Mejor la ausencia

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MEJOR LA AUSENCIA

Edurne Portela

Ed. Galaxia Gutenberg

240 Pág. 19,90€

 

 

 

 

 

La trayectoria biográfica de Edurne Portela (1974) estaba claramente orientada al mundo académico: doctora en Literaturas Hispánicas, profesora en varias universidades estadounidenses, multitud de artículos académicos sobre la violencia… Pero volvió de Estados Unidos y se instaló en Madrid para dedicarse a escribir. En 2016 publicó un ensayo, El eco de los disparos, valiente y descarado, que tenía el elemento de continuidad con su obra como estudiosa y divulgadora sobre la violencia en distintos ámbitos y en el conflicto vasco. Nada de mirar para otro lado, nada de pasar página sin más. Pero, a finales de 2017, solo un año después de la publicación del ensayo, nos regaló Mejor la ausencia, y esto es otro asunto, otra trayectoria, otro mundo. Es muy posible que Edurne Portela continúe con su carrera académica, pero esta nueva línea abierta con su primera novela la obligará a compatibilizar esa tarea con su creación artística. De nuevo nos situamos en los años del plomo. La novela se abre con unas breves palabras, apenas once líneas que sirven de pórtico de entrada para las dos partes de la obra, una que abarca entre 1979 y 1992, y la otra, “El regreso”, que se centra en 2009. Esas breves líneas enmarcan toda la creación y permiten anticipar la estructura circular de un relato en el que la narradora y protagonista, Amaia Gorostiaga, tiene que hacer un gran esfuerzo para que el lector la acompañe en su crecimiento y en sus naufragios personales. Enmarcada en un pueblo de la margen izquierda del Nervión, en un contexto de heroína, terrorismo, malos tratos, muertes y familias desestructuradas, asistimos a las vivencias contadas en primera persona de una niña tierna, rebelde e insumisa. Acompañamos a Amaia y entendemos cómo evoluciona su personalidad, cómo se rebela, cómo se relaciona con un mundo brutalmente violento en todos los sentidos. ¿Dónde queda la ternura? ¿Qué es la esperanza?

Mejor la ausencia está escrita con el estilo propio de los años que va teniendo la narradora protagonista. Según va creciendo, la sintaxis se complica, el léxico es más rico, los diálogos más elaborados. Pero en todos los casos se trata de un lenguaje directo, incisivo, carente de retórica. El tono, limpio y directo, nos sitúa en un presente que evita cualquier distracción, especialmente porque la autora reproduce escenas y diálogos con un excelente pulso narrativo. Un sorprendente debut literario que augura una extraordinaria carrera.