Tener una vida

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TENER UNA VIDA

Daniel Jandula

Ed. Candaya

128 pág. 14€

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una novela breve, quizá, una nouvelle en torno a un personaje, del poco o nada se sabe, sumido en una profunda parálisis existencial: la vida avanza, pero él permanece quieto, inmóvil ante las circunstancias. El protagonista de Jándula parece seguir los pasos del protagonista de la obra de Dostoievski Memorias del subsuelo teniendo, al mismo tiempo, como referencia a ese Bartleby del “preferiría no hacerlo” y algún rasgo del inepto de Svevo. El espacio narrativo de Tener una vida se reduce al apartamento del protagonista, cada vez más vacío por un viaje que el protagonista no llega a hacer: a diferencia de lo que sucedía en Casa tomada, el protagonista lo expulsa todo de ese espacio convertido, página tras página, en una imagen de la nada. Solamente un colchón es testigo de la vida paralizada del protagonista que, días tras día, observa cómo en una de las paredes se va haciendo cada vez más grande un agujero de origen desconocido. Como el Aleph borgesiano, ese agujero parece contenerlo todo o, por lo menos, todo aquello de lo que se ha vaciado la vida del protagonista. Cortár, Borges, Dostoievski se reúnen en estas páginas, donde la reflexión sobre la vida y su sentido obliga al autor a explorar lo trascendental, aquello que está "más allá", ese todo ideal al que se aspira y del que la vida inmanente aleja. En este sentido, el protagonita al mirarse en el agujero de la pared no sólo se mira a sí mismo, sino que se enfrenta a dos dimensiones, a la inmanencia y a lo trascendente o, dicho platónicamente, al dentro y al fuera de la caverna. El protagonista se sitúa en el limbo, en la frontera en la que él, como ese agujero, es nada y todo a la vez