La Garúa publica «sonar», el segundo poemario de la autora hispano venezolana.

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

Cada día estoy más convencido de que el poema debe tener capacidad de evocación y de sugerencia y por supuesto, no debe ni nombrar ni definir. Ambigüedad. Quedando suspendido en los márgenes imprecisos de la insinuación y la seducción. De lo que ya nos advierte Vicente Luis Mora en la faja del libro. Y tras leer el libro pienso que la poesía puede ser esos acúfenos que nos llevan a escribir poemas tan asombrosos como los que anidan en sonar (La Garúa), segundo poemario, de la investigadora, escritora y poeta hispano-venezolana Cristina Elena Pardo (Caracas, 1993). Libro que lleva un inteligente, elaborado y conciso prólogo de Sonia Bueno: “Esa voz responde a tientas a un deseo de ser, de construirse, de buscar su rostro, de escuchar el rostro del otro”.

Belleza y calidad por doquier en este libro. Hasta el índice con los títulos de los poemas es otro poema y con lograda musicalidad semitonada. Este poemario está dividido en cuatro partes: hacer tocar tañer causar, mecionar se repetir-/ me, a qué nos parecemos  a quien nos  ¿, y rumorea/ murmulla, más una nota de la autora sobre este sonar que “no es sino esa misma preocupación por el lenguaje y lo sensible, por la textura de una vibración y su significado audible, pero que ahora ha excedido toda la teoría. Es también reflejo sonoro de la mano y mirada del espejo, y reverberación de las mismas voces con las que sigo intentando entablar diálogo, siempre a contrapelo”.

La poesía de Pardo es accesible a las personas que quieran leerla. No tengan miedo por el solo uso de minúsculas o el no uso de signos de puntuación. Nada mejor que leer estos poemas en voz alta ajustados al ritmo de la respiración de cada cual y dejando fluir esa musicalidad de sus versos. Ese fragmentarismo integrado en la lógica interna del poema. Por esto, creo que se plantea a la personas lectoras una especie de juego cómplice: encontrar en estos poemas la secreta verdad de ese aparente desorden y lo encontramos porque en la poesía de Cristina Elena Pardo hay un elemento conductor: un ritmo hechizante, una musicalidad viva: “a mano alzada grito pronuncio sílaba”.

Me gustan las miradas, como la de la poeta, que se apropian del entorno, del paisaje, y descubren en él lo que la apariencia oculta: “sonar/ como un hábito solo en mi cuerpo    para bastar un/ recuerdo gritar sucede”. Es muy importante para leer a esta poeta fijarse la disposición geométrica, si se quiere, de los versos y sus sugerentes espacios en blanco. Creo que en Pardo hay mucho talento y conocimiento de la tradición. Posiblemente, nada hay tan polisémico como una compleja simbología bien manipulada por una gran poeta: “todo sonido en mis oídos    des    ciende sin/ cambio sin volumen    todo// sonido me divide”.

La poesía de Cristina Elena deja claro que “lo que no ha sido oído no será visto”, con lo que seguramente está creando un orden verbal más o menos ensimismado, construido con esas imágenes preciosas y precisas: “pedí un sonido// aun en medio de la luz temblor al límite quise escuchar/ un ritmo crecer”. La realidad en estos poemas está rasgada y ya es otra realidad, palabra inventada. La poeta se adentra en la poesía con un montón de fragmentos vivenciales, de memoria, culturales, de deseos, construyendo los poemas con verso libre: y en esa musicalidad singular deposita la carga anímica: pergeña el poema: “toca sonar      fuimos derrumba    miento fina/ nota que sostuvo su cuerpo re// tumba”.

Desde el primer verso: “se dice de un sonar geométrico se    dice    quizás” hasta el último: “silencio”, utilizando simetrías y asimetrías, disonancias y consonancias, la poeta busca y logra introducir a las personas lectoras en esta complicidad anímica que es hechizante. Poemas cambiantes en su propio paisaje que se justifican en la contextualidad del poema. Para ejemplo el poema último que me recuerda a los paisajes de Invernalia de Juego de tronos: “tanta noche un      cuerpo de voz caminante”.

Así pues, la poeta Cristina Elena Pardo ha escrito un poemario firme y sugerente, con citas sutilmente escogidas de Miriam Reyes, Chantal Maillard, Armando Rojas Guardia, Hanni Ossot, de la prologuista Sonia Bueno y de Laura Giordani, que conmoverá a toda persona que lo lea: “en el borde del tiempo enfrentando”.

 

cuando esté de espaldas al suelo voy a escuchar     atenta a

 

pisar las sombras    a tumbar los cuerpos seguir flotando      voy

 

a poder escuchar     sin luz llenar     el lugar sin                     voz

 

hasta que aparezcan palabras      escritas

 

sin

ecos yo      voy a      cuando sea     lenta     mente

 

acallada