Flâneuse

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  FLÂNEUSE

  Laura Elkin

  Traducción: Aurora Echevarría Pérez

  Malpaso, 2017

   22€

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El flâneur recorre las ciudades desde el siglo XIX, camina en sus calles, conoce sus rutas y sus intersticios. La literatura lo creó y lo convirtió en símbolo del paseante moderno, del hombre que, anónimamente, recorre las ciudades apropiándose de ellas, observando sin ser visto, haciéndose dueño del mapa urbano. Sin embargo, ¿dónde están ellas? ¿Dónde están las mujeres que hicieron de la experiencia urbana una forma de emancipación? No fueron pocas las que se disfrazaron -y en determinados países, todavía se disfrazan- de hombre  para poder transitar por las ciudades “como ellas”, sin ser señaladas por el dedo. El binomio “mujer” - “calle” siempre fue incómodo y lingüísticamente, aunque no solo, lo sigue siendo: la “mujer que hace la calle” siempre es la “puta”, la “paria” social. El lenguaje nos revela como sociedad, por mucho que lo neguemos.

Con Flâneuse, Laura Elkin reivindica la experiencia urbana de la mujer, una experiencia que ha sido borrada; entre las páginas de sus libros, Elkin apenas encuentra referentes femeninos, no están las mujeres que caminaron por las ciudades por las que ahora ella transita, ciudades elegidas y, a veces impuestas, porque, como demuestra Elkin, el caminar por la ciudad revela las imposiciones y los condicionamientos que aceptamos o sorteamos. En este sentido, Flâneuse es también la narración sobre un proceso de aprendizaje, sobre el aprendizaje de la emancipación y que, en el caso de Elkin, se concretiza en el momento de decidir dónde vivir. Construido a partir de un relato autobiográfico, Flâneuse es un ensayo que nos revela las contradicciones de una sociedad, la contemporánea, que, por mucha bandera que enarbole, sigue sujeta a estructuras patriarcales que tienen su inmediata plasmación en el mapa urbano. De los nombres de las calles, casi siempre de “prohombres” de la política, la ciencia o las humanidades, hasta la propia configuración urbana: frases como “es mejor que ahí no vaya una mujer sola” son la prueba evidente no sólo de la exclusión de la mujer de la práctica urbana en su totalidad, sino de la aceptación de dicha exclusión. Laura Elkin recupera la herencia de todas aquellas mujeres que, con sus paseos y con sus marchas, han trasformado la ciudad y, consecuentemente, la sociedad. Elkin, como también Rebecca Solnit, concibe el caminar como una forma de intervención política y social, como un acto de transgresión y de ocupación del espacio público; desde esta concepción, la autora de Flâneuse reivindica la experiencia urbana de las mujeres, a las que invita a ocupar la ciudad para así reivindicarse   en una sociedad que todavía está lejos de ser paritaria.