Cristina Morales se mete en la piel de Santa Teresa

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texto ANNA MARIA IGLESIA

Tras publicar Los combatientes (Caballo de Troya) y participar en antologías de relatos, Cristina Morales (Granada, 1985) regresa con Malas Palabras (Lumen), una narración en primera persona en la que concede voz a Santa Teresa, que se expresa, a modo de confesión, a lo largo de sus páginas. Prosa impecable, sin exceso de manierismos, y una extraordinaria fuerza expresiva que la confirman como una de las voces más singulares de la nueva narrativa española. Sirvan estas líneas como avance de la entrevista que con ella publicaremos en nuestro primer número en papel.

 

Decías en una entrevista con Peio Riaño para El Confidencial que “ya me gustaría tener el coño de Santa Teresa”. ¿Necesitamos una Santa Teresa en la actualidad?

Una Santa Teresa ahora sería censurada de la misma manera en que lo fue en su época. Lo curioso es que, a raíz de esta afirmación, en un blog me acusaban de herejía justamente por haber hablado del “coño” de la santa; me sorprendí, me trataban de hereje, lo mismo que a Santa Teresa en su día. Creo que una Santa Teresa hoy sería impensable, simplemente por atreverse con un género, el autobiográfico, hasta las últimas consecuencias.

Es decir, el género de la confesión, donde Teresa habla sin tapujos. Lo confiesa absolutamente todo…

De hecho, para ella el texto es una confesión, una confesión que le solicitan pues en aquella época, a mediados del siglo XVI, era habitual que el confesor pidiera a las monjas letradas que escribieran la confesión, pues era una manera de controlarlas mejor.

¿La escritura es una de las formas por antonomasia de control y a la vez de censura?

Exacto, el “problema” es que nadie podía esperarse que Santa Teresa escribiera lo que finalmente escribe y confiesa. Sus confesiones son la primera biografía de la modernidad.

A Santa Teresa se le censuran sus confesiones, mientras que a San Agustín se le perdonan las confesiones que realiza en nombre del arrepentimiento que expresa.

Se la castiga en un inicio y, posteriormente, se la hace santa olvidando completamente lo que ha escrito. Lo que se ha hecho con Santa Teresa ha sido neutralizarla sobre todo porque, al menos en mi opinión, era, e incluso lo sigue siendo, muy peligroso consagrar a Santa Teresa como una crítica, una inconformista o una precursora feminista.