Ernesto Ganuza: “No necesitamos de dictadores y tecnócratas para salvar la democracia”

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Ganuza apela en "La democracia es posible" al Sorteo Cívico como medio que otorga más voz al ciudadano.

 Ganuza

 

  

Texto: David VALIENTE 13/11/2020

La RAE define democracia de la siguiente manera: “Forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos”. En cambio, en el mismo diccionario podemos encontrar una definición muy precisa de república: “Organización del estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos para un determinado periodo”. Si comparamos estas definiciones con el sistema de gobierno actual en España, nos daremos cuenta que, salvo por una nimiedad llamada Felipe VI, responde con mayor exactitud a la segunda, en vez de a la primera.

Aun así nuestro gobierno, según recoge la Constitución del 78, se define como una “Monarquía parlamentaria” (Art 1 de la CE). Ante estas pequeñas contradicciones, Ernesto Ganuza y Arantxa Mendiharat, investigadores del mundo social, cultural y político, nos presentan el Sorteo cívico en su libro La democracia es posible (editorial Consonni) una alternativa, bien conocida por los griegos de la antigüedad, que permite al ciudadano participar activamente en lo político.

Es gracioso comprobar que viviendo en un sistema que se autoproclama democrático, la mayoría de las personas desconozcamos la posibilidad de conformar Asambleas Ciudadanas-consultivas, mediante las cuales los ciudadanos mayores de edad puedan participar en el juego político. “Hemos planteado el libro en este momento porque a veces al pensar alternativas sobre el sistema político que tenemos, nadie piensa en medidas más democráticas- ni se imagina que puede haber una forma de organización más democrática- y este es el sentido del libro: presentar una manera distinta de hacer política con la que podríamos ganar todos más democracia”, comenta Ernesto Ganuza.

Es un sistema que se vale de una preselección aleatoria inclusiva; es decir, la suerte decide quién participa sin hacer distinciones de clases socioeconómicas, credos, lugares geográficos, etc. Después de haber escuchado a una serie de expertos con diferentes opiniones, los elegidos, conformados en una Asamblea Ciudadana, deliberan sobre un tema concreto. Es una perspectiva que puede resultarnos un tanto extraña- incluso algunos pueden pensar que extravagante-, pero cuando sabes que otros países con una tradición parlamentaria similar a la nuestra la han empleado (caso de Irlanda) o la están empleando (caso de Francia), te preguntas: ¿por qué en España no?

consonni Ganuza Mendiharat Democracia web 1¿Nuestros gobiernos actuales son verdaderamente democráticos?

Depende de lo que entendamos por democracia. En el libro planteamos que la primera democracia de la historia fue por sorteo y no por elección, como ahora. Con esto no estamos defendiendo una hipótesis populista; simplemente somos conscientes de que la política es la manera de controlar el espacio público, y dependiendo de cómo se haga, puede ser más justa o más excluyente. Nosotros apelamos a un sistema más democrático mediante una herramienta como el Sorteo cívico, que otorga más voz al ciudadano.

¿Cree que el Sorteo cívico haría de nuestros políticos gente honesta?

Claro que sí. Por dos razones: la primera es que se limitan las posibilidades de emprender una carrera política con lo cual las prebendas o incentivos desaparecen; asimismo, impide la formación de lealtades endógenas e internas hacia un líder, porque las organizaciones permanentes desaparecerían, y sin duda estos dos factores juntos harían de nuestros gobernantes personas honestas.

¿Y por supuesto es unas de las mejores alternativas para terminar con la decadencia del dialogo político?

Desde luego. El centro de gravedad político se refuerza por el empleo de argumentos y el intercambio de ideas que, sumado a lo anterior, transforma al espacio político en un lugar más tolerante, diverso y deliberativo.

Pero la crisis del diálogo puede afectar también a la ciudadanía.

Recientemente un compañero del CSIC ha publicado un estudio donde afirma que en términos de identidad la polarización es abundante, pero en el momento de sentarse y debatir de servicios públicos solemos ser transversales. Según el estudio, la polarización se da por cuestiones ideológicas y de identidad. Es abundante este tema en las ciencias políticas. En Estados Unidos encontramos trabajos muy desarrollados, por lo general divididos en dos visiones: los que piensan que la polarización es una cuestión estrictamente política, y los que por el contrario defienden que es la sociedad polarizada la que conduce a la polarización del espectro político. Por lo tanto, si entendemos en profundidad los mecanismos del Sorteo cívico, comprenderemos que este fenómeno se producirá menos.

