ADAPTATION: 'Caza al asesino', o Manchette manchado de nuevo

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“Todas las adaptaciones de Manchette al cine son auténticas catástrofes.”

(Jacques Tardi)

 

Resulta chocante, incluso antiestética, la cara de Sean Penn, un pergamino surcado por mil ríos, en portada de la novela de Jean-Patrick Manchette (1942-1995) que acaba de publicar Anagrama. Más cuando tampoco nos suena el título: Caza al asesino. Más cuando, en el prólogo de esta nueva edición, el periodista Carlos Zanón nos recuerda que la presente novela ya apareció en la colección Contraseñas a principios de los 1980, con una portada mucho más salvaje y pop, y con un título, Cuerpo a tierra, mucho más cercano al original, La position du tireur couché (1981), que fue además la última novela publicada por el escritor francés, cuando, tras una década como Rey del Polar, juzgó que ya no tenía nada más que decir, al menos en el campo de la novela negra.

El motivo de esta portada con Sean Penn es, por supuesto, la llegada a los cines de una supuesta adaptación de la novela de Manchette con ese mismo título, Caza al asesino (en inglés The Gunman), llevada a cabo por el francés Pierre Morel, el director de la exitosa Venganza (2008, con Liam Neeson reconvertido en Action Man), que es todo lo que cabía esperar de un esbirro de Luc Besson: un entretenimiento de acción más o menos solvente y totalmente anodino, con ese inconfundible tufo hortera que, además, nada tiene que ver con la novela original. Es decir, sí. Al igual que el Martin Terrier de la novela, el personaje encarnado por Penn (Jim Terrier, cambio de nombre para marcar distancias) es un francotirador a sueldo que hace sus pinitos como mercenario en África y acaba huyendo, en compañía de la chica de sus sueños, porque sus antiguos cómplices quieren matarle. Al margen de este esquema ultra-arquetípico de “asesino que lo quiere dejar, último trabajo etc...”, que Manchette escogió deliberadamente para superarlo a través de la escritura, novela y adaptación no tienen absolutamente nada que ver.

Sean Penn, que ha participado en el guión junto a Pete Travis (director de En el punto de mira, 2008) y Don MacPherson, que contribuyó al libreto de Principiantes (Julien Temple, 1986), traslada la trama a la actualidad, prescinde de sus raíces francesas, y circunscribe la acción a una rutinaria persecución, que va desde África a una teórica Barcelona taurina (el clímax es en la Monumental, en plena corrida, sic), pasando por Londres y Gibraltar, con el único objetivo de ofrecer un tibio remedo de aquellas producciones de los 1980 (Charles Bronson & Co.), y de paso recordarnos que las multinacionales explotan el África negra sin tener en cuenta cuestiones humanitarias (sic).

La novela contaba, en cambio, la historia de un desarrapado que deja la ciudad de provincias donde ha crecido para buscar fortuna, primero como mercenario y luego como asesino profesional. Su plan era acumular suficiente dinero para regresar, al cabo de una década, en busca de la chica de sus sueños que, entre tanto, se ha casado con un patético burgués conocido de ambos. Javier Bardem, que parece haber leído la novela, se esfuerza en el film por recuperar algo de ese personaje. Por fuerza, en la novela la trama es mucho más compleja, y salvaje, con no pocas escenas imborrables que no conviene revelar aquí, y un tono completamente amargo que no deja lugar a redención posible, al contrario que el film, donde Sean Penn ejerce de asesino con corazón oenegeista.

Si Morel, o más bien los productores (Penn entre ellos), hubiesen borrado toda referencia a Manchette de los títulos de crédito, nadie podría haberlos acusado de plagio. La supuesta adaptación, en la que tan solo han sobrevivido algunos aspectos muy embrionarios, no es más que un pretexto para mantener la referencia a Manchette como mera marca de prestigio.

 

 

Caza al asesino, o mejor Cuerpo a tierra, ya tuvo en su día una rauda, y bastante más fiel, adaptación -Choque (Robin Davis, 1982)- protagonizada por Alain Delon que, a pesar de calificar al escritor de “sucio izquierdista”, debía de sentir algún tipo de debilidad por su obra, pues debutó tras las cámaras con la más exitosa adaptación manchettiana, Por la piel de un policía (1981), y protagonizó otra de las siete adaptaciones cinematográficas que se han ido sumando hasta el día de hoy (El derecho a matar, de Jacques Deray, 1980). Aunque la versión Delon es pasable, se limita a seguir la trama, evacuando los aspectos sociopolíticos, contraculturales, subversivos y psicológicos, dulcificando tanto el personaje como su relación con la chica de sus sueños, que en la novela es brutal, mientras que en Choque es Catherine Deneuve, y ambos suspiran al unísono con un futuro bucólico en forma de granja de pavos (sic).

La mejor adaptación de La position du tireur couché hasta la fecha es, indudablemente, la llevada a cabo por Jacques Tardi, el más grande clásico contemporáneo del cómic francés, para el que el propio Manchette ya firmó un guión (Griffu, 1978), que declaraba inspirado en El beso mortal (Robert Aldrich, 1955), mientras trabajaba, precisamente, en su última novela. Tardi calca la trama, sin escatimar ninguno de sus aspectos más hediondos, en una inolvidable serie de viñetas bien francesas que nunca encontrarán su equivalente cinematográfico. Está visto que no. PHILIPP ENGEL