¿Con qué sueñan los ficus?

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El neurobiólogo Stefano Mancuso se pregunta: ¿qué hay del sueño de las plantas? ¿Las plantas duermen? Duermen, sí. Lo cuenta en Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal (Galaxia Gutenberg). Después de leer este libro ya no volverá a mirar a su ficus de la misma manera.

Uno, a veces, se ha sentido algo zafio al compartir mesa con un vegetariano que rechaza comer carne y despliega a veces una pedagogía que denota cierto cansancio por tener que explicar lo que para ellos es evidente: “No como nada que tenga ojos”. Y uno, masticando la carne de la pobre ternera, se siente mezquino. Después de leer este libro mirarán a los vegetarianos de tú a tú. Esa zanahoria que se zampan a mordiscos con tanto desahogo moral es el cerebro de un ser sensible e inteligente. Mancuso, director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal, explica cómo las plantas tienen la capacidad de reconocer su entorno y comunicarse con él. Las plantas callan, pero saben más de lo que creemos. Un estudio demostró, por ejemplo, que las plantas tienen un sentido de la familia. Se plantaron en una maceta una treintena de semillas hijas de la misma planta y en otra maceta otra treintena de semillas hijas de plantas distintas. Las plantas de madres distintas se desarrollaron según el patrón convencional: enormes raíces desplegadas para tratar cada una de ganar el máximo terreno alimenticio posible en beneficio propio. Las treinta plantas de la misma madre, en cambio, pese a coincidir en un espacio limitado, produjeron un número de raíces muy inferior, privilegiando el crecimiento aéreo. Su actitud era menos competitiva, menos desconfiada: se reconocían como hermanas –y, por tanto, no agresoras– a las otras plantas. Los mecanismos para defenderse de los insectos generando sustancias químicas repelentes, o viceversa, la creación de aromas de fruta podrida para atraerlos en el momento en que los necesitan para reproducirse a través de la polinización son sorprendentes. Y sí: las plantas duermen. Ya lo estudió el padre de la botánica, Linneo, a mediados del siglo XVIII, cuando publicó su tratado Somnus plantarum.Linneo ya se interesó por el sueño de las plantas y proyectó un jardín-reloj en el que fuese posible saber la hora sencillamente observando el comportamiento de las plantas. Y hay una ley general curiosa: las hojas manifiestan una tendencia común a adoptar durante la noche la posición que tenían cuando eran brotes: unas en forma de cucurucho, otras de abanico… vuelven a la hora del sueño a la posición fetal. Como nosotros mismos cuando nos acurrucamos. Y si las plantas duermen… ¿también sueñan? Eso los neurobiólogos vegetales no lo saben aún. ¿Soñarán los cactus con las amapolas?

 

ANTONIO ITURBE