¿Pero aun así se pueden formar bloques polarizados?

Cuando pensamos en debates, lo hacemos como nos lo muestran en la televisión y no nos damos cuenta que un encuentro de 100 personas para dialogar sobre un asunto no tiene nada que ver. Una Asamblea trata de tomar las mejores decisiones en función del problema e importa muy poco que uno sea del barrio de Salamanca o de Vallecas. Varios estudios han demostrado que en un país como Bélgica, con una polarización identitaria nacionalista bien pronunciada, personas de diferentes comunidades locales llegaron a un acuerdo de forma eficiente y rápida. Y esto se debe a que el Sorteo cívico facilita el diálogo y reprime las guerras dialécticas.

¿Es posible que la Asamblea termine excluyendo a un sector de la población?

La esencia del sistema es evitarlo para que el mayor número de personas, lo más diversas posible, acuda. Pero, evidentemente, no se podrá conseguir. Sí es cierto que este sistema evita con mayor eficacia los sesgos, porque los estudios de participación política nos demuestran que la gente con menos recursos y menos formación académica participan menos en cuestiones políticas.

Un órgano deliberativo, ¿qué capacidad real y efectiva tiene para influir en los gobiernos?

En los lugares donde se ha experimentado con el Sorteo cívico, las Asambleas Ciudadanas deciden algo y después lo someten a un referéndum para que el total de la población avale la decisión. Es lo que pasó en Irlanda, y es lo que está pasando ahora en Francia, que convocó una asamblea ciudadana de 150 personas para debatir sobre la implementación de medidas contra el cambio climático. Emmanuel Macron dijo que aceptaría el total de las decisiones ciudadanas, pero en realidad no fue así. Al fin y al cabo, la Asamblea Ciudadana es un órgano deliberativo-consultivo, si nuestros representantes no quieren escuchar, no lo van a hacer.

¿Y ese órgano podría convertirse en legislativo?

Hay varias propuestas teóricas que piden hacer de la Asamblea Ciudadana un lugar de encuentro legislativo, además los estudios refrendan esta posibilidad porque nos muestran que las decisiones de los expertos no siempre son las más acertadas; de hecho, cuanto más experta sea la persona que ha tomado la decisión, mayor posibilidad hay de error. Y es que están equivocados aquellos que igualan el juicio político al juicio científico. El juicio político se basa en el sentido común, por lo tanto en una experiencia de Sorteo cívico los detalles técnicos no resultan tan necesarios, solo se requiere cierta información para debatir. Lo único que conseguimos quitando la política al ciudadano es que no pueda pensar en términos políticos y éticos sobre el espacio público.

¿Este sistema deliberativo no es demasiado lento y contraproducente en un momento como el que estamos viviendo?

En España, después de 7 meses desde el confinamiento, el Ministerio de Sanidad está estableciendo los criterios que dictan cuándo un confinamiento es necesario. En cambio, si el 19 de marzo se hubiera formado una Asamblea Ciudadana, dos meses después los tendríamos; nos hubiéramos evitado las tardanzas políticas y, además, la ciudadanía conocería de primera mano la información, evitándonos los líos que hoy tenemos en las capitales de provincia como Madrid y Barcelona.

El cortoplacismo de la política impide atender temas de vital importancia como el cambio climático y la crisis migratoria, ¿cree que este sistema podría solucionarlos?

Todo el mundo reivindica soluciones a estos problemas y, precisamente, el Sorteo cívico nos permite abordar temas que requieren de un compromiso a largo plazo, sin la necesidad de esperar a unas elecciones que al fin y al cabo buscan satisfacer a un grupo de votantes.

¿Qué ocurriría si medidas más democráticas no se implementan? ¿Cuál sería el futuro de nuestros sistemas políticos?

Bajo la perspectiva de las ciencias sociales estamos viviendo una etapa muy interesante porque la gente, cada vez en mayor cantidad, se está inclinando por formas de gobierno sin organismos intermedios, que los represente un líder carismático o una tecnocracia. Los politólogos, por lo general, defienden el sistema partidista y el valor del político dentro de la defensa de la democracia. ¿Qué va a pasar? si me lo preguntas a mí no sabría qué responderte, además soy muy malo vaticinando los acontecimientos. Yo deseo que no haya más autoritarismo, no necesitamos de dictadores y tecnócratas para salvar la democracia.