Al hilo de la publicación a final de 2020 de su libro «Ser incisivo y molar» (Pez de Plata), conversamos en noviembre con Camilo de Ory. que se tuvo que enfrentar a la Fiscalía y al rechazo de gran parte de la ciudadanía por su singular sentido del humor. En estos momentos en que se vuelve a plantear el debate sobre la libertad de expresión, sus palabras cobran plena actualidad.

Texto: Sara JÁÑEZ  Foto: Asís G. AYERBE

 

Ha publicado diez libros con diez editoriales distintas, recibió el VII Premio Internacional de Poesía Emilio Prados en 2005, admira al dramaturgo británico Christopher Marlowe y no tiene ninguna máxima en la vida, aunque si tuviera que elegir una sería “dejadme dormir”.

Así es Camilo de Ory (Segovia, 1970), un controvertido escritor, poeta y aforista que colecciona gafas de diseños estridentes y que en 2019 comenzó a aparecer en innumerables medios de comunicación españoles no por su cuestionable éxito en el ámbito de los contratos editoriales, ni por ostentar un importante galardón literario o por desafiar con tal valentía al mundo de la moda, sino por haber aprovechado su audacia para escribir y publicar unos tuits impregnados de humor negro sobre Julen, el niño de 2 años que falleció al precipitarse por un pozo en la localidad malagueña de Totalán.

Los mensajes le causaron al autor algún que otro problema con la Fiscalía, que pidió dieciocho meses de cárcel para él, pero le permitieron sentirse muy importante al recibir cerca de cuatrocientas amenazas de muerte por parte de desconocidos. Ahora, De Ory vuelve a la carga al publicar Ser incisivo y molar, un libro de aforismos con el que, bajo el auspicio de la editorial asturiana Pez de Plata, demuestra su habilidad literaria para cultivar el humor negro y para incomodar a la mayoría de las personas que se pongan delante de sus textos.

¿Qué es el humor para ti?

Una forma de enfrentarme a la vida y una manera de relacionarme con los demás. Cuando me pongo una máscara cómica puedo soportar el entorno.Por ello, creo que el humor sirve para mucho más que para provocarnos una carcajada.

¿Se podría concebir una sociedad sin él?

Como concebir, sí. ¡Fíjate!, vamos todos con mascarilla por la calle y no podemos decir palabrotas en las redes sociales. Vamos hacia eso, así que es perfectamente concebible. Otra cosa es que ese tipo de sociedad sea deseable. Yo no la deseo, pero otras personas puede que sí. Eso explicaría que hoy en día se tienda a censurar de tal forma ciertos contenidos.

Entiendo que para ti la libertad de expresión no debería tener límites.

No. Ni uno. No obstante, no hay que confundir la libertad de expresión con la impunidad, porque creo que cada uno debe responsabilizarse de lo que dice. Por ejemplo, si yo difamo a una persona, la injurio o le atribuyo crímenes que no ha cometido, después tendré que hacerme cargo de mi fechoría. Yo me responsabilizo en cuanto a lo que suelto y, si resulta punible, lo tendré que pagar, pero opino que no se debería limitar, a priori, ninguna forma de comunicación.

En Ser incisivo y molar apelas de esa forma tan implacable a políticos, a la Iglesia, a los poetas actuales y a un colectivo con tanta presencia en la actualidad como el de las mujeres feministas…

La primera vez que salí con mi pareja actual le solté un speech, del que no me acuerdo de nada porque yo iba como las grecas, hablándole de mis miserias y de los conflictos que tuve con mi madre durante mi infancia. Me ha contado que estaba al borde del llanto y que terminé mi alegato diciendo: “¡Y por eso soy machista!”. Mi misoginia, que existe, no es más que una manifestación parcial de mi misantropía. Odio al mundo y el mundo está compuesto en parte por mujeres. Mi relación con el bello sexo fue bastante bélica en mis primeros años de vida y eso marca. ¡Y ahí lo tienes!: cuando escribo narrativa los personajes femeninos siempre terminan muriendo. No sé por qué, porque no es algo que yo premedite, pero pienso: “Este personaje tiene que morir”.

Entonces, ¿toda la acidez de tus aforismos nace de un odio generalizado al mundo?

[Risas] ¡No me había parado a pensarlo nunca! No lo sé. Pero, molaría, ¿eh?

En uno de los que recoges en Ser incisivo y molar, dices: “El éxito de un chiste no se mide por cuánta gente se ríe con él, sino por cuanta gente quiere pegarte”. Si es así, tú has triunfado.

Sí, creo que eso es verdad. No es tanto que yo haya triunfado, porque sigo siendo pobre, pero creo que el humor está evolucionando hacia un escenario en el que la eficacia de un chiste ya no se mide por el chiste en sí, sino por la reacción que provoca en el receptor. Si se cabrea de manera graciosa, el chiste es gracioso. Los chistes ya están todo hechos, por lo que ahora hay que hacerlos de manera que alguien monte una pataleta tronchante. Tenemos que viajar hacia eso. Ese es mi empeño. ¡Estoy montado en ese burro!

¿Considerarías que los aforismos de esta obra son una creación literaria?

¡Es muy dura esa pregunta! Opino que sí. Creo que nadie duda de que Ramón Gómez de la Serna o de que Friedich Nietzsche sean literatos. Lo son. Esto es lo mismo. En Ser incisivo y molar también se recogen un tipo de máximas similares, en cierto modo, a las que escribían ellos. Yo he intentado que vayan más allá de la ocurrencia y que tengan un sustento literario. Creo que el aforismo es un género, y no menor.

