Joumana Haddad: “El extremismo islámico y la extrema derecha son aliados: uno justifica la existencia del otro”

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Haddad es una de las 100 mujeres árabes más poderosas del mundo por su activismo social y cultural, según la revista Arabian Business

  

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Texto: Alejandro LUQUE  Foto: Spartacus

Se expresa en un español casi perfecto, salpicado de expresiones de algunos de los otros seis idiomas que habla. Joumana Haddad (Líbano, 1970) tiene un discurso claro y contundente, que tiene en la defensa de las mujeres uno de sus puntos fuertes. Impulsora de la revista Jasad (Cuerpo), que abordaba aspectos relacionados con el cuerpo humano desde los más diversos ángulos, es la autora de títulos como Yo maté a Scheherazade: Confesiones de una mujer árabe furiosa, Superman es árabe, The Return of Lilith y The Third Sex y La hija de la costurera (Lumen). Haddad, actualmente volcada en la política, está seleccionada como una de las 100 mujeres árabes más poderosas del mundo por la revista Arabian Business por su activismo cultural y social.

Después de haber escrito poesía y varios ensayos, ¿cómo surge su salto a la novela?

En efecto es mi decimoquinto libro, pero mi primera novela. En La hija de la costurera parto de la historia de mi abuela materna, que era armenia y sobrevivió al genocidio armenio cuando tenía 3 años. Perdió a toda su familia, vivió una vida muy dura y se suicidó cuando yo tenía 7 años. Yo imagino su vida, pero de paso hablo de tres generaciones de mujeres. Además de ella con el genocidio armenio, hablo de su hija con Palestina, su nieta con el Líbano –que sería yo–, y su bisnieta con Siria. Entonces pensé que desde 1915 y hasta 2015 ha habido cuatro guerras devastadoras en esta zona que, me temo, está atrapada en un círculo vicioso de muerte y de odio. Pero es ficción, aunque el personaje de mi abuela sea verdadero.

En el Líbano ya hay una generación que no ha conocido la guerra. ¿Se mantiene aún el recuerdo del conflicto?

¿Sabes? Yo nací en 1970, y la guerra empezó en 1975 y se prolongó hasta los años 90. Lo increíble es que los mismos jefes que hicieron la guerra siguen gobernando el país hasta ahora. La guerra para mí no se ha terminado, nadie me ha pedido perdón por hacerla. Todos siguen gobernando y conservando el poder, sin ninguna forma de arrepentimiento. ¿Cómo podemos olvidarla? Claro que está la generación de mis hijos, que no la han vivido, ni tampoco estudiado, porque en los libros de Historia no se aborda. Es como si el Líbano se hubiera acabado antes de la guerra civil. Hay muchas versiones, y no pueden ponerse de acuerdo sobre lo que ocurrió realmente,

¿Habrá paz algún día en el Líbano?

Quizás, no sé. El Líbano es como yo, un volcán. [risas] A veces duerme, pero la lava está ahí abajo. 

¿Cómo es el momento actual de la creación en el mundo árabe? ¿Qué libertades hay para escribir, para comunicar a través del arte?

Desgraciadamente, la situación no ha mejorado en los últimos diez años. Quizá en algunos países incluso ha retrocedido, porque lo que algunos llaman Primaveras árabes, en su mayor parte han sido secuestradas por los islamistas y han creado un clima con menos libertades y más represión, más opresión. La situación sigue siendo muy complicada para quienes quieren crear sin respetar los límites o las líneas rojas, como tiene que ser la creación. Es un gran problema.

¿Hay países que disfruten de una situación notablemente mejor que la de otros?

Por lo general me preguntan por el mundo árabe, pero cuando miro al mundo en general, el estado del mundo va de mal en peor. Hay un tipo de nacionalismo venenoso, en el sentido de no aceptar al que es diferente, tener miedo de todo, y de no ser hospitalario. Ahora estamos de verdad al borde del abismo, y lo único que me puede consolar es la idea de que a veces tenemos que tocar el fondo para volver a ascender. ¿Sabes? Cuando ayer, en una entrevista, decía que el tema “nosotros” y “ustedes” está de nuevo, y cada vez más, presente en el vocabulario y la manera de expresarse de la gente, y a nivel político, económico…  Este ensimismamiento, este cerrarnos en nosotros mismos, es para mí lo contrario del ser humano. Veo muchos peligros.

Siempre se ha dicho: “Egipto escribe, Líbano publica, Iraq lee”. ¿Puede seguir afirmándose, después de todo lo que ha ocurrido en estos últimos tiempos?

Ha cambiado, claro. En todos los clichés hay una parte de verdad, pero ahora, por ejemplo, la libertad de expresión, que era la particularidad de mi país, el Líbano, y que hacía que muchos publicaran allí sus libros en lugar de hacerlo en sus países, se ha vuelto un espacio cada vez más pequeño. Sobre todo, cuando uno se atreve a hablar de religión. Y pienso que la situación geográfica del Líbano no ayuda, siempre digo que tenemos una maldición geográfica, al estar en una zona en medio de todos, de potencias que utilizan el Líbano como un teatro para sus conflictos. En todo caso, el número de lectores está disminuyendo en todo el mundo, y también en el mundo árabe.

