA caigan en el olvido, ¿cómo llevan los españoles esta asignatura?

Yo creo que las recuerdan parcialmente. Al igual que la Guerra Civil, el terrorismo etarra es un hecho traumático y sangriento que una parte de la sociedad española no quiere recordar; por eso prefieren pasar la página sin antes pararse a leer que pone en ella.

¿Entonces es algo voluntario o nos han robado el relato?

En los centros educativos la enseñanza sobre el terrorismo de ETA es escasa o directamente nula. El tema siempre aparece a final del curso, cuando no hay tiempo de trabajarlo exhaustivamente. Además, los materiales recogidos sobre el terrorismo etarra en los libros de texto son muy pobres. Conclusión: los chavales pasan la ESO y el bachillerato sin saber qué fue ETA.

¿Qué papel juega José Antonio Pardines Arcay en la memoria histórica actual?

Lo de Pardines es un caso curioso: es la primera víctima de ETA, pero a la vez es el gran desconocido. Hicimos una encuesta en el País Vasco preguntando quién fue la primera víctima de ETA, y tan solo un 1,2 % de los encuestados supo decirnos su nombre. Así como hay víctimas que todo el mundo recuerda, por ejemplo Miguel Ángel Blanco, Pardines es el gran desconocido de la violencia etarra.

¿Por qué?

La propagando etarra le ocultó o le dibujó como el agresor y no como la víctima, lo que realmente es. Por supuesto, esto ha causado que su recuerdo se fuera diluyendo. Ahora, nuestra labor es recuperar su memoria, labor que estamos desempeñando desde el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, que echó a andar hace cuatro años, y que en un tiempo razonable abrirá sus puertas al público.

Haciendo una revisión bibliográfica, me he dado cuenta de que no hay una literatura científica con un discurso crítico sobre ETA hasta entrado los años 90, ¿a qué se debe?

ETA no era como cualquier otro tema de estudio, acercarse a él con una visión crítica podía llegar a tener consecuencias serias para la vida personal del historiador. También, el acceso a las fuentes estaba limitado por la legislación; hasta no haber pasado un tiempo, los informes necesarios para el trabajo de investigación estaban vedados. Estos dos factores paralizaron mucho el estudio reciente de ETA.

¿Cree que la falta de un 68 en España propició el crecimiento de ETA?

No lo creo. ETA es una manifestación local de un fenómeno universal; en realidad, la violencia terrorista surge por todo el mundo. Sin ir más lejos en Italia nos encontramos con grupos neofascistas, y ya no hablemos de Latinoamérica donde se formaron guerrillas que desafiaron las capacidades organizativas de los estados. En comparación con otros grupos, lo realmente genuino de ETA es el tiempo que permanece activo; cuando en Italia o en Alemania el terrorismo había caído casi en el olvido, en España continuó matando.

Así que el País Vasco no era como lo mostraba la propaganda de ETA…

Tras la guerra civil, el País Vasco, al igual que el resto de territorios españoles, sufre represión, pero no es ni de lejos el territorio que más padece los envites del régimen; las zonas donde se produce mayor represión franquista son Andalucía y Extremadura, pero, casualmente, en esas regiones no se formaron grupos terroristas. Por lo tanto, ETA no es una respuesta a la represión del estado. Además, en los años 50 y 60, y esto lo reconocieron los mismos etarras, se vive un periodo de industrialización y crecimiento económico que propició un cierto nivel de bienestar. Este hecho produce el rechazo de la banda terrorista, ya que considera que la sociedad vasca está dormida y deciden despertarla de su sueño formulando la estrategia de Acción-Reacción-Acción, que, esta sí, introdujo de lleno al País Vasco en la represión estatal.

En el segundo capítulo, Santiago de Pablo afirma que hay una falta de estudios que puedan demostrar si la sociedad vasca en su mayoría se acomodó al régimen o actuó de forma contestataria, ¿a qué se debe esa falta de trabajos?

