El autor de «La edad de la ira» y «De la ruina de los imperios», el pensador y novelista indio Pankaj Mishra (1969), ha publicado en español una serie de ensayos reunidos bajo el título de «Fanáticos insulsos» (Galaxia Gutenberg), en los que analiza la situación actual de la sociedad internacional a través del discurso creado por un grupo de intelectuales “fanáticos” e “insulsos” que abrazaron con agrado las ideas del supremacismo blanco.

Texto: David VALIENTE            

 

Algunos articulistas de opinión de prestigiosos diarios, denuncia el autor, siguen defendiendo la superioridad de unos pocos con el fin de prolongar el pensamiento colonialista del siglo XIX a nuestros días. Fanáticos insulsos se compone de once ensayos, algunos de ellos narrados desde una perspectiva moral de los acontecimientos, que le permiten vislumbrar conexiones entre la esclavitud promovida por el imperialismo decimonónico y las privatizaciones efectuadas por Gobiernos enamorados del neoliberalismo. A los dos estadios históricos les conecta una “ceguera moral e intelectual”, causada por “la distorsión de la realidad de la clase política y media angloparlante”, responde Pankaj Mishra por correo electrónico.

El autor, asimismo, no considera válida la división clásica de Occidente y Oriente: “No empleo en ningún momento la palabra `Occidente´ porque ya no responde a una descripción coherente de la realidad”. La llegada de Donald Trump al poder precipitó un cambio profundo en el panorama internacional, que ya venía produciéndose de manera tenue con la caída del Estado soviético: Europa, cada día más desligada de Estados Unidos, navega a la deriva, agotada, envejecida y desvencijada por los caprichos de una élite política preocupada en satisfacer a sus redes clientelares. Sin embargo, los Estados Unidos tampoco pueden presumir de un futuro envidiable y más cuando retroceden paulatinamente en las esferas del poder internacional, ante las zancadas del gigante asiático. En suma, la imagen de la realidad política internacional “es más compleja de lo que pueden indicar palabras como Oriente y Occidente”.

Respecto a la concepción imperialista en Asia, Pankaj defiende que “tuvo sus propios imperios, pero ninguno propuso una teoría universal que transformara la concepción cultural del resto de pueblos”, aunque también es cierto que “no contaban con los recursos necesarios para hacerlo”. En el primer ensayo, nos describe ciertas prácticas cometidas por el Estado indio en Cachemira que nos recuerdan por su brutalidad y coerción a los métodos empleados por los británicos para subyugar a la India. Cachemira, un territorio en continuo conflicto, se ha convertido en el laboratorio indio para desarrollar “una forma de supremacismo hindú y de imperialismo racista similar a aquel del que el país se había liberado en el 1947”, relata en su libro.

¿Algo puede cambiar en Estados Unidos?

Los lectores veteranos recordarán el discurso previo a la guerra de Irak ofrecido por George Bush hijo. En la pantalla, el presidente, ataviado con un traje azul oscuro y una corbata de seda, y franqueado por la bandera de los Estados Unidos a la derecha y la bandera del presidente a la izquierda, mostraba una profunda serenidad, además en algunos gestos de su boca se podía leer el regocijo por la hazaña que iba a emprender. Según sus argumentos, se habían agotado todas las vías diplomáticas posibles. El Estado iraquí les obligaba a entrar en guerra por el peligro que suponían para la paz mundial las armas químicas que guardaban y su apoyo al terrorismo internacional, que azotó el corazón económico de Occidente el 11 de septiembre del 2001. “Todas las décadas de engaño y crueldad llegaron a su fin- dijo Bush-. Sadam Hussein y sus hijos deben abandonar Irak en 48 horas. Si se rehúsan a hacerlo, desencadenarán un conflicto militar que comenzará cuando nosotros lo determinemos”. En efecto, cumplió su palabra. 48 horas después, los Estados Unidos de América y sus aliados, entre ellos España, invadieron Irak para instaurar un “Gobierno democrático” que liberara al pueblo de su tirano.

De nuevo, se tomó el pelo a la nación y al planeta entero. Una nueva guerra, como muchas otras que había librado ya Estados Unidos en su “patio trasero” o en Asia, comenzó en nombre de los derechos humanos y la democracia. “Thomas Woodrow Wilson patentó la retórica de promoción de la democracia que Bush utilizó para darle legitimidad a sus guerras catastróficamente tontas”, indica Pankaj. Un modo rastrero de mantener la supremacía blanca, de intervenir en un país, destrozarlo y abrirle las venas hasta depredar la totalidad de sus materias primas.

No obstante, esta condición supremacista no tiene grandes visos de terminar con el nuevo inquilino de la Casa Blanca y su vicepresidenta Kamala Harris: “Las estructuras de la supremacía blanca están demasiado arraigadas”, advierte el autor de Fanáticos insulsos. Ni siquiera Barack Obama invirtió la balanza; optó por acomodarse al sistema usando “los poderes y privilegios de la supremacía blanca para acelerar la práctica de asesinar a personas en partes remotas del mundo, incluso ciudadanos estadounidenses de piel oscura y musulmanes”, recalca Pankaj.

De todos modos, Biden tiene en sus manos la posibilidad de poner las bases del cambio, más aún tras los acontecimientos ocurridos recientemente en Estados Unidos que tuvieron como protagonista al Capitolio de Washington D.C. y a un grupo de exaltados. Dichos acontecimientos, sumados a la desastrosa gestión del coronavirus, han dejado al desnudo la realidad inmoral de un país que presume de moralidad. “Biden podría usar este momento de claridad para reconstruir la autoridad moral de Estados Unidos sobre una base más amplia y sólida”, comenta Pankaj Mishra.

La solución está en casa, y comenzará cuando se enfatice la lucha por la democracia, desafiada durante estos últimos años y permanente en el sentimiento social estadounidense. Así, el presidente 46º de los Estados Unidos mostrará una cara amable y unos principios basados en la justicia y la dignidad a “la gente común de todo el mundo, ya sean cachemires asediados por supremacistas étnico-religiosos o ciudadanos de Hong Kong en contra de un régimen autoritario”, concluye Pankaj Mishra.