¿Tiene la culpa la cultura digital?

En parte es por eso, sí. Cuando yo tenía 6 o 7 años, lo único que podíamos hacer era leer. Podíamos jugar también, pero para mí no había juego mejor que la lectura. En nuestros días, con tantos medios tecnológicos… no quiero acusar, pero el clima de represión, los problemas económicos, no dejan oxígeno. Y la lectura necesita un poco de oxígeno, sentirse un poco bien.

¿Fue difícil para usted convertirse en lectora?

Yo nací en una familia pobre, pero con un solo privilegio: mis padres daban mucha importancia a la cultura y a la lectura. ¿Por qué te libera el libro? En primer lugar, es barato, fácil de conseguir, hay muchos modos de acceder a él. Y luego, nos libera porque nos abre la mente, nos hace descubrir que hay cosas diferentes en la vida al discurso religioso extremista, o al discurso oficial totalitario, o a tu sociedad patriarcal, que te dice que tú solo puedes ser solo esto y nada más. Entonces te das cuenta de que no, hay muchas opciones en la vida, y eso es lo que sucedió conmigo. Es uno de los elementos o instrumentos de emancipación más importantes, porque la emancipación empieza siempre en tu cabeza. Si no es así, se corre el riesgo de que esa emancipación sea superficial, o dure poco. Lo que crece en tu cabeza luego puedes expresarlo en tu vida y en tu discurso.

Cuando se define como feminista, ¿la tachan a menudo de occidentalizada? ¿La acusan de adscribirse a una cultura que no es la suya?

Sí, lo hacen aquellos que son ignorantes. El feminismo en el mundo árabe empezó hace siglos, no es una exclusividad del mundo occidental. Bueno, hay muchas formas de liberarse y emanciparse, pero el objetivo es el mismo, la dignidad humana. Y es universal, no hay una dignidad árabe ni una dignidad occidental, o latina… Dignidad es tener nuestro derecho y nuestra identidad respetados por la ley y la sociedad. Y esto, hasta ahora, no ha sido respetado en muchas partes del mundo árabe, pero tampoco en Occidente. Hay sufrimiento y lo veo, hay retrocesos bastante peligrosos para el feminismo. A veces me pregunto, ¿será una lucha que nunca acabe? Siempre tenemos que estar ahí, con nuestras voces, la manera con la cual educamos a nuestros hijos… A veces me dicen las mujeres: “Claro, tú trabajas, escribes, puedes hacer algo, pero ¿qué puedo hacer yo?” Y yo respondo: “Bueno, eres madre, ¿no? Educa a tus hijas y a tus hijos para que quieran otra cosa en la vida”. Eso ya podría hacer milagros en el mundo de hoy. Y esa es la razón por la que he decidido implicarme más en política y presentarme a las elecciones, porque estos valores humanos, estas libertades que he defendido como periodista y en mis libros, hay que defenderlos también en política. El mundo político cada día está más privado de humanidad, compasión y respeto.        

¿No teme el desprestigio que hoy tiene la política?

Solo desde cierta visión clásica y tradicional de la política, que no es la mía. Cuando decidí presentarme, me dijeron: “Pero Joumana, tú dices lo que piensas, defiendes la libertad sexual, a los LGTBI… Si quieres tener éxito, debes dejar de hablar de estos temas y volverte más política”. Y yo respondí: “Haré política a mi manera, a la manera en que entiendo todo”. Si no puedo ser elegida, tal y como soy, no quiero estar ahí. Así es como continúo mi carrera.

A las voces que critican el machismo en el islam, se las acusa o bien de islamofobia, o bien de estar colonizadas. ¿Qué respondería?       

Yo no doy ninguna importancia a este tipo de discurso, no me molesto ni en responder. Es una negación de la realidad. Nosotros sabemos que los que son dogmatizados religiosamente tienen esa cualidad de negar la realidad, pero el mundo se encargará de responderles en el momento adecuado. Pienso que hay dos tipos de gente ante la religión: el maquiavélico, que la utiliza para el poder, como los líderes políticos y religiosos; y luego están las masas, que creen de verdad y son manipuladas con el miedo, el odio, muchísimas emociones para asegurarse de que no van a salir del rebaño. El curso del mundo resolverá esto, nosotros tenemos que seguir defendiendo nuestra visión de las cosas.

 En España el acoso sexual ha sido tema de fuertes debates. ¿Cómo se aborda en el mundo árabe, donde no es menos frecuente?

