La directora General del Libro, María José Gálvez, pasó revista al momento del libro en un encuentro organizado por la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña.

Texto: Antonio ITURBE        

 

En un encuentro enmarcado en los diálogos organizados por la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña, con patrocinio de CEDRO, el periodista, escritor y miembro de la junta directiva de la ACEC, Álvaro Colomer entrevistó a la directora General del Libro. Arrancaron la conversación en catalán (él) y valenciano (ella) para visualizar que el 50% de la población española vive en un territorio bilingüe. Un aspecto en el que María José Gálvez tiene una especial sensibilidad por su condición de valenciana. Subrayó su buena sintonía con los organismos de las comunidades autónomas que tienen transferidas las competencias en la materia y señaló acciones, como la dotación de ayudas para la traducción entre lenguas del Estado, para mejor cohesionar ese patrimonio lingüístico.

Afirmó que “Cuando me incorporé a la dirección general del libro y el fomento de la lectura me esforzaba por explicar que no nos vieran como un departamento pagador sino trabajador”. Señaló la importancia y su obligación de atender las subvenciones, ayudas, programas y residencias que gestionan, pero también ”la importancia de trabajar en los proyectos que valgan la pena en todo el arco del sector”.  De talente vivaz, la directora del Libro reconoció que el panorama de la pandemia “es complejo, pero también una oportunidad, porque contamos con unos nuevos presupuestos generales del Estado, que para esta dirección general suponen un incremento y una oportunidad de arrancar nuevos proyectos”. En este sentido recordó su llegada hace once meses al ministerio: “veníamos de una prórroga presupuestaria de un gobierno donde no existía el ministerio de cultura ni la dirección general del libro”.

Las agónicas prórrogas presupuestarias de unos presupuestos arrastrados desde la época del partido Popular, que tenían a la cultura en general y a la promoción de la lectura en particular, en el furgón de cola de las prioridades, hicieron que su antecesora acabara tirando la toalla y María José Gálvez llegó al puesto en febrero de 2020 tras la renuncia de Olvido García Valdés. Preguntada por Colomer sobre esas zozobras, tuvo para su antecesora, muy estimada en el mundo cultural, palabras afectuosas y recordó que “Olvido García Valdés se enfrentó a muchas dificultades”. Gálvez consideró que “Todos podemos ser muy imaginativos y creativos, pero el presupuesto es necesario”.

Se mostró especialmente contenta de haber visto ya el borrador y que “en 2021 se vayan a incorporar por primera vez a los presupuestos generales del Estado de forma estructural las ayudas a la creación que en 2020 no se pudieron convocar.  Espero que las podamos convocar antes de la primavera”. Señaló la importancia de que haya una partida presupuestaria porque eso evitará el vaivén que hizo que en 2020 no se pudieran convocar esas ayudas y su satisfacción de que queden ahí ordenadas, al margen de quien esté al frente de la dirección general del libro.

La llegada de Gálvez tuvo una dificultad añadida: apenas pisó el ministerio, se decretó el confinamiento total por la pandemia. Ni tiempo tuvo de conocer a su equipo, a algunos de los cuales conoció antes por pantalla que en persona. Pero no perdió el empuje pese al momento extraño: “Durante el confinamiento, para mí leer era refugio de toda la realidad dramática alrededor y era una manera de mitigar la claustrofobia de no poder salir. Leer era refugio y ventana”.

En esos días consultó al sector cuáles eran sus necesidades básicas “y todos me dijeron: en primer lugar, las librerías, Y así lo hicimos”. De ahí las líneas de ayudas extraordinarias a librerías de 4 millones de euros o el acuerdo con Correos para ayudarlas en el e-commerce con  envíos de libros a precio reducido y llegada en 24 horas. “A menudo lo que hacemos no ocupa titulares ni son cosas grandiosas pero son importantes porque son una detrás de otra. También bajamos el IVA del libro digital porque lo importante es que sea libro al margen del formato”.

También explicó el esfuerzo que se hizo en bibliotecas, que ha dado unos excelentes resultados durante la pandemia y que van a seguir implementando: “Las bibliotecas garantizan la igualdad de oportunidades del acceso a la lectura en España independientemente del territorio o la capacidad económica del lector. Hicimos una compra grande de licencias, por valor de más de cuatrocientos mil euros, porque teníamos obligación de garantizar que los ciudadanos pudieran leer de manera libre y gratuita pero respetando las cadenas de derechos del libro”.

Ante los datos esgrimidos por Colomer sobre el incremento del hábito del lectura en estos meses de un 4% y el paso de 47 a 77 minutos de lectura, la directora del libro opinó que “Con independencia de la pandemia es una tendencia”, aunque señaló, eso sí, que el incremento en hábito de lectura de los seis años anteriores era muy lento. Aun declarándose hasta hace poco una lectora “muy ortodoxa o clásica a la hora de la forma de leer” señala que “la virtualidad lo que ha hecho ha sido fomentar lectores. El reto es cómo hacer que todos esos lectores se queden. Y ahí el plan del fomento de la lectura es importante y una parte es esto: cómo hacer que se queden”. También se mostró contenta de ese plan de lectura que abarcará 2021-2024 porque, además, será consensuado en una Mesa del Libro y es la primera vez en nuestra democracia que se crea una mesa del libro con representación de todos los sectores implicados.

Colomer se asombró de la paradoja de que en una crisis tan galopante con cierre de librerías incluido, los índices de lectura aumentaran, pero a Gálvez no le sorprendió. “También había un cierto hartazgo de las pantallas, mucha gente en este tiempo ha vuelto al corazón, a la esencia de ese acto en soledad, de paz y de sanación que es la lectura”. Tener a una directora del libro que tiene fe en los libros es una bendición laica.