El Xavier Bosch más emocional

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Xavier Bosch (Barcelona, 1967) * Periodista bregado en televisión, radio y prensa, muestra su faceta de narrador sensible en Alguien como tú (Planeta), obra ganadora del premio Ramon Llull. * En ella, a través de unas cartas encontradas años después, reconstruye la historia de amor entre una catalana y un galerista de arte francés. * “Nos han hecho creer que nuestra vida la determina la política cuando, en realidad, vivimos inundados de cultura”. * “Hay que saber cuándo se está en la trinchera y cuándo es tiempo para la mirada interior. Seguro que, si sabe encontrar el momento, uno puede vivir sin tener que esconder sentimientos y sensibilidades”. * “No creo que la del periodismo sea una profesión heroica. Eso sí, tenemos una función social imprescindible”. * “Engullimos tanta información que evidentemente nos falta reflexión. (…) y un poco de sal de frutas para digerir el sinfín de noticias banales, tontas y superficiales que ingerimos cada día”. * “Me encantaría que [mi hija] quisiese ser periodista. Es un privilegio intentar acercarte a la verdad de las cosas y contarlas a tus conciudadanos”.

texto de SANTIAGO BIRADO

Este periodista de amplio currículum, bregado en televisión, radio y prensa en puestos de máxima visibilidad y combate mediático, muestra su faceta de narrador sensible en Alguien como tú (Planeta). A través de unas cartas encontradas años después, reconstruye la historia de amor entre una catalana y un galerista de arte francés mientras nos invita a recorrer el París más literario y romántico (la Braserie Lipp, Les Deux Magots o Saint Germain).

 

Esta es una novela de amor… ¿pero también de amor al arte?

Cierto, de amor a las artes y a la cultura. A los libros y a las librerías. A la música de Schubert. Y a la pintura contemporánea, desde la Gran Guerra hasta nosotros. Nos han hecho creer que nuestra vida la determina la política cuando, en realidad, vivimos inundados de cultura. 

Jean Pierre dice que lo que hace el arte es volver a dejar a la persona en sí misma. ¿Usted cómo lo ve?

No sería tan radical como él que, al fin y al cabo, es un galerista y por lo tanto un comercial de lo suyo y vive de vender cuadros. Es verdad, sin embargo, que entrar en una galería de arte o en un museo no aísla del mundanal ruido y nos permite, en intimidad y silencio, observar un cuadro, emocionarnos ante él y, ¿por qué no?, reencontrarnos a nosotros mismos.  

Por su trayectoria periodística se tiene de usted una imagen de persona resolutiva, pragmática, con los pies en el suelo. Esta novela, en cambio, muestra a un Xavier Bosch más emocional y fascinado por la belleza. ¿Se puede trasladar la sensibilidad artística a la trinchera del periodismo?

No veo que sea incompatible una cosa con la otra. Hay que saber cuándo se está en la trinchera y cuándo es tiempo para la mirada interior. Seguro que, si sabe encontrar el momento, uno puede vivir sin tener que esconder sentimientos y sensibilidades. No creo, también hay que decirlo, que la del periodismo sea una profesión heroica. Tiene sus características propias, pero no soy partidario ni de pensar que somos salvapatrias ni unos seres que, por encima del bien y del mal, le cuentan a sus coetáneos cómo es la realidad. Eso sí, tenemos una función social imprescindible.
Aunque periodistas-escritores ha habido siempre, de Pla a García Márquez, ahora parece haber una eclosión y les ganan los premios importantes a los literatos clásicos. ¿A qué lo atribuye?

No tengo una respuesta clara. De entrada, la materia prima con la que trabajamos –la comunicación y el lenguaje– es la misma. A partir de ahí, después de hacer un trabajo donde se debe ser fiel a los hechos, poder ponerte a escribir sobre lo que te da la gana, dando rienda suelta a la imaginación, es un placer, una tentación y, muy a menudo, una válvula de escape. Quizá vayan por ahí los tiros. Pero lo más seguro es que no haya dos casuísticas iguales. No soy muy partidario ni de las etiquetas ni de las generalizaciones.
Hay mucho barullo mediático. Jean Pierre dice que “al final ya no sabemos si las cosas las hemos pensado nosotros o somos un eco”. ¿Sobra información y falta reflexión?

Sin duda que nos sobra información. Recibimos nosotros más impactos informativos en un solo día que un hombre de la Edad Media en toda su vida. La tecnología ha cambiado tanto que, por primera vez desde Gutenberg, ya no tenemos que buscar la noticia sino que la noticia nos encuentra a nosotros, en nuestro bolsillo, con un simple tuit. Engullimos tanta información que evidentemente nos falta reflexión. Nos falta reflexión y un poco de sal de frutas para digerir el sinfín de noticias banales, tontas y superficiales que ingerimos cada día. Hay tanta tertulia radiofónica y televisada que, a la postre, ya no sabemos si las cosas las hemos pensado nosotros o, como dice Jean-Pierre, simplemente nos hacemos eco de ellas sin saber si coincide o no con nuestra opinión. Al fin y al cabo, lo que falta es criterio y mirada propia.
Si tuviera un hijo o un sobrino que quisiera ser periodista, ¿lo animaría?

Tengo una hija de 8 años y la animaré a hacer lo que le apetezca. Pero te aseguro que me encantaría que quisiese ser periodista. Es un privilegio intentar acercarte a la verdad de las cosas y contarlas a tus conciudadanos. Si tienes un mínimo de curiosidad universal, aprendes tantas cosas, conoces a tanta gente interesante, que uno puede realizarse personalmente a través de su profesión.
Los descubrimientos del libro tienen mucho que ver con el hallazgo de la correspondencia de Paulina y Jean Pierre. Nos habla de “la intimidad de las cartas”.  Los historiadores tienen en las cartas uno de sus materiales predilectos: ¿cree que es pertinente la publicación de la correspondencia privada de artistas después de su muerte?

Buena pregunta, pero de difícil respuesta. En principio creo que no. Las cartas tienen un remitente y un destinatario. Es un intercambio privado entre dos personas y el resto, por más curiosos que seamos (historiadores, doctorandos, periodistas) no estoy muy seguro que tengamos mucho derecho a entrometernos en nombre de nuestra profesión. No lo tengo claro, ya te digo.
¿Usted también se llevaría de viaje entre el equipaje una novela de Manuel Vázquez Montalbán? ¿Qué libro va a echar en la bolsa en su próximo viaje?

Naturalmente. De Vázquez Montalbán y de cualquier autor que me dé placer. Viajar es un buen momento para encontrar ratos para leer y, por lo tanto, siempre hay que escoger bien el libro que uno pone en la maleta. Ahora mismo me pica la curiosidad este Blitz de David Trueba. Quizá será el que me lleve en las mini-vacaciones de Semana Santa.