POESÍA: El leonés Antonio Colinas, justo y merecido premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

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texto ENRIQUE VILLAGRASA  foto CLARA COLINAS

Si el objeto del Reina Sofía es reconocer “el conjunto de la obra de un autor vivo que por su valor literario constituye una aportación relevante al patrimonio cultural común de Iberoamérica y España”, en esta ocasión han dado con el poeta justo merecedor de este galardón. El poeta leonés Antonio Colinas (La Bañeza, 1946) ha sido el ganador de la XXV edición del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, convocado conjuntamente por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca y dotado con 42.100 euros, además de la edición de una antología de la obra del poeta.

Creo que Colinas es un poeta de muy necesaria lectura hoy, lo dije y lo repito, pues desde aquellos versos de “se abrieron las cancelas de la noche,/ salieron los caballos a la noche”, hasta “los versos/ aún llamean./ La palabra/ aún sana/ y salva” ha pasado una cuarentena de años y su poesía sigue tan original y fresca como cuando uno comenzaba a leerle; es poesía nada oxidada, porque su poesía “como la lluvia cae/ sembrando de ternura el pinar”.

Para mí, la poesía de Colinas es búsqueda constante, siempre en movimiento; es vivo tambor nocturno, parafraseándole; y es una poesía que conmueve, evoca y sugiere, como la gran poesía de todos los tiempos, a la vez unida a la vida: “Cuando los años vuelan,/ cuando la noche avanza”. 

Posiblemente sean Sepulcro en Tarquinia (1975) y Canciones para una música silente (2014) su gran aventura poética, vital y poliédrica, y del momento actual, además -qué duda cabe-, amén de sus memorias, recogidas bajo el título de Memorias del estanque (2016), recién aparecidas y que a cualquiera dejarían exhausto, pues son cuatrocientas páginas brillantes. Pues no son memorias tal cual: “¿Qué pobres son las anécdotas, los hechos de unas ‘memorias’ al uso, que nunca escribiré, al lado de instantes como estos, tan difíciles de explicar!”. Memorias que no estamos acostumbrados a leer, pues son, como su poesía, textos que desprenden puro hechizo, pura magia, en todas y en cada una de sus líneas: “Renacer en la vela. Renacer en la llama de la vela. Renacer en la luz de la vela. Renacer en el silencio de la luz de la vela. Respirar en el silencio de la luz”. ¡Ahí es nada!

Los premios tienen de bueno que algunos lectores buscan las obras del autor premiado para conocer qué es lo que escribe y si es merecedor o no del laurel. Y, si así hacen, cosa que espero y deseo, quien abra y lea su poesía podrá encontrar desde poemas breves a otros extensos, desde poemas de fácil lectura y comprensión a otros que necesitan del esfuerzo y la complicidad del lector (de poesía). Pero todos con un lenguaje rítmico, casi musical. Sus poemas son el cáliz donde está vertida y purificada toda su poesía, sus temas y sus obsesiones, todos sus mundos con sus geografías y paisanajes. Tiene altura transparente y acidez brillante. Tiene duende y ángel. Es el hombre y es la naturaleza. Poesía singular y órfica, la de este poeta con tantos ecos franciscanos, quien ha escrito, escribe y seguirá escribiendo para gozo y sabiduría del lector. No hay que olvidar que la poesía es para el poeta Antonio Colinas una vía de conocimiento.

El jurado, hombres y mujeres que saben de gramática, prosopopeya, sintaxis, métrica… y que son personas de gran sindéresis lingüística… vamos, los que le han concedido el premio, han considerado al poeta como “un ensayista notable, hombre intelectual completo, virgiliano, con un conocimiento de la literatura italiana sumamente estimulante, traductor de esta lengua, con una poesía marcada por su época y tremendo sentido literario y limpieza: tiene todos los méritos que pueden darse en un poeta de altura”. ¡Amén!

Les dejo los últimos versos del último poema suyo que tengo, fechado el 21/12/2014: “¿Qué fue de aquellas músicas de un tiempo/ en Europa, las de mi juventud?/ Me extraviaron, me hicieron perder/ la razón.// Mas, perdiéndola,/ encontré otra razón más poderosa/ para mi vida./ Desde entonces,/ creí en algo más que en la ceniza/ y mi razón no es ya/ razón para la muerte”. Colinas dixit.

¡Gracias por escribir y felicidades por el premio y los recién cumplidos 70 años, poeta Antonio Colinas

 

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