Ediciones 4 de Agosto publica en un solo estuche el poemario inédito y la conferencia-recital sobre «Poeta en Nueva York» con dibujos y fotografías del propio Lorca.

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

Las personas que se dedican a la investigación están acostumbradas a revolver papeles: o sea, archivos, documentos, libros y demás, y en algunos casos se encuentran con un gran hallazgo, por azar y necesidad diríase: serendipia dirán. Y esta habilidad la ha tenido o la tiene el profesor e investigador extremeño Hilario Jiménez Gómez (Montánchez, Cáceres, 1974), quien después del hallazgo se ha ocupado inteligentemente de la edición del poemario inédito de Federico García Lorca (1898-1936): Tierra y luna (Ediciones del 4 de Agosto, Logroño), en la colección Planeta Clandestino, y por si esto no fuera suficiente, se ocupa también de la edición a la vez y en la misma colección, en el mismo estuche, de la famosa conferencia-recital sobre su más célebre y celebrado libro: Poeta en Nueva York. ¡Ahí es nada!

Es necesario leer los acertados y esclarecedores prólogos de Jiménez Gómez, quien afirma que “Tierra y luna en realidad corresponde a una fase de la compleja y a veces contradictoria elaboración de Poeta en Nueva York; cuando García Lorca se decide a fusionar ambos libros rompió esa primera separación lógica entre poemas lineales y descriptivos frente a otros de naturaleza más intimista que se había planteado. Por eso publicar ese libro por primera vez (87 años después) tal y como lo había concebido Federico al final de su vida es iluminar completamente –ahora sí– uno de los conjuntos poéticos más ambiciosos y trascendentales de la literatura universal”. ¡Amén!

Tierra y Luna contiene los siguientes poemas: Tierra y luna, Cielo vivo, Nocturno del hueco, Asesinato (Dos voces de madrugada en Riverside Drive), Panorama ciego de Nueva York, Pequeño poema infinito, Luna y panorama de los insectos (Poema de amor), Muerte, Vaca, Canción de la muerte pequeña, Ruina, Casida de las palomas oscuras, Vals en las ramas, Gacela de la raíz amarga, Paisaje con dos tumbas y un perro asirio, Casida del sueño al aire libre y Omega (Poema para muertos):  17 poemas, los más dispersos por otras de sus obras: pero aquí están, como Federico pretendía al parecer o no. No lo sabremos: andaba siempre corrigiendo y en la duda: y aquí contaba una cosa y allá otra: era su verdad en ese momento.

“Por eso tanto el poemario definitivo como esta conferencia-recital no parecen obedecer simplemente a la crónica poética de un viaje sino más bien a una revisión del mundo personal del propio Lorca. Así el granadino nos presentará Poeta en Nueva York a través de esta charla como un itinerario donde efectivamente el viaje estructurado en varias partes coincide con el que él mismo realizó, pero también como la excusa perfecta para desatar su infierno interior”, Jiménez Gómez dixit. Infierno de una vida de un joven católico con posibles, muy sensible y demasiado inteligente en una dictadura, la de Miguel Primo de Rivera (1923 a 1930). Dones y cualidades con los que la naturaleza dotó a García Lorca, que no le fueron perdonados en esa España de ayer. De la que sufrimos intolerancias todavía.

Por cierto, cabe comentar que el libro Poeta en Nueva York, en esta edición contiene 10 poemas y sus anotaciones respectivas, además de dibujos y fotografías. En la edición de Lumen (1966 y 1976) recoge los poemas leídos y comentados por Federico en la conferencia de Barcelona de diciembre de 1932, son 35 poemas y las pertinentes anotaciones antes o después de cada uno de los poemas y fotografías de Oriol Maspons. Añadir, también, que en la primera edición del original fijada y anotada por Andrew A. Anderson de Poeta en Nueva York (Galaxia Gutenberg, 2015), en la página 77 se dice que en el poema El niño Stanton, que son dos hojas mecanografiadas a tinta morada, sin numerar, con abundantes correcciones a lápiz en letra de Lorca; (…) en el dorso de la segunda página, escrita a lápiz en la parte superior de la hoja doblada, está la lista (el índice) de poemas de Tierra y luna… Y, ahora que los especialistas lorquianos digan la suya. Los lectores a disfrutar de los poemas de Federico.

Conferencia recital

La pretensión de García Lorca con las conferencias-recitales que pronunció en ese año de 1932: 16 de marzo en la Residencia de Señoritas de Madrid o la del 8 de abril en el Ateneo de San Sebastián; el 31 de octubre de 1933 en Buenos Aires y el 14 de febrero de 1934 en Montevideo, sobre Poeta en Nueva York, era la de presentarlo leyendo sus versos y explicándolos: “Este libro sobre Nueva York, que traje de mi viaje a Estados Unidos, no he querido darlo a ninguno de los editores que me lo han pedido. Después lo publicaré, pero primero quiero darlo a conocer en la forma de una conferencia. Leeré versos y explicaré cómo han surgido. Es decir, lo iré leyendo y analizando al mismo tiempo.” (Cabe apuntar que en agosto de 1935, Lorca pasa a máquina Poeta en Nueva York, con la intención de editarlo en octubre…)

De ahí que se pueda pensar en un principio que este libro no fuese concebido como un poemario sin más, que es el que más o menos conocemos, sino que Lorca quería en un primer momento que fuera un conjunto de textos unidos e intercalados con textos aclaratorios, en los que ofreciese las claves interpretativas que tendrían un fin didáctico, como es el de remover las conciencias de la audiencia, de las personas lectoras: “hoy no tengo más espectáculo que una poesía amarga, pero viva, que creo podrá abrir sus ojos.” (…) “He venido a hablar a ustedes cuerpo a cuerpo. Lo que yo voy a hacer no es una conferencia, es una lectura de poesías, carne mía, alegría mía y testimonio mío.” Dijo el poeta en el hotel Ritz de Barcelona el 16 de diciembre de 1932. Y les explicó que no les iba a decir lo que era Nueva York “por fuera”, ni iba a narrar un viaje, pero sí su reacción lírica ante la gran ciudad: “la ciudad más atrevida y moderna del mundo con toda sinceridad y sencillez”.

Ya dijimos que las dudas y correcciones siempre acompañaban a Lorca y él tenía esa su verdad del momento y luego, pues eso: se echaba otra cuenta. Y no pasaba nada entonces ni ahora: tenemos dos maravillosos textos (re)creados para gozo del lector de hoy de la mano de un gran especialista en García Lorca como es Jiménez Gómez y dibujos y fotografías del propio Lorca. Creo que el principal valor de estos pequeños libros es que nos aproximan lo más cerca posible a la idea del poeta en cuanto a esos dos poemarios. Posiblemente y con toda seguridad él sin dudarlo habría introducido cambios al corregir galeradas de haberlos publicado por separado. Cabe decir que este Poeta en Nueva York y este Tierra y luna son uno de los deseos de Federico, no descubiertos como libros sueltos y con esos poemas hasta ahora. ¡A gozar pues con y de ellos, personas lectoras, lo demás son cosas de los investigadores y especialistas!