CÓMIC: Un espacio, mil instantes

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Salamandra Graphics es la editorial que ha tenido el buen gusto de publicar entre nosotros uno de los mejores cómics de 2014 en Estados Unidos: Aquí, de Richard McGuire (Nueva Jersey, 1957). McGuire es un autor poco pródigo en materia de tebeos (es animador y también ha sido músico, fundador y bajista de la influyente banda de funk new wave neoyorquina Liquid Liquid, y autor de una de las líneas de bajo más sampleadas de la historia en Cavern), pero ya con la primera versión de esta novela gráfica se volvió un nombre influyente en la historia del cómic.

Aquí eran seis páginas que se publicaron en la revista Raw de Art Spielgeman en 1989. Bastante inspirado en el clásico A Short Story of America, de Robert Crumb (donde todas las viñetas enmarcan un mismo espacio mientras pasa el tiempo), McGuire fue capaz de concentrar una sola esquina de una casa en varios espacios temporales. En una misma viñeta podían aparecer instantes fragmentados de 1971, 1957 y 1999. McGuire publicó otra historia en Raw y se dedicó a hacer libros ilustrados. El original Aquí influyó mucho a autores como Chris Ware (Fabricar historias), quien precisamente le animó para publicar una novela gráfica más ambiciosa. Tras el fallecimiento de sus padres y la venta de la casa donde se crio, McGuire utiliza toda esa melancolía para contarnos en su nueva Aquí las vivencias en la esquina de una casa familiar desde millones de años antes de Cristo (la creación de la Tierra, los dinosaurios) hasta el futuro más lejano, en 2.213.

McGuire es capaz de crear una novela gráfica extraordinaria que se traduce visualmente en grandes paneles a dos páginas donde va introduciendo variables temporales de un mismo espacio físico: la misma esquina de una casa donde se han criado varias generaciones de una familia (como si todas las historias de Magnolia sucedieran a la vez). El autor también es capaz de jugar con la psicogeografía introduciendo extrañas paradojas temporales: un ruido en el futuro parece ser escuchado en el pasado, un eco del pasado repercute en el futuro, la tensión de un momento tiene repercusiones en varios momentos del pasado-futuro. El resultado final es bello y muy poético, también muy musical (se nota la educación de McGuire en esa disciplina), con momentos álgidos como esa fiesta repetida en todos los tiempos; el enfrentamiento entre Benjamin Franklin y su hijo, con insultos y frustración en varias líneas temporales; o la foto familiar que se va repitiendo a lo largo de la historia.

Aquí necesita de varias lecturas. La primera, nerviosa y rápida, sorprendiéndonos ante la maestría con la que McGuire captura varios instantes en un mismo espacio. La segunda, más sosegada, entendiendo los diferentes momentos narrativos de una obra muy planificada. Y la tercera, comprendiendo y familiarizándonos con esos personajes que se van repitiendo a lo largo del tiempo en un espacio único y costumbrista de la geografía norteamericana. MANU GONZÁLEZ

 

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