“Recuperamos a Galdós cuando dejamos de escuchar lo que decían de él y nos sentamos a leerlo”

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Yolanda Arencibia publica “Galdós”, ganadora del Premio Comillas de Biografía

  

Galdós ed

 

 

Texto: David VALIENTE

 

El 2020 pasará a los anales de la historia como el año que cambió nuestra vida y el tiempo dirá si también nuestra sociedad. Era un año prometedor pues en el imaginario colectivo pululaba la reminiscencia de los –no tan- Felices años 20. Creímos que podríamos bailar al ritmo del trap despreocupadamente, al igual que hace un siglo los jóvenes movían el esqueleto en la pista de baile oyendo al saxofonista interpretar míticas canciones de jazz. En el apartado literatura estaban saciados con los inmortales Scott Fitzgerald, John Dos Passos o Alfonsina Storni, nombres que nuestros escritores rememoran con cierta nostalgia frente a los micrófonos de los periodistas. Pero ellos serán los nuevos Hemingways, venerados, dentro de 100 años, por cientos de bisoños escritores que ansiarán, entre otras cosas, entrar por la puerta grande de las letras.

Por desgracia, nuestras expectativas para este año se transformaron en papel mojado y tinta corrida. Con ilusiones empezamos el año 2020 (año bisiesto, por cierto), pero por azares de la naturaleza debimos encerrarnos en casa por tres largos meses y ver, desde nuestra ventana, pasar abril. Este era, sin duda, el año de las letras españolas; nada menos que el centenario de la muerte de uno de los autores más representativos de nuestro Parnasillo realista, Don Benito Pérez Galdós. Multitud de actos conmemorativos estaban programados, sin embargo, acuciados por la situación, la gran mayoría se han cancelado, mientras que unos pocos han encontrado un espacio en las redes sociales. No obstante, no todo está perdido para aquellas personas que deseen honrar al escritor grancanario; las librerías ya están abiertas con nuevas ediciones de su obra y grandes novedades sobre su figura. Entre ellas, destaca una biografía escrita por la especialista galdosiana y catedrática de la Universidad de las Palmas de Gran Canaria, Yolanda Arencibia.

PortadaGaldósSu libro “Galdós”, publicado por la editorial Tusquets, es una gran joya (y no lo digo por el tamaño) esmeradamente formulada durante toda una vida de incansables relecturas y de investigación rigurosa de los acontecimientos que marcaron al autor. El lector que se adentre entre las 862 páginas (notas incluidas) encontrará un análisis detallado de su vida y de su obra, sin escatimar un gramo de pasión, algo que, muy a mi pesar, la academia pierde año tras año.

Quién sabe si dentro de 100 años, en el segundo centenario, Galdós seguirá ocupando en la vida literaria el puesto que, como nos muestra Yolanda, se ha ganado a pulso con esfuerzo, ilusión y talento; la historia no perdona ni siquiera a los ilustres. Pero, por el momento, podemos disfrutar de un té frío con obras, como la aquí presentada, que cuentan de los amores, las vicisitudes, los viajes, las riñas y la literatura de nuestro querido Galdós.  

Parece que Galdós nació con la vena artística, desde niño demostró grandes dotes para cualquier disciplina, bien fuera música, pintura o literatura.

Don Benito, desde muy niño, tuvo unas dotes manuales magníficas; además, el arte le llamaba mucho la atención, especialmente la literatura. Yo sostengo que Galdós se matriculó en derecho para asistir a la universidad de Madrid e iniciar una carrera literaria en la capital. En realidad, no sentía pasión por las leyes, pero la madre quería que estudiara esa carrera.

Galdós cumple el prototipo de joven provinciano que viaja a la capital en busca de fama literaria, muy en la línea de Sawa o Dicenta; pero, a diferencia de estos, la bohemia no le atraía mucho.

Se dice que, en sus primeros años, don Benito visitó prostíbulos; digo yo que sería normal que un chico recién llegado a Madrid, procedente de una provincia muy tradicional, se dejara embaucar por los placeres de la capital. Pero a excepción de esos escarceos, don Benito fue siempre una persona muy ordenada de la que podríamos afirmar que la bohemia le quedó lejos.

Además era muy hogareño y conservador, pero a la vez defendía cosas muy adelantadas para su tiempo.

Efectivamente. Era un hombre con una formación muy tradicional, pero convencido del ideal ilustrado del progreso. En este sentido, tenía gran ilusión por romper esquemas y seguir hacia adelante.

Galdós regresó en muy pocas ocasiones a Gran Canaria y tampoco escribió mucho sobre su tierra natal. ¿Fue un desarraigado?

En la biografía defiendo que no lo fue. Él siempre estuvo muy pendiente de los acontecimientos de Gran Canaria, es más, en la Península vivió con familiares suyos. Una persona desarraigada dudo mucho que mantuviera esa actitud. Sí es cierto que no escribió gran cosa sobre su isla natal; redactó un cuento muy atractivo sobre Gran Canaria, que nunca se llegó a publicar en la Península, motivo por el cual creo que Galdós se ha ganado la fama de desarraigado. No obstante, el verdadero motivo que le obligó a escribir poco sobre Gran Canaria fue la presencia de un familiar suyo que había vivido una serie de malas experiencias en la isla y no quería oír hablar de ella. Con actos como este, podemos apreciar el cariño y el respeto que don Benito procesaba a su familia: por no alterar sus nervios, no escribió sobre su tierra natal.

Antes de convertirse en novelista profesional, Galdós se dedicó al periodismo, disciplina que desarrolló casi excepcionalmente hasta la muerte de Sisita. ¿Qué significó para el joven Galdós el periodismo?

