Mientras la pandemia acecha, los centros formativos de escritura creativa del país se llenan de personas que necesitan construir un mundo donde la imaginación derrote a los virus y ensanche los límites estrechos de la realidad.

 

Texto: Sara JÁÑEZ  Ilustración: Hallina BELTRÂO

 

Quítese el equipo de protección ocular y recuerde lavarse las manos. Quítese la mascarilla y recuerde lavarse las manos. Quítese los guantes y recuerde lavarse las manos. El médico, cansado de tanto recordatorio y con ganas de liberar la presión que oprime su pecho, coge un bolígrafo y escribe lo mucho que desea que el mantra que tanto le repiten vuelva a ser solo un simple dicho de connotación peyorativa. Lo mismo piensa esa enfermera que teclea y teclea en su ordenador. Podría estar rellenando Informes de Cuidados, pero lo que está redactando es una historia de resiliencia, su propia historia de resiliencia, y que bien sería susceptible de estar en la estantería de cualquier librería. El enfermo escribe. Sus familiares, amigos y vecinos, también. Todos lo hacen porque un tsunami en forma de pandemia llegó para arrasarnos con su primera, segunda, tercera y quién sabe si cuarta ola. Las emociones se acumulan y parece que, al expresar lo que sentimos en folios o al componer frases al son de las teclas, se palia un poco esa sensación de ahogo que produce el agua salada que se ha quedado estancada en los pulmones. Pero a algunos les cuesta ordenar sus ideas. ¿Su relato debería tener personajes? ¿Debería tener diálogos? ¿Y escenas? Entonces, las numerosas escuelas de escritura que hay en España se presentan como una especie de bote salvavidas para todos aquellos que desean contar su historia y que, además, quieren saber cómo hacerlo.

“La gente está pasando por una época muy intensa y tiene muchas cosas que explicar”, aseguran Jordi Muñoz y Pau Pérez, los directores de la escuela de escritura más grande de Europa y la segunda más grande del mundo, después de la de Nueva York: la Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès. Situada en la Ciudad Condal, el centro se ha adaptado a la situación de emergencia sanitaria y ofrece más de cien videocursos en directo y cursos virtuales, tanto en castellano como en catalán, para todas aquellas personas que sean amantes de la lengua y la literatura, y que bien quieran convertir su pasión en su oficio o que solo busquen deleitarse con el placer de sus hobbies. Con ofertas formativas como las de Narrativa, Guion de Cine, El oficio de Editar o El Diario Íntimo como Género Literario, es imposible que la marea del coronavirus, por fuerte que sea, consiga sepultar al arte de las letras.

Durante el pasado mes de marzo, y según la compañía de libros electrónicos Kobo, la lectura digital se incrementó más de un ciento por ciento en ciudades como Bilbao, Madrid o Barcelona. “Este aumento se debe tanto a lectores apasionados que finalmente encontraron el tiempo para leer, como a personas que normalmente no leían y que, de pronto, decidieron acercarse a los libros. Sin embargo, lo que hemos visto de forma más mayoritaria es la necesidad de escribir para procesar todo lo que nos ha traído la pandemia”, asegura Tamara Galbis, la responsable de comunicación del Laboratori de Lletres, otra escuela de Barcelona para la que “la buena literatura está escrita desde las entrañas, con amor a un contenido y a una forma artística que se sirve de las palabras para transmitir emociones y una experiencia estética”, y que ofrece cursos tan propicios como el de Escritura de Crisis o tan originales como el de Poesía Visual.

La capital catalana es la ciudad española con más sellos editoriales y agencias literarias, por lo que no es de extrañar que allí también se encuentre la sede de la plataforma e-learning del grupo editorial Penguin Random House, la Escuela Cursiva. Su director, José Rafoso, explica que es “un espacio de aprendizaje y diversión, donde se enseña a vivir la vida y a perseguir los sueños” de la mano de sus autores y de grandes agitadores culturales, como ocurre en el curso de Gestión Cultural que organiza junto al festival de literatura Hay Festival.

Resulta evidente que los programas educativos de escritura creativa han experimentado un avance imparable en España desde su aparición, a finales de los 70, hasta la actualidad, por lo que, como es de esperar, la ciudad de Madrid también está abarrotada de ellos. Allí destaca la Escuela Fuentetaja, una de las más antiguas de España, o la pequeña y pintoresca La Plaza de Poe, donde, además de asistir a clase, también se puede disfrutar de sus peculiares catas literarias, unas citas en las que la literatura y la gastronomía acogen a escritores, editores, dramaturgos, guionistas o lectores.

Pero lo que quizá no resulte tan obvio es que el arte de las letras despierta el interés en todos los rincones del país, mucho más allá de los perímetros de las grandes ciudades superpobladas. En la Escuela Literaria de Santa Cruz de Tenerife tienen alumnos de entre los 12 y los 80 años, en la Escuela Sinjania de Oviedo ofrecen novedosos cursos de marketing online para escritores, en la Escuela Metáfora de Málaga aplican metodologías de la pintura o de la música, y en el Taller de Escritura Creativa Alfa de Bilbao no prometen el éxito, pero sí el aprendizaje de todos aquellos que quieran disfrutar de su derecho a escribir y leer.

Por suerte, esto es solo un pequeño ejemplo de todos los botes salvavidas que hay dispersos por España. Así que, además de lavarse las manos, recuerden: cuando llegue la ola y se atraganten con el agua salada, la cultura, siempre que la dejen los poderosos, estará ahí para salvarnos.