El acoso sexual es una realidad, no podemos negarlo. Y en la mayor parte de los casos es de hombres a mujeres. Yo soy de las feministas convencidas de que el hombre es un aliado en esta lucha, y no el enemigo, pero es una cuestión de poder. Si miramos al mundo de la política, incluso en Occidente, ¿quién hay? Prácticamente hombres, sobre todo. ¿Por qué, hasta ahora, no hemos podido tener más mujeres en las posiciones de poder? Esto provoca un desequilibrio, y vuelve el acoso más fácil o tentador. Creo que cada mujer que tenga el valor de decir que ha sido acosada o violada es muy valiente. No es una víctima para mí, aunque algunas se presenten como tales. Pero hay que tener mucho valor para salir y decir “usted me ha hecho esto”. No sé aquí en España, pero en la cultura árabe, si te violan, lo primero que te preguntan es ¿cómo ibas vestida?   

Aquí también, lamentablemente…

Claro que necesitas coraje. Y claro que, como en todo movimiento, hay exageraciones y abuso. Pero esto no niega la necesidad de la lucha. Lo que no me gusta es que se ha iniciado solo cuando han sido figuras conocidas las que lo han dicho. Cada día hay mujeres que son acosadas, que lo dicen y no las escuchan. ¿Por qué damos solo peso a la palabra de una actriz conocida, por ejemplo? Sé que Hollywood es una cultura de actrices y fama, pero me gustaría que diéramos crédito a la palabra de personas normales.

Ha hablado del valor para denunciar el acoso. ¿Cuánto valor se necesita en este momento para no llevar velo en el mundo árabe?

Depende. Quizá en el 10 por ciento de los casos la mujer no lo puede hacer, porque sería amenazada de muerte, y esto lo entiendo. Pero en la mayor parte de los casos, hay un deseo de no romper con su comunidad, y para mí es una forma de cobardía. Porque la libertad se paga, a veces con el hecho de que tus padres dejen de hablarte, otras con que tu sociedad te acuse de mil cosas… Pero tienes que pagarlo. Yo misma lo pagué, porque para ser libre hay que dejar de dar importancia a lo que este va a decir o pensar, si yo hago lo que quiero hacer. Porque es una forma de esclavitud eterna, hasta tu muerte. Si decides conformar tu vida, tus acciones, tu discurso al juicio del otro, no eres un hombre ni una mujer libre. Ellas mismas, estas mujeres, necesitan decir “no”. Muchas lo están haciendo. El problema es que tenemos impaciencia de ver el resultado de este viaje hasta la libertad, y que está tomando mucho tiempo. Quizá nosotros no lleguemos a verlo, pero llegaremos allí, de eso estoy segura.

¿Es partidaria de prohibir el velo en algunos casos, por ejemplo en los colegios?

Prohibir una prohibición es una forma de liberar. Pienso como Najat El Hachmi, no es una forma de opresión decir que las mujeres no tienen que llevar el velo. Es una forma de forzar la liberación, un poco, pero es que el velo es una cosa tan absurda, además de un instrumento de discriminación. Ese velo le dice a la chica, a la niña, a la mujer: “Tú eres menos. Tú tienes que tener la responsabilidad de protegerte de la mirada del hombre”. Es una cosa muy patriarcal. La derecha muchas veces ha querido utilizar este discurso, pero tenemos que tener el valor de dar nuestra opinión sin darles a ellos la posibilidad de manipularla. El extremismo islámico y la derecha extrema son aliados en Occidente, cada uno justifica la existencia del otro. No tenemos que ilusionarnos con la idea de que la derecha está contra los islamistas: parecen contrarios, pero los intereses son los mismos.

¿Y la izquierda, no merece también algún reproche?

A veces me enfada su discurso políticamente correcto. No podemos defender cosas sexistas solo para ser políticamente correctos, no. Tenemos que tener el valor de decir lo que creemos justo, incluso si parecemos coincidir en algún momento con la derecha. Hay una cierta obsesión del velo en Occidente, pero es diferente en el mundo árabe. En el mundo árabe digo que estoy al cien por cien en contra, pero en el mundo occidental sé que algunas lo llevan como una forma de rebelión contra los islamófobos, solo como una forma de resistencia. Es una forma de venganza que se vuelve contra ti misma, y te convierte en víctima. ¿Qué hay en el pelo? Nunca oí que haya un órgano sexual en el pelo. Las hay que llevan pantalones ceñidísimos y eso sí, el velo bien ajustado.

No quiero acabar sin preguntarle por Jasad, su revista. ¿Qué ocurrió con ella?

Desapareció porque aunque ganamos la batalla de la censura, pues había muchos que querían prohibirla, tuve que sufrir la censura económica: ninguna agencia de publicidad pudo invertir en ella, todos tenían miedo de poner anuncios en la revista. Y claro, no pude continuar, porque era cara. De todos modos, para mí es solo una pausa, es un proyecto… Ahora estoy más entre la literatura y la política, acabo de establecer mi ONG Joumana Haddad Freedom Center, y estoy muy concentrada en esos empeños.