En realidad sí tenemos estudios, pero la mayoría de ellos sobre la oposición antifranquista y no sobre los vascos franquistas, que los hubo. Es importante recordar que del País Vasco, durante la Guerra Civil, salieron muchos voluntarios que combatieron en el bando nacionalista. La falta de estudios se debe a una cuestión ideológica: al historiador le ha costado siempre estudiar al franquismo y eso ha propiciado que los franquistas vascos hayan sido ocultados. Lo sano sería estudiarlos como parte de la historia, narrar lo que ocurrió, evidentemente, sin exaltarlos.

El Ministerio del Interior cifra en 854 el número de víctimas del terrorismo etarra, cifra que contrasta con la presentada en el libro por Raúl López Romo que la desciende a 845, ¿por qué esa diferencia en el número?

El número exacto de víctimas de ETA es muy polémico, todavía hay un gran debate acerca de algunos casos que no están claros. Por ejemplo, en los casos de Petur y el Parra, que son dos miembros de ETA desaparecidos en el País Vasco francés, aún no se ha esclarecido si los asesinó un grupo parapolicial o la misma banda terrorista. Con los datos que tenemos no es posible, por ahora, establecer con certeza absoluta el número de víctimas de ETA. Más de trescientos casos de asesinatos están sin resolver.

Entonces, ¿el Ministerio del Interior que parámetros emplea?

Desconozco los criterios empleados en la lista ministerial, además tampoco aparece el autor de la misma. Con los datos que tenemos en la mano, yo diría que hay más de 850 víctimas de ETA. Pero no pensemos que el desconocimiento del número de víctimas exacto ocurre solo con ETA, en el caso de las Brigadas Rojas también hay serias dudas.

Usted dice que el asesinato de José Antonio Pardines Arcay ha sido contado un montón de veces, pero ninguna se acerca a un relato veraz, incluso en algunas publicaciones se inventan datos…

Los periódicos del día siguiente cuentan una versión con bastantes errores. A la mala información tenemos que añadir que la propaganda de ETA transfiguró por completo el relato, porque su primer asesinato no podía ser a sangre fría y a un joven guardia civil que tan solo estaba poniendo multas. Entonces inventaron una historia típica de las películas del oeste, en la cual Pardines es el primero que va a desenfundar la pistola y ellos solo se defienden. Como hemos comprobado, la propaganda etarra surtió efecto y los libros, escritos a posteriori, se basan en el relato de la banda terrorista. Así se ha producido el efecto del teléfono escacharrado: error tras error se ha inventado un discurso falso. Pero gracias a los informes de balísticas y las sentencias del tribunal que condenó a Sarasketa, hemos podido hacer un discurso más acorde con la realidad y comprobar que su versión no encajaba con los hechos.

Etxabe dijo que había una intención de lucha por parte de la banda, pero no de matar, ¿qué llevó a un grupúsculo de jóvenes veinteañeros a portar armas y a perpetuar los atentados más sangrientos de la historia reciente de nuestro país?

Desde un principio tuvieron claro que el camino para conseguir sus objetivos pasaba por la violencia, pero lo de cometer asesinatos no lo veían tan claro por dos motivos: sus barreras morales y la falta de armas. Estos primeros etarras eran jóvenes educados en la fe católica, en el sexto mandamiento de “no matarás”. Etxabe nos relata como visitó a un sacerdote para explicarle sus problemas morales y como este le respondió que por la patria el asesinato estaba de sobra justificado. Los etarras ya pudieron dar un paso más, pero curiosamente muchos de ellos perdieron la fe en la iglesia. Solo quedaba por solucionar el problema de las armas y lo hacen en el 67, atracando unos cuantos bancos. Con armas y sin trabas morales, comenzaron a matar.

pardinesLeyendo el libro se deduce que el régimen no prestó atención a los primeros movimientos de ETA, lo que le permitió actuar libremente.

