Oda a la motosierra

En El libro de la madera (Alfaguara), Lars Mytting lo cuenta todo sobre el amor de su país, Noruega, por ese elemento.

 

 

El poema de Hans Borli que abre el libro nos dice: “El aroma de la leña fresca / pervivirá entre tus recuerdos últimos cuando caiga el velo”. Pero El libro de la madera de Lars Mytting no es un libro poético, o no en la forma en que habitualmente entendemos la poesía. Es un libro lleno de especificaciones técnicas sobre los tipos de leña, la técnica de corte o las herramientas, con consejos sobre cómo elegir el hacha más adecuada a cada circunstancia o cómo afilarla de la manera correcta. En los países escandinavos, la principal fuente de calefacción son las estufas de leña, y allí el frío aprieta.

En Noruega, los domingos, en vez de ver fútbol, cortan troncos. Y algunos dedican muchas horas a apilarla. En sus paseos por el país visitando a forofos de la madera, Mytting nos muestra formas de almacenar los troncos en pila alargada, pila redonda, pila cuadrada cerrada, pila cuadrada abierta, pila circular, pila en forma de V… hay verdaderas obras de arte en el apilado. Pero no solo es una cuestión de estética: los noruegos son muy rigurosos con el secado de la madera. Insisten en que lo importante no es la temperatura, sino que haya corrientes de aire suficientes al amontonarla. Al revés que en España, donde te venden la madera chorreando, allí se mide su humedad y se multa a quien la comercializa sin el grado de secado suficiente. Porque una madera húmeda expulsa mucho más humo y, además de ser más molesta, es más contaminante.

Mytting sigue el rastro de los hachazos para encontrarse con un abanico de personas de muy distinta edad y condición, pero todos con las manos en la leña. Ole Haugen, a sus 90 años, podría presumir en su casa de Jonsered de muchas cosas, pero lo que muestra con orgullo a la cámara es su colección de motosierras, todas ellas en perfecto estado de mantenimiento, pese a que ya no puede utilizarlas. Cuando el médico, dada su avanzada edad, le prohibió usar las motosierras por su vibración, en vez de renunciar a cortar su madera, se compró una astilladora hidráulica.

Nos cuenta Mytting las maneras de encender el fuego de manera eficaz, porque, cuanto más rápido prenda, menos va a contaminar, y la importancia de tener llama alta para que consuma los gases nocivos y los convierta en calor. Asegura el autor que, si la combustión es buena, lo que expulsa la chimenea es vapor de agua y una mínima cantidad de humo blanco. El Instituto de Deshollinadores noruego advierte de los accidentes que pueden producirse por combustiones demasiado precipitadas; señalan que muchos incendios suceden en un determinado fin de semana de primavera, cuando hay que presentar la declaración de la renta. La gente quema montones de papeles en la chimenea y el calor repentino prende fuego al hollín de los tiros de chimenea sucios.

Tal vez no estemos locamente interesados en saber con precisión milimétrica los tiempos de secado de la madera de abedul, pero ver a estos elfos rubios sacando madera de los bosques que después repueblan y cuidan con esmero resulta aleccionador. Encender una hoguera no solo nos proporciona calor y luz, sino que es un ritual que nos devuelve una memoria ancestral de especie que se remonta a hace más de un millón de años. ANTONIO ITURBE

 

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