La novela “Cien noches” de Luisgé Martín muestra las distintas obsesiones sexuales de la sociedad actual.

 

Texto: Javier PINTOR  Foto: Asís G. AYERBE

 

Cien noches, Premio Herralde de novela 2020, se plantea como un estudio que analiza los comportamientos sexuales de nuestra sociedad de forma novelesca. Los individuos se ocultan detrás de máscaras para mantener un cierto equilibrio social y sentimental en sus vidas. Este argumento, ya tratado en otros libros igualmente introspectivos del autor, se desarrolla en distintos planos narrativos a través de un experimento antropológico que toma la forma de una trama detectivesca en la que se intentan desvelar y reconstruir las obsesiones sexuales que rigen nuestra conducta.

La obsesión por la sexualidad de Luisgé Martín tiene mucho que ver con su biografía sentimental, mostrada sin tapujos en El amor del revés (Anagrama, 2016). En este libro, el autor confiesa sin pudor que la represión sexual que sufrió durante muchos años le llevó a recorrer un camino primero de dolor y luego de liberación que cambió su vida. Este itinerario vital lo ha convertido en uno de los escritores más audaces a la hora de revelar las implicaciones que el deseo sexual ejerce sobre las personas. Su talento literario le ha permitido crear una nueva realidad capaz de arrojar luz sobre nuestros sentimientos más oscuros. La capacidad de penetrar en la psicología de los personajes  y acceder a las pasiones más íntimas y sombrías del ser humano aparece de nuevo en Cien noches y define los vaivenes emocionales en los que se mueven continuamente sus personajes.

Luisgé Martín ha sido capaz de dotar a sus narraciones de un tono y una atmósfera tan originales que lo distinguen de cualquier otro autor de la narrativa actual. Su audacia narrativa y su talento para recrear situaciones morbosas y escabrosas adquieren en sus libros la dimensión de fábulas tenebrosas que enganchan y perturban a los lectores a partes iguales.

Este narrador misterioso y seductor se siente cómodo mostrando las partes más recónditas del ser humano de una manera explícita. Los anhelos y apetitos más abyectos que uno se pueda imaginar aparecen también en esta novela y demuestran una vez más que este autor camina con maestría por los terrenos de la perversión.

Pero todo esto no es óbice para que, además de esta trastienda oscura, la novela nos muestre los lados más amables y profundos del amor humano. En las obras de Luisgé Martín no se apela a emociones triviales, sino que cada detalle de sombra obedece a que sus historias buscan siempre penetrar en la auténtica naturaleza de las personas. “Nadie sabe quiénes somos…. Si conociéramos los pensamientos de aquellos a los que amamos, sentiríamos terror”. Este interés del autor por el comportamiento humano, común en toda su obra, queda reflejado en esta novela en el personaje de Irene, estudiosa de la psicología conductual e impasible investigadora que busca explicaciones sobre el alma humana en la conducta sexual de sus amantes. Irene anhela ver la existencia desde todos los ángulos posibles para así poder interpretarla: “Aquel hombre me gustaba y me permitía explorar esos pasillos subterráneos de la vida que tanto me atraían. La conducta humana. El sistema nervioso del alma. El Aleph”.

Si los individuos se refugian en el fingimiento y en la ilusión para buscar la felicidad, estas historias escudriñan en el interior de las alcobas para revelar lo que hacen los seres humanos cuando creen que nadie los mira. Sus narraciones siempre se esfuerzan en revelar lo que se oculta en las zonas de sombra.

Estudios clínicos de sexología, relatos de terror, ajustes de cuentas políticos y expedientes de adulterios de unos falsos detectives constituyen la potente arquitectura de una novela que combina erudición y descaro, simulación y realidad, investigación y suspense, en un prisma que radiografía, sin ningún tipo de sutilezas, el amor en su dimensión más humana e imperfecta.

Hedonista y mirón confeso que dice disfrutar del viaje, la lectura y, por supuesto, del sexo, en la actualidad Luisgé Martín también escribe discursos políticos y no pierde la ocasión de prestar oídos a las historias retorcidas que puedan crecer en sus narraciones. Leer a Luisgé Martín es una experiencia turbadora, emocionante, inquisitiva. Sus historias no tranquilizan, pero resultan estimulantes por mucho que arrojen sal sobre nuestras heridas.