El mundo de la creación teatral engancha a cualquiera y pasear por un teatro construido en torno al 1500, más. Cristina Redondo, autora de «La furia del Kolibri», me cuenta todo esto y también que odia posar, mientras me enseña las diferentes estancias del Teatro como una guía turística de lo más jovial. Salas preciosas, luminosas, bien dispuestas… Pero no es esto lo que quiero (pienso) y sutilmente la voy llevando a lo que me gusta, lo oscuro, las tripas del edificio… Ella se extraña, pero nada altera su alegría natural, y poco a poco dejamos atrás lo evidente y avanzamos hacia lo desconocido. «No había pisado nunca algunos de estos lugares», comenta mi alegre guía cuando visitamos calderas y almacenes. En uno de esos pasillos veo la luz, literal, que buscaba. En un universo de cuerdas emerge la joven creadora en su medio. Tratando de pasar desapercibida. Jugando para el terreno y no para las gradas.

Este es uno de los fragmentos del artículo «Destripando la fotoanécdota» de Asís Ayerbe que podrás leer entero en el número de marzo/abril de Librújula.