Revisando la documentación policial de los años 60, compruebas que sus prioridades son el Partido Comunista, Comisiones Obreras y los curas. ETA actúa en plena Guerra Fría, la mentalidad del momento estaba obcecada con el comunismo y el movimiento obrero, además ETA, por aquel entonces, era todavía un grupo pequeño. No será hasta el 68, cuando se produce el primer asesinato, que la Guardia Civil preste una mayor atención a la banda terrorista; y años después, tras el asesinato de Carrero Blanco, ETA se convirtió en el principal objetivo de los cuerpos de seguridad del estado.

Nunca pensaron en cambiar su estrategia de actuación, ese sistema de acción-reacción-acción.

De hecho, la cambian durante la transición, cuando el régimen es sustituido por una democracia parlamentaria. Han pasado diez años y no han conseguido esa guerra revolucionaria que establecía en un principio sus directrices, no les queda otra que diseñar una nueva estrategia de actuación. Esta vez, los atentados van dirigidos a los Cuerpos de Seguridad del Estado y al estamento militar; querían conseguir ruido de sables, un amago de golpe de estado por parte de los poderes coercitivos para que Suárez accediera a todas sus exigencias.

Con el terrorismo islámico nos hemos dado cuenta de lo efectiva que es la Guardia Civil en cuestiones de inteligencia y prevención de atentados, pero da la sensación por lo que narráis en el libro de que el aprendizaje fue lento y tortuoso.

Exactamente. ETA no se parecía en nada a los maquis; no combatían en el monte, sino que eran un grupo moderno que trataba de emplear técnicas de vanguardia. La Guardia Civil, cuando aparece el grupo terrorista, no estaba preparada para hacerles frente, su respuesta era la misma que con los maquis: detenciones masivas que solo conseguían fortalecer socialmente al grupo terrorista. A la Guardia Civil, le costó mucho aprender. Pero ya en los años 90, contaba con la suficiente capacidad en cuestiones de inteligencia como para anticiparse a los movimientos de la banda. Y, sin ninguna duda, esta experiencia la han empleado contra otros grupos terroristas. Es cierto que hemos sufrido dos atentados brutales, pero otros muchos han sido desarticulados.

Por el contrario, da la sensación de que ETA era un poco desastre y sus acciones estaban amparadas por la suerte.

Los primeros etarras fueron jóvenes veinteañeros sin ninguna experiencia en el manejo de las armas y los explosivos, salvo por lo aprendido en la mili. Además, disponían de un armamento antiguo y defectuoso y el apoyo social que recibían era mínimo. Por eso muchos de sus actos terminaron siendo un desastre monumental, como el error cometido en la ciudad de Eibar, donde colocaron un artefacto bomba en un colegio de niños pequeños confundiéndolo con un edificio de las juventudes falangistas situado justo en frente; solo la suerte impidió que la bomba explotara. Ya entrados los años 80 los comandos cuentan con más preparación y medios.

Usted asesoró en la realización de la serie La línea invisible, que se emite en Movistar. Me gustaría que se pusiera en la piel de un comercial y nos diera motivos para ver la serie.

La línea invisible tiene una mezcla de efectos y rigor histórico difícil de encontrar en otras producciones. Por un lado, es entretenida porque cuenta con un elenco espectacular y unos efectos de cámara bien originales; por el otro, creo que es una de las series más basada en hechos reales que se han realizado en los últimos años, por lo tanto, las personas que la vean estarán dando un repaso a la historia de España.

¿ETA puede volver a resurgir?

ETA como tal, no lo creo. Pero si no desarticulamos el discurso del terror activo en el País Vasco, corremos el riesgo de que dentro de una o dos generaciones resurja algún grupo terrorista similar a ETA. Quienes estudiamos historia sabemos que cuando una herida no se cierra es posible que haya un rebrote de violencia. Por ahora, es cierto que existen grupos nostálgicos que cometen pequeños actos vandálicos, pero que aún no están dispuestos a asumir las consecuencias que actos como los de ETA tienen; tampoco disponen del dinero ni del apoyo social para hacerlo.