Las llamas

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LAS LLAMAS

Pere Gimferrer

ed. Fundación José Manuel Lara

112 pág. 14€

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uno acaba de leer Las llamas (Fundación José Manuel Lara) del enorme poeta Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) y le queda la sensación de que has leído al mejor Góngora, con el añadido de innumerables referencias culturales: arte, cine, teatro y un cosmopolitismo que desborda al lector; pero, lo gana, lo hace suyo, tal vez no se entiende tanto simbolismo, tantas imágenes, tantas sugerencias pero es lo que hay: una vasta cultura, asombrosa y esto todo, todo ese bagaje cultural, es lo que vuelca en su escritura poética el maestro Gimferrer: en esta “la melodía inmóvil de las llamas”. Si hay algún poeta al que la lengua lo elije es a este, tanto le da escribir en castellano, y catalán, como francés e italiano, no en vano es traductor. Admirables los pulsos al lenguaje y las figuras que enaltecen el texto poético: “el pájaro en la mano del amor, el pájaro perdido de la muerte”. Plasticidad de versos tallados con bisturí y pulso firme. Poeta universal que es capaz de cincelar el instante con toda su fuerza. A la vez que poeta curioso y de gran memoria, como lo demuestra en este canto al paso del tiempo: “somos el tiempo, pálido y tallado”.

La espléndida Pequeña fragua de Manuel Viola que ilustra la portada del libro da cuenta ya de lo que vamos a encontrar: ese eco de La Fragua de Vulcano, esa revelación, además de dos versos del soneto 22 de Shakespeare: la vejez reflejada y la juventud, el amor, que acompaña, diríase. Y 22 poemas con acertados títulos, en diversos idiomas titulados, son los que componen este canto unitario: versos largos para poemas más o menos breves, de 2 a 22 versos, salvo el poema La palabra abandonada, donde figura este admirable verso final: “las llamas que la llama sostendrá”, que es esa escritura, que es la vida, que no siempre va a dar a la mar. Todos los poemas están fechados, desde 17-XI-2016, el primero hasta el 21-III-2017, el último. Y cierra el libro un extraordinario epílogo: Exitus Collage de Aurora Egido, especialista en el barroco, donde habla de la obra y de toda la obra de Gimferrer, relacionándola con los, sus antecedentes. “Como un diamante que permanece vivo en la coda final, donde una noche cerrada y transatlántica (hasta en sus "llamas") evoca la fuente que mana y corre, aunque sea de noche, para nutrir la sempiterna llama de la poesía. Todas las llamas son la misma llama./ Amor, la única llama”. Y tiene toda la razón el poeta, pues en la teología católica de las tres virtudes teologales, la única que quedará cuando se llegue a la presencia de Dios será la caridad, el amor. Estamos, pues, ante un mar en llamas que hace que el alma del lector esté en llamas también. Pura poesía, pura mística: “(…) en la revelación/ que es sombra de una resurrección”. He aquí aquel admirado Arde el mar resucitado, pues estos versos son presencia que de súbito estallan a los ojos del lector: “Los cíngaros del cielo de la noche/ se desmaquillan en lo oscuro azul.” Creo que, al contrario de otros poetas, Gimferrer escribe del dolor, del amor, del paso del tiempo, con verdadero amor y pasión por el lenguaje poético y sus símbolos. Escribiendo una poesía única, insigne, con poemas de alta tensión, de lo cotidiano a lo trascendente, para saber de lo sutil, oculto, inaprensible, de ese amor que nos hace ser y estar más allá de todo lo habido y por haber, en este teatro de la vida: “las noches de teatro de nuestra soledad, las noches de la luz/ sacramentada, las noches blancas bajo el palio de lo negro”. Así que, sigue ardiendo el mar y de qué manera, podríamos decir. Creo que es este su gran libro poético. Lean este poemario y lo comprobarán. Que le concedan el Premio Nobel al poeta Pere Gimferrer no debe tardar mucho más tiempo. Es justo y necesario, pues Gimferrer engrandecería el Nobel, más si cabe. No como otros.

 

Enrique Villagrasa