CÓMIC: Yoshihiro Tatsumi, un manga errante

 

Cómics que uno encuentra de niño. La revista El Víbora número 10, portada de un esqueleto con tetas de Félix. En el interior hay historias de Max, Gilbert Shelton, Nazario, Gallardo y Mediavilla, y una historieta muy extraña titulada El telescopio. El dibujo parece infantil y está firmada por un autor japonés, Yoshihiro Tatsumi (Osaka, 1935–Tokio, 2015). En aquella época no sabíamos ni que existía la palabra cómic (eran tebeos), imaginen la palabra "manga" (cómic japonés). Con el nerviosismo infantil (tenía 6 años cuando se publicó esa revista, pero yo juraría que la leí con 8 años en casa de unos chicos universitarios donde limpiaba mi madre), comienzo a leer aquella extraña historia de un cojo que es convencido por un viejo para que le vea por un telescopio de la terraza de unos grandes almacenes hacerle el amor a una chica joven. El viejo se siente más joven y el cojo se suicida tirándose al vacío desde la terraza. ¿De qué iba ese cómic? En su día no entendí nada, y actualmente sigo sin entender mucho. Luego descubrí que primero era el viejo el que estaba mirando por el telescopio y el joven le imita (¿por qué?). Allí descubre en una ventana de un edificio vecino a una joven desnuda. Al día siguiente acude a la misma hora a ver a la chica y descubre que está con el viejo que antes estaba mirando por el telescopio. Pero aquí está el quid de la cuestión, el joven es impotente desde que perdió la pierna y se siente sexualmente activo mientras el viejo le hace el amor a la chica. El viejo, a su vez, se siente más joven mientras siente que el tullido le mira por el telescopio. Un trío fatídico: tullido-viejo-chica. Y acaba con el suicidio del tullido.

Esta obra era tan inquietante en los años 1960, cuando se publicó, como en 1980, cuando la leí por primera vez, y lo seguía siendo a principios del siglo XXI, cuando volví a recuperarla gracias a los recopilatorios que la editorial La Cúpula y Ponent Mon estaban haciendo del mangaka Yoshihiro Tatsumi, en plena explosión del manga en España. El pasado 3 de marzo nos enterábamos de la muerte de este creador incansable, que comenzó su carrera en 1952 influenciado por el maestro Osamu Tezuka. Mientras la industria del manga crecía en Tokio a la sombra del maestro y, sobre todo, centrado en las temáticas infantil y juvenil, Tatsumi quería contar otro tipo de historias, más adultas y costumbristas. En 1957 crearía el término Gekiga (vocablo japonés que significa "imagen dramática"), refiriéndose a este tipo de dibujo más "dramático" y con historias más realistas. En 1959 se une a mangakas como Takao Saito (Golgo 13), Fumiyasu Ishikawa o Masahiko Matsumoto para crear el Taller del Gekiga en Osaka. Comienza así la Edad de Oro del manga japonés con dos ciudades dedicadas a la producción de cómic y con sus respectivos héroes en cada una (Tezuka y sus historias juveniles en Tokio, y Tatsumi y su Gekiga en Osaka).

Tatsumi comenzó en el mundo del cómic influido por la imparable fuerza vital creadora de Tezuka, pero, irónicamente, Tatsumi y el Gekiga fueron la inspiración de la mejor etapa creativa de Tezuka, un Osamu más maduro que produciría obras más adultas y duras como MW, Adolf, Alabaster, Black Jack o El libro de los insectos humanos. Tatsumi, por su parte, no pararía de crear historietas, recopiladas en España en tomos como Qué triste es la vida y otras historias (La Cúpula, 1984), Infierno y Goodbye (La Cúpula, 2004), Venga, saca las joyas y La gran revelación (Ponent Mon, 2004), Mujeres (La Cúpula, 2006) o la muy recomendable Una vida errante, publicada por Astiberri en 2009 en dos tomos de 850 páginas en total, a la que el autor dedicó once años de carrera. Tatsumi se inventa un álter ego, Hiroshi, del que narra su vida desde su infancia en Osaka hasta su primer triunfo como dibujante de cómics. A principios del siglo XXI, las industrias americana y europea comprendieron la importancia de Yoshihiro Tatsumi en la historia del cómic mundial. En 2005 se le haría un gran homenaje en el festival de Angoulême. En 2006 sería galardonado con el prestigioso premio Inkpot (dedicado al mundo del cómic, animación, ciencia ficción o algunas áreas de la cultura pop) junto al aprendiz de su compañero de generación Takai Saito, Kazuo Koike, que comenzó su carrera trabajando en Golgo 13 y sería el creador de uno de los mangas más importantes del siglo XX, Lone Wolf and Cub. Y en 2007 y 2010 ganaría el Harvey y el Eisner, respectivamente, por el mejor material extranjero editado en Estado Unidos. La editorial canadiense Drawn & Quarterly ha publicado Fallen Words, una recopilación de ocho comedias morales de Tatsumi editadas, recopiladas y con diseño de Adrian Tomine, uno de sus alumnos más aventajados, cuyo estilo casi silente recuerda mucho al creador de Goodbye. MANU GONZÁLEZ

 

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