POESÍA: En la muerte de Jesús Lizano

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Burla burlando, pero escribiendo, ha sido la soledad=poesía de Jesús Lizano (Barcelona, 1931), que hoy ha desencarnado. Su explosión creativa poética ha sido búsqueda y hallazgo, esencia y pluralidad diversa, desde la libertad y desde la fusión de lo poético y lo libertario. De hecho, la aventura poética de este ingenioso libertario lizanote de la Acracia, como le gustaba firmar, se puede (re)leer en LIZANIA 1945-2000 (Lumen).

La poesía de Lizano, y en concreto sus magníficos sonetos, no es ni son suficientemente conocidos: tal vez porque gozan de una originalidad incómoda y porque tanto los sonetos como su poesía poseen una gran fuerza y escapan a lo que estamos acostumbrados a leer.

Creo que la obra poética de este autor libertario y casi místico, que se codea con el absurdo y lo amargo, es de un admirable valor literario por su ironía crítica y rebelde, como ha sido su vida: esa especie de poetización de todo y por todo, desde el yo personal y el poético a la ficción y la realidad y viceversa. La poesía y Jesús Lizano lo han sido todo, de hecho no ha existido separación y sí imbricación total persona/verbo. La plenitud de este poeta y su poesía sobresaliente se han encarnado entre nosotros para siempre: sirvan estas líneas apresuradas para que de una vez por todas se conozca su poesía y llegue a todos los rincones su mensaje poético lleno de luz.

La última vez que hablamos por teléfono, poco rato, quedamos en vernos, le costaba respirar y se cansaba mucho, pero todavía me preguntó, como siempre, la edad que tenía y qué hacía un poeta trabajando en un puerto. Y como siempre me reí: nos reímos. Me prometió mandarme algunos textos y yo le prometí que escribiría algo… Creo que recibí la enésima carta poética y libertaria y alguna otra cosilla más. Terminamos de hablar y, como esta tarde al enterarme de la noticia de su fallecimiento, he abierto su poesía y he leído estos, sus versos: “Cuál será mi mayor angustia / el día en que me muera: / que la muerte –no la vida- / escribirá mi último poema”.

La condición humana ha buscado, busca y persigue la plenitud, y en la poesía de Jesús nos damos cuenta de ello, con ecos franciscanos: “Sale de Lizania / la florecilla de las florecillas / para seguir su vuelo… / -Adiós, Poesía…”.

Termino como se despedía él en su cartas: “Desde la Poesía (genética…), desde la libertad (de pensar y sentir), desde la comprensión (de nuestras luces y de nuestras sombras…), desde la soledad (la compañera de mi vida…), un gran abrazo. ¡A los Caballitos!”. ENRIQUE VILLAGRASA