CATALÁN: Los tiempos pasados y presentes de Manuel Cuyàs

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Me gustan las antologías de artículos. Ver reflejado en un libro el pensamiento de alguien a través de píldoras publicadas a lo largo del tiempo. Me cuentan que son libros de escasa relevancia comercial, que los editores tratan de evitar porque no les reportan dividendos destacables. ¡Vaya hombre, qué contrariedad! Celebremos, pues, como se merece la publicación de Enamorats de l’Audrey Hepburn (Proa), acopio de artículos de Manuel Cuyàs (Mataró, 1952) publicados en El Punt Avui.

El responsable de la antología es su amigo y periodista Joan Safont, cuya intervención ya supone para Cuyàs motivo de alegría. La mirada del lector era importante para el libro ya que no quería proyectar él mismo la suya sobre su material publicado. “Es un libro de lector”, me cuenta. Alguien que, con su mirada externa, ha dotado el volumen de relato propio, de vida nueva más allá del carácter circunstancial de los artículos que acumula. Así, la lectura fluye a través de capítulos dedicados al paso del tiempo, la escritura, la pasión literaria, el gusto por el lenguaje, la cinefilia, los viajes, la gastronomía... Está inyectado por el placer de la observación cotidiana, el gran saber y privilegio del cronista –tal y como le gusta denominarse- que viaja mentalmente del pasado hasta el presente para inyectar sentido, significado y vigencia a aquello que ve, percibe e intuye, y decide contar a sus lectores.

Cuyàs, como deja claro el título, se enamoro de Audrey Hepburn en el cine. Prefirió a la protagonista de Desayuno con diamantes y My Fair Lady antes que a otras estrellas más en boga como Marilyn Monroe, Brigitte Bardot o Claudia Cardinale. Hoy Audrey es un mito, un icono cultural y estético de la modernidad. Y está satisfecho de que el tiempo le haya dado la razón. “De las actrices de hoy alguna te gustará especialmente”, le pregunto. Se lo piensa un instante. “¡Jamie Lee Curtis!”, me responde. Hombre, muy de ahora no sería precisamente. “Me gusta, ¿qué quieres que haga?”, replica. “Ah! Y Scarlett Johansson, claro”.

Cuyàs es un cinéfilo particular que no va mucho al cine porque no le gustan demasiado las películas de ahora. “Es una opinión un poco tonta”, reconoce, y continúa: “Las películas buenas ya están hechas. Esas películas-películas, Doctor Zhivago, Lawrence de Arabia, la pantalla grande, los 70 mm, los planos majestuosos...”. Solo queda que nos pongamos a hablar de Rita Hayworth y John Wayne. Bueno, de hecho lo hacemos al rememorar El hombre que mató a Liberty Balance, tal vez su película favorita, que aparece en uno de los artículos del libro y que además habla de la gran pasión de su vida: el periodismo.

Los pájaros, de Hitchcock, no podría hacerse hoy en día. El primer pájaro no aparece hasta bien entrado el metraje y la paciencia de los nuevos públicos no estaría preparada para soportarlo”, argumenta con tino. Ya ven, el encuentro se convierte en una conversación sobre placeres y manías cinéfilas.

Y gastronómicas también. En un artículo confiesa su gusto por el arenque ahumado. Y en otro nos habla del vino y la uva. Le hago notar que el saber popular recomienda combinar el sabor saladísimo de esta pesca salada con el dulzor de la uva. Así me lo comía yo por recomendación de mi madre. “Yo lo prefiero con el repollo pasado por la paella”, precisa él. La fórmula es la misma en realidad, combinar lo salado con el repunte dulce que lo matiza.

Enamorats de l’Audrey Hepburn está atravesado por el intangible del paso del tiempo. En uno de los primeros artículos ya queda claro: esos comercios que presumen del pedigrí inyectado por los años transcurridos desde su nacimiento. Uno empieza a ver que se ha hecho mayor cuando la fecha de nacimiento es posterior al nacimiento de uno mismo. TONI VALL