Otro de los que recopilas en esta obra apunta que: “Cuando la prensa empieza a decir que un autor es maldito, ya no es maldito”. Así que me gustaría saber qué opinión tienes sobre el reportaje que publicó sobre ti, en abril de 2019, el periódico El Español bajo el titular: “Camilo, el poeta maldito que hizo bromas macabras sobre Julen”.

¡Eso es la gloria!, porque cuando, por ejemplo, dicen que Leopoldo María Panero es maldito, ya no es maldito, es una estrella, una star. Charles Bukowski, ¿es maldito? No es maldito, es otra star. En el momento en el que la prensa se ocupa de ti y te cuelga ese marbete, que es una etiqueta muy publicitaria y vendible, pues ahí lo tienes y, al menos, en El Español me llamaron poeta.

Después de que la Fiscalía solicitase dieciocho meses de prisión para ti por esos mensajes que publicaste en tu cuenta de Twitter sobre el fallecimiento de Julen, de convertirte en un blanco mediático y de recibir amenazas de muerte, ¿piensas más en lo que escribes sobre otros?

Las personas cercanas a mí dicen que me he moderado bastante. No es algo consciente, porque mi idea es hacer lo que he hecho siempre y afrontar lo que pueda venir después. No lo sé. Igual me he ablandado.

¿Piensas que has podido herir a alguien?

Yo no me burlo de la gente. Si hago un chiste sobre ti, te estoy tomando como personaje para crear una historia, que es ficticia y humorística, pero no me estoy riendo de ti. La línea entre literalidad y ficción sé que es difusa, pero está ahí. Por ejemplo, un chiste sobre un miope o sobre un alcohólico, como soy yo, no es un chiste sobre mí. Es un chiste sobre una condición: la del ciego o la de la persona que hace una dieta alternativa con alcohol. Lo que hago es ascender o descender a una persona a la categoría de personaje y, a partir de ahí, elaborar una historia, que no es real.

Justificaste la publicación de estos chistes apelando a que con ellos querías denunciar la hipocresía con la que los medios de comunicación estaban cubriendo el suceso. ¿Pero no crees que ciertas imágenes que compartes en tus redes sociales, como en las que promocionas este libro en ropa interior, apelan también al morbo?

Sí, pero yo no miento. Es mi cuerpo. Yo estoy vivo. El niño no estaba vivo. Hay una pequeña diferencia. Aunque tengo cierto aspecto mustio en ropa interior y pueda parecer cercano a un cadáver, te aseguro que estaba vivo en ese momento.

Por tanto, ¿para hacer buenos chistes sobre otras personas es necesario, primero, aplicar las premisas del humor sobre uno mismo?

No sé si uno tiene que hacerlo o no, pero yo lo hago. Es decir, no sería capaz de soportarme si no estuviera riéndome de forma continua de mí y de lo que me pasa. No sé si es una condición necesaria para luego poder hacer humor sobre otros, pero yo lo hago.

¿Qué opinión tienes sobre la gestión política que se está haciendo de la pandemia de la Covid-19 en España?

Me gusta muy poco que me repriman y esto va para muy largo. Creo que se nos confina, no porque sea una acción necesaria para poder controlar la extensión de la Covid-19, sino para que luego no podamos echar la culpa a los políticos de lo que suceda. No se está invirtiendo en materia sanitario y ¿es que a partir de las 23:00 de la noche, con poca luz y con un punky tocando música se transmite mejor el virus? Yo no lo entiendo. A mí esto de no poder ir a un bar por la noche me está agriando el carácter. Yo soy un tipo de natural bondadoso, pero ahora… no me termino de ver. Pero creo que esto pasa en el mundo en general, no solo en España, aunque aquí lo llevamos un poco más al límite, porque somos así.

Define en una frase a Isabel Díaz Ayuso.

El amor de mi vida. ¡Mi musa!

A Pedro Sánchez.

Es más alto que yo, lo cual siempre valoro en un hombre.

A Donald Trump.

Tengo la convicción de que una persona con sentido del humor no puede ser ni tonta ni mala y este tío, con el que discrepo políticamente en todo, tiene un buen sentido del humor. Por eso, no creo que sea un tipo ni tan tonto ni tan malo. Dicho esto, no apruebo nada de lo que hace, salvo que no monta guerras, no sé yo que ha pasado. Sus medidas políticas me parecen nefastas, pero no creo que sea un monstruo, será otra cosa.

¿Les gustaría tu libro?

A Trump, sí. Ayuso no lo entendería y a Sánchez, no lo sé. Lo único que sé de él, respecto a sus gustos culturales, es que le encanta el grupo de rock estadounidense The Killers y no sé si Ser incisivo y molar tiene mucho de eso.

¿Qué les diríais a todos esos lectores que no comprenden el fin de tus chistes y que los consideran ofensivos?

Si les parecen ofensivos, igual es que sí que los comprenden.

¿Y a los que sí que valoran tus aforismos y tus obras?

Me gustaría poder recomendarles de algún modo [risas]. Que sean los receptores pasivos de mi gloria me parece un buen papel para ellos. Y para mí. . El diario es un diálogo con uno mismo, no tienes que contentar a nadie: si al que escribe el diario le apetece recordar los coches que ha tenido en su vida, pues los recuerda, venga o no al caso. En una novela con narrador omnisciente está claro que no hubiera tenido sentido.