Gracias al periodismo don Benito se dio a conocer al público. Antes de decantarse definitivamente por la literatura, estuvo unos años tanteando sus posibilidades. A diferencia de Clarín, que cultivó las dos disciplinas, Galdós se propuso ser escritor profesional, vivir de lo que amaba; creía en su genio y su familia confiaba ciegamente en sus posibilidades, si no, dudo mucho que le hubieran pagado las primeras ediciones de sus libros. En aquel tiempo vivir de la literatura era muy complicado, solo cultivaban el arte de escribir las personas con fortunas o los bohemios que andaban tirados por la calle.

¿Sin su vocación literaria, Galdós nunca se habría adentrado en el mundo de la política?

Efectivamente. Hay una carta escrita por Narcís Oller a don Benito donde le recrimina el haber entrado en política durante el gobierno de Sagasta. Don Benito le respondió que siempre había sido un político porque nunca había dejado de preocuparse por la sociedad. También buscaba vivir experiencias nuevas y la política le parecía un campo digno de conocer. En 1907, cuando vuelve a ser elegido diputado, su visión de las personas que opinan de política desde fuera se vuelve más crítica. Para él, sus argumentos no tienen valor porque no conocen los entresijos políticos.

En la obra de Galdós confluye toda la tradición española artística (desde Cervantes hasta Goya), la modernidad, la ciencia, la filosofía…

Básicamente, confluyen el pasado y el futuro. Como ya comenté, sus comienzos literarios fueron periodísticos, concretamente cultivó la crónica, pero, de pronto, le surgieron unas ganas terribles de revisar la historia y la realidad social a través de la novela. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, don Benito vivió una de sus mejores etapas, porque supo leer con precisión lo que nos iba a acontecer. En gran medida, esto fue gracias a las conexiones que mantenía con Europa: amaba el teatro europeo; por eso, primero lo leyó y, después, lo conoció en persona. Su capacidad para recrearlo muestra lo excepcional de su talento, eso no lo podían hacer muchas personas.

¿Los Episodios Nacionales es la mejor obra para entender España, sus virtudes, sus defectos y sus controversias?

Por supuesto que sí. Además, no lo digo yo sola, historiadores de renombre como Tuñón de Lara y Álvarez Junco afirman lo mismo. Galdós profundiza en el estudio del pasado español y, de alguna manera, crea las historias empleando como personajes a las gentes que padecen los desvíos del país. Galdós no cambia ningún hecho histórico, pero se atreve a dar un discurso diferente al oficial.

Hay una leyenda respecto a Galdós, dicen que era un misógino.

Para nada, todo lo contrario. Se le considera feminista, aunque esta palabra, en su tiempo, no contaba con las mismas dimensiones de ahora. Era un hombre de su época, podía tener alguna amante, pero respetó muchísimo a la mujer. No fue en absoluto un misógino.

Pero sí se puede ver cierta saña con algunos personajes femeninos, como Tristana.

Galdós recrea la realidad y esta es que una mujer como Tristana, por muchas ilusiones que tuviera, estaba destinada a fracasar por su condición social. Tampoco quería casarse y su personalidad causaba pánico a los hombres, por esta razón el pintor huyó de ella. Esta mujer tan avanzada, sino era Emilia Pardo Bazán, estaba condenada al fracaso más absoluto. Don Benito se atrevió a plasmar en el papel la situación real de las mujeres contemporáneas. Ese título de misógino proviene del desconocimiento académico de la obra de Galdós, que durante décadas hemos padecido en España. He conocido a muchos profesores que impartían clases de Galdós, sin haber leído ninguna obra; mis compañeros de universidad aseguraban que no les gustaba el autor grancanario y cuando les preguntaba qué libro se habían leído, la respuesta era ninguno. El pobre Galdós, entre los años 50 y 70 del siglo pasado, fue ninguneado y desgraciadamente le está costando regresar al plano oficial. Sin ir más lejos, en los institutos, para la prueba de acceso a la universidad, se sigue leyendo San Manuel Bueno, mártir, una obra maravillosa, pero muy atrasada y que no termina de conectar con los intereses de los adolescentes de hoy. En cambio, los temas que trata Galdós en sus novelas están de actualidad y serían una gran ayuda para los profesores que tienen la responsabilidad de hacer que sus alumnos se interesen por la literatura. En fin, recuperamos a Galdós cuando dejamos de escuchar lo que decían de él y nos sentamos a leerlo.

Galdós era creyente y anticlerical, pero ha pasado a la historia como ateo. ¿Por qué?

Volvemos a lo mismo, los que afirman tales cosas no se han leído la obra de Galdós y no conocen a los sacerdotes descritos en sus textos; Galdós defiende al sacerdote hombre, a la persona y no al hipócrita.

¿A Galdós se la valora más en España o en el extranjero?

Se le está empezando a valorar muy bien en nuestro país. El galdosismo, en España, tiene una vida corta, ya que los primeros estudiosos de su obra se vieron obligados, durante la Guerra Civil, a tomar el camino del exilio. En Estados Unidos hacen escuela y forman a estudiosos que, por desgracia, no conocen España. Este motivo les conduce a algunos errores, pero aun así su labor es maravillosa, aportan mucho conocimiento y, lo más importante, nos trasmiten el afán por la obra de don Benito. Además, la investigación consiste en trabajar sobre los errores de otros; nosotros superamos los trabajos de nuestros predecesores, y los investigadores del futuro harán lo mismo con nosotros. ¡Debe ser así!