POESÍA: La extraña y singular poesía de Manuel Ruiz Amezcua

texto ENRIQUE VILLAGRASA 

Con ‘Una verdad extraña’, Comares busca evitar que se silencie al poeta Manuel Ruiz Amezcua.

En poesía no es tanta la distancia entre la mal llamada poesía de la experiencia y lo que se está escribiendo ahora: fenómenos poéticos marginales que conquistan el gusto de las masas a la vez que alimentan, no sacian, la voracidad comercial. El triunfo de estos poetas-cerillas es un ejemplo. Y si algunos dicen que ya no queda espacio para que esa versificación crezca, no se preocupen ustedes, que vendrán los campeones de la experiencia y la harán suya: es que se huele en el ambiente, ya que ellos siempre tienen que estar en el candelero.

Igual ha llegado el momento y este otoño, paisaje de dudas donde los haya, es el momento de plantearse que la poesía actual necesita emigrar y encontrar espacios abiertos o no habrá regeneración y sí es necesario que la haya, créanme ustedes: no hay que defender ni el paisaje ni el paisanaje que tenemos, tenemos que crear paisaje nuevo, abrir la poesía y permitir que el paisanaje poeta se mueva, pero no bajo ningún paraguas, por más que la poesía sea pintar con palabras. Pero es que cuando eres muy obvio no hay poesía porque se mata el misterio, digo.

La poesía para ser poesía debe ser invasiva. La poesía debe exigir y exige o no es. La poesía, quede claro de una vez por todas, no es ni debe ser nunca ocio. Pues poesía es lo que queda tras el incendio del texto, entre las ruinas, aquello que aparece cuando se ha derrumbado lo que es apariencia exterior y ornato vacío. Y ella, la poesía, nos acompañará más allá de la tumba, en el encuentro con el misterio, no les quepa la menor duda.

Así pues, la poesía es hoy es más necesaria que ayer: en aras del pensamiento y proyección de futuro. Por esto es importante recuperar la esencia de la poesía, dar valor al verso y no al espectáculo, sabiendo que escribir un poema es una declaración ética y estética.

 

Y aquí está el poeta Manuel Ruiz Amezcua, que es un impenitente e impertinente histórico en la poesía española, caso que es bien sabido por todos, ya que lleva más de 43 años batallando y batiéndose el cobre con el lenguaje poético, desde 1974 cuando apareció Humana raíz; Dialéctica de las sombras (1978); Oscuro cauce oculto (1984); Cavernas del sentido (1987); Más allá de este muro (1991); El espanto y la mirada (1992); Las voces imposibles (1993); Atravesando el fuego (1996); Donde la huida (2001); Contra vosotros (2005); La resistencia (2011), hasta ayer con Palabras clandestinas (Huerga & Fierro, 2015) y hoy con Una verdad extraña (poesía 1974-2017) (Comares), en edición e introducción excelente del profesor Carlos Peinado Elliot, quien en unas 190 páginas da cuenta de la esencia de la obra poética de Ruiz Amezcua, desde la apreciación del simbolismo hasta los fundamentos de esta poesía: interrogación, interpelación y cuestionamiento. Siendo la palabra lo que constituye uno de los ejes principales de la búsqueda de esta, su poesía, la del profesor Manuel Ruiz, donde todo es piedra, noche, sangre. Este libro de más de ochocientas páginas tiene nueve inquietantes poemas inéditos, de justa y necesaria lectura como toda su poesía: “En aquel tiempo de mi vida,/ veía cada día/ una ciudad fantasma,/ huyendo de sí misma,/ perdida en su memoria,/ hurgando en la esperanza…”. Que si una editorial no la quiere publicar siempre hay otra que sí. ¡Gracias, Comares!

A este profesor de lengua castellana y literatura en diversos institutos lo quieren silenciar, pero de ahí a quererlo callar hay un abismo y más en estos momentos de Google y las redes sociales. Pues, si los que manejan la cultura oficial poética por estos barrios lo ningunean, él sin ir más lejos lanzó también al mercado hace un año un volumen con 600 páginas, que recogía ya la sexta edición de Singularidad en la poesía de Manuel Ruiz Amezcua (Comares); prologada, revisada y aumentada por el profesor José María Balcells, texto introductorio de necesaria y justa lectura. Un emp(r)eño por otro y a ver quién puede más.

La búsqueda y el hallazgo se dan cita en todos sus poemarios y en este volumen singular, y por lo que se puede leer el poeta y sus escritos gozan de buena salud, a pesar o gracias a los que saben de gramatopeica, prosopopeya, sintaxis, métrica y de los hombres de gran sindéresis lingüística. Así, abre el libro un prólogo del profesor Balcells sobre “Relevancia de una voz poética silenciada” y otro de Miguel Ángel García sobre “La resistencia de la poesía y la resistencia de la crítica”. Unos setenta escritos sobre la poesía de Ruiz Amezcua, incluyendo cartas de Ignacio Prat, Julio Caro Baroja, Camilo José Cela, Paco Rabal, Antonio Lobo Antunes, Carlos García Gual y José Saramago; y escritos de autores, ensayistas y profesores como Leopoldo de Luis, Juan Antonio Masoliver Ródenas, Juan Carlos Molero, Carlos Aganzo, Antonio Muñoz Molina, Víctor García de la Concha, José Lupiáñez, Domingo F. Faílde, Dámaso Chicharro, Fernando Fernán-Gómez, Manuel Jurado, José Fracisco Ruiz Casanova, Rosa Navarro Durán, Fanny Rubio, Enrique Gracia Trinidad, Manuel Rico, José Luis Puerto, Salvador Compán, Vicente Vives y Francisco Morales Lomas, entre otros hispanistas y especialistas diversos. Además, se incluyen en el volumen tres entrevistas al poeta realizadas por Miguel Martín Romero para el periódico Ideal; Ángel Vivas para la revista Muface; y Asensio López, para la Agencia EFE. Tras ellas, una selección de sus poemas con los temas más característicos de su lírica, con especial acierto en la sección La sátira, con poemas publicados desde 1978 a 2015; y cierra el extenso libro una no menos amplia bibliografía sobre el autor.

Pues bien, qué podemos decir que no se haya dicho ya y más que se dirá, dado que al poeta jienense lo están promocionando algunas universidades americanas y europeas. Creo que en la poesía de Manuel Ruiz Amezcua está el libro del viaje de su vida y es por encima de todo el testimonio grandioso de su aventura de vivir y poética. Es una poesía que se abre a la realidad con avidez de conocimiento: “Mi infancia son recuerdos/ de un pueblo de Jaén/ donde nada era claro,/ salvo los ojos de mi madre.// Para ahuyentar la nada,/ para encontrarme solo,/ anduve luego por el mundo. Y me perdí, buscando la salida” (Palabras clandestinas).

 

Una cosa tengo clara cada vez que (re)leo a Ruiz Amecua, y en Una verdad extraña queda claro, que el poeta, como creador literario que es, ha aprehendido de la poesía de la vida y se ha hecho su amante. Así, logra que el lector viva la experiencia que plasma él en sus versos. Es una poesía que entra por los poros y el lector la entiende y comprende porque en ella encuentra referencias del día a día sin olvidar la tradición. Tanto en sus poemas como en las declaraciones a la prensa en este volumen recogidas, este poeta no deja títere con cabeza: “Esta casta, bendecida/ por los curas y los bancos./ Esta escoria embrutecida/ por el vaso y la codicia.// Fascistas de nacimiento,/ izquierdistas de orinal,/ hoy demócratas conversos,/ liberales y demás” (Contra vosotros, 2006) ¡Algún día, más temprano que tarde, este poeta dejará de clamar en el desierto y será reconocido como merece! ¡No tengo ninguna duda!

Me queda por señalar que también apareció Lenguaje tachado (Galaxia Gutenberg, 2016), con prólogo del citado estudioso de su obra, el profesor José María Balcells. En ese libro de 560 páginas se recoge toda la prosa del poeta: una vida de escritura de fina burla, con lenguaje claro, directo, como en todo lo que escribe este señero poeta, Manuel Ruiz Amezcua. Es una edición revisada y aumentada, pues su primera edición fue en abril de 1996 en Ediciones Octaedro y después en noviembre de 2001 en Ediciones Mágina, en primera edición revisada y ampliada. ¡Vamos, que también vale la pena (re)leer su prosa, sus ensayos!

Y no se preocupen ustedes, que este otoño leeremos de todo en verso y prosa, pues se publicarán desde sonetos hasta silvas de varia lección. ¡Pero no sé si será poesía! 

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