Cuaderno de campo

 

 

 

CUADERNO DE CAMPO

María Sánchez

La Bella Varsovia

92pág., 12€

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mucho le debe la poesía contemporánea a La bella Varsovia, en cuyo catálogo la editora y poeta Elena Medel está reuniendo a las voces más destacadas de la poesía actual. Hablar de riesgo es lo típico, mientras que hablar de compromiso es rendirle a Mendel la justicia poética -nunca un término fue más apropiado- que merece, pues su labor ha conseguido situar en las mesas de las librerías a nombres como Berta García Faet, Unai Velasco, Patricia González de Jesús, Jesús Jiménez Domínguez, Nares Montero y Luna Miguel, entre muchos otros. Son muchos los libros a destacar, pero esta semana queremos detenernos en uno en concreto: Cuaderno de campo. El poemario de María Sánchez no ha pasado desapercibido y es bueno que así sea, pues la poeta y veterinaria ha entrado en el mundo de la poesía para quedarse, imponiendo indiscutiblemente una voz propia que la hace destacar. Cuaderno de campo es un canto a ese lugar originario del que todos provenimos, la tierra, espacio de la naturaleza que se resiste ante la perversa mano del hombre. Esa tierra a la que apela Sánchez es la tierra que el yo poético ha heredado de generaciones anteriores y es la tierra a la que el yo poético se aferra reivindicativamente: se aferra a ella y la aferra, consciente de un final que, aparentemente, es próximo, pero que la voz poética ahuyenta, rescatando la tierra -el campo- a través de las palabras -de ese cuaderno convertido en poesía. La perversión del mundo urbano, de la maquinaria, de la sobreproducción, de la construcción sin límites es el monstruo que acecha a la tierra de los ritmos naturales; esa perversión es también la del lenguaje, que Sánchez reconstruye a través de un yo femenino que se reivindica como sujeto activo en ese espacio rural que, lejos de ser un lugar perdido, resiste, revelando en esa resistencia nuestra propia condición: la de un ser despojado de su naturaleza carnal, borrada por ese mismo lenguaje -discurso- que despoja a la tierra de su naturaleza: “Ahora que no sabemos diferenciar/ la voz del mugido/el pasto del alimento/aquí nosotros, /aquí tus vacas, /